martes, junio 07, 2016

Historia de la salvación

Basados en el libro de
DANIEL, capítulo 6-12
De la Santa Biblia

Capítulo 6 

Daniel es arrojado al foso de los leones 

2 Darío (rey de los medos y los persas) dio un decreto para su reino: puso a ciento veinte gobernadores al frente de cada una de las provincias de su reino. 3 Para preservar los intereses del rey, debían rendir cuentas a tres altos funcionarios que estaban sobre ellos (uno de los cuales era Daniel). 4 Pero Daniel se distinguió pronto entre los altos funcionarios y gobernadores porque había en él un espíritu realmente superior, tanto que el rey pensaba ponerlo a la cabeza de todo su reino. 5 Por eso fue que los altos funcionarios y gobernadores buscaron entre los asuntos del estado un pretexto para acusar a Daniel, pero no encontraban ningún reproche que hacerle, porque era fiel y no podían reprocharle ni negligencia ni falta. 6 Esos hombres se pusieron entonces a decir: «Ya que no se le puede reprochar nada a ese Daniel, busquemos algún pretexto en la religión de su Dios». 
7 Los altos funcionarios y los gobernadores se precipitaron donde el rey y le dijeron: «¡Viva para siempre el rey Darío! 8 Todos los altos funcionarios del reino, los prefectos, gobernadores, consejeros y hombres de leyes, piensan que sería bueno que se proclamara una prohibición por decreto real: Cualquiera que, durante treinta días, dirija una plegaria a otro dios o a otra persona fuera de ti, oh rey, sea arrojado al foso de los leones. 9 Ahora, oh rey, toma esa decisión, haz que se ponga por escrito para que no sea modificada y así, según la ley de los medos y de los persas, nadie pueda anularla». 10 El rey Darío firmó pues esa decisión. 
11 Cuando Daniel supo que había sido firmado ese decreto, entró en su casa; su pieza estaba en el segundo piso y las ventanas daban a Jerusalén. Tres veces al día Daniel se ponía de rodillas, oraba y alababa a Dios como lo había hecho siempre. 12 Pues bien, esos hombres entraron en tropel y encontraron a Daniel que estaba suplicando e implorando a su Dios. 13 Corrieron donde el rey y le recordaron la prohibición real: «¿No firmaste un decreto según el cual cualquier hombre que en estos treinta días dirija una oración a otro dios o a otra persona fuera de ti, sería arrojado al foso de los leones?» El rey respondió: «Así se ha establecido firmemente, según la ley de los medos y de los persas: nadie puede ir en contra». 
14 Entonces dijeron al rey: «Daniel, ese hombre que forma parte de los desterrados de Judá, no tiene respeto alguno por ti ni por la prohibición que tú firmaste. Hace su oración tres veces al día». 15 Al oír esas palabras, el rey se molestó mucho; quería salvar a Daniel y hasta la puesta del sol, buscó en vano una solución. 16 Pero esos hombres lo presionaban, diciéndole: «¡Sabes muy bien, oh rey, que según la ley de los medos y de los persas ninguna prohibición o decreto firmado por el rey puede ser anulado!». 
17 Entonces el rey ordenó que detuvieran a Daniel y que lo arrojaran al foso de los leones. El rey dijo a Daniel: «¡Ojalá te salve tu Dios, al que sirves con tanta fidelidad!». 18 Empujaron una gran piedra para cerrar la boca del foso; el rey y los altos funcionarios pusieron en ella sus sellos para que nada pudiera cambiar la suerte de Daniel. 19 El rey entró en su palacio, ayunó toda la noche y no quiso acostarse con sus concubinas; no pudo dormir. 
20 Aun antes de que saliera el sol, el rey se levantó y se dirigió a toda prisa al foso de los leones. 21 Se acercó al foso y gritó a Daniel con voz angustiada: «¿Daniel, servidor del Dios vivo, ese Dios al que sirves con tanta fidelidad ha sido capaz de librarte de los leones?» 22 Daniel respondió al rey: «¡Viva el rey para siempre! 23 Mi Dios me envió a su ángel, quien cerró las fauces de los leones, los que ni siquiera me han tocado porque fui hallado inocente ante él, y ante ti, oh rey, también soy inocente». 24 El rey experimentó una gran alegría y dio orden de que sacaran a Daniel del foso. Sacaron pues a Daniel del foso de los leones y lo encontraron en perfecto estado, porque había puesto su confianza en su Dios. 
25 Entonces el rey mandó que vinieran los hombres que habían calumniado a Daniel, los arrojó al foso de los leones junto con sus hijos y sus mujeres, y aun antes que tocaran el suelo del foso, los leones se abalanzaron sobre ellos y trituraron sus huesos. 
26 El rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que viven en toda la tierra: «¡La abundancia y la paz sean con ustedes! 27 Este es el decreto que promulgo: En toda la extensión de mi reino, la gente temerá y respetará al Dios de Daniel. El es el Dios vivo, que permanece para siempre: su reino no será destruido y su imperio no tendrá fin. 28 El salva y libra, realiza señales y prodigios en los cielos y en la tierra: él salvó a Daniel de las garras y de los dientes de los leones». 
29 Durante el reino de Darío y el de Ciro el Persa, Daniel fue cada vez más considerado. 

Capítulo 7 
(Daniel tuvo unas visiones, en una de ellas narra lo siguiente:) 

El hijo de hombre 
9 Seguía mirando, pusieron unos tronos y un anciano se sentó; su ropa era blanca como la nieve, los cabellos de su cabeza eran como la lana blanca, su trono era de llamas de fuego con ruedas de fuego ardiente. 10 Un río de fuego brotaba y corría de delante de él; miles y millares le servían, millones y millones permanecían de pie en su presencia. Se constituyó el tribunal y abrieron los libros. 
13 Mientras seguía contemplando esas visiones nocturnas, vi algo como un hijo de hombre que venía sobre las nubes del cielo; se dirigió hacia el anciano y lo llevaron a su presencia. 14 Se le dio el poder, la gloria y la realeza, y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron. Su poder es el poder eterno que nunca pasará; su reino no será destruido. 

Capítulo 9 

La oración de Daniel 
1 Era el primer año de Darío, hijo de Artajerjes, el Medo, que reinó en el reino de los Cal deos. 2 Ese primer año de su reinado, yo, Daniel, estudiaba las Escrituras y sacaba la cuenta de esos setenta años que debían pasar sobre Jerusalén en ruinas, como le fue revelado al profeta Jeremías. 3 Volví mi mirada hacia el Señor Dios para invocarlo en la oración y suplicarle por medio del ayuno, la penitencia y la ceniza. 
La profecía de setenta semanas de años 
20 A la hora de la ofrenda de la tarde estaba todavía hablando y orando, confesando mi pecado y el de mi pueblo Israel, suplicando a Yavé mi Dios por su santa montaña. 21 En esto llegó volando hasta mí Gabriel, al que había visto en la visión al comienzo. 22 Llegó hasta donde yo estaba y me dijo: «Daniel, he venido ahora para que puedas comprender. 
23 Al principio de tu oración salió una palabra y he venido para dártela a conocer, porque eres amado de Dios. Aplica tu espíritu a esa palabra y comprende la visión. 
24 Para tu pueblo y tu ciudad santa se han fijado setenta semanas, para que acabe la injusticia, para que se termine el pecado, para expiar la ofensa, para que venga la justicia eterna, para que se cumpla la visión y la profecía, para ungir al Santo de los Santos. 
25 Entiende bien esto: Desde que se haya dado la orden de reconstruir Jerusalén hasta un jefe consagrado, son siete semanas; luego pasarán sesenta y dos semanas para reconstruir plazas y muros. 
25 Luego llegará el fin de los tiempos. 26 Después de las sesenta y dos semanas, será eliminado un hombre consagrado, sin que se encuentre culpa en él. Llegará un pueblo cuyo jefe destruirá la ciudad y el Templo: todo quedará sumergido y habrá guerras y desastres hasta el fin. 
27 Durante una semana consolidará su alianza con muchos, durante media semana interrumpirá el sacrificio y la ofrenda. Junto al Templo erigirá la Abominación de la Devastación hasta el tiempo fijado para la ruina del devastador. 

Capítulo 12 

Los que duermen despertarán para la vida eterna 
1 En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe, que defiende a los hijos de tu pueblo; porque será un tiempo de calamidades como no lo hubo desde que existen pueblos hasta hoy en día. En ese tiempo se salvará tu pueblo, todos los que estén inscritos en el Libro. 2 Muchos de los que duermen en el lugar del polvo despertarán, unos para la vida eterna, otros para vergüenza y horror eternos. 
3 Los que tengan el conocimiento brillarán como un cielo resplandeciente, los que hayan guiado a los demás por la justicia brillarán como las estrellas por los siglos de los siglos. 4 Tú, Daniel, guarda en secreto estas palabras, que sean como un libro sellado hasta el momento del fin; muchos buscarán por aquí y por allá y la maldad irá en aumento.” 
5 Al levantar la vista, yo, Daniel, vi a otros dos hombres que estaban en una y otra orilla del río. 6 Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba por encima de las aguas del río: «¿Cuándo se cumplirán esas cosas prodigiosas?» 7 El hombre vestido de lino que estaba por encima de las aguas del río levantó entonces sus dos manos al cielo y le oí que hacía este juramento por el que vive eternamente: «Todo se realizará en un tiempo, dos tiempos y un medio tiempo. Todas estas cosas se cumplirán cuando el pueblo santo esté completamente aplastado y sin fuerzas.» 
8 Oía pero no entendía. Hice entonces esta pregunta: «¿Señor mío, cómo será el fin de las cosas?» 9 Me respondió: «Anda, Daniel, estas cosas permanecerán en secreto y ocultas hasta el momento del fin. 10 Muchos serán purificados, blanqueados y puestos a prueba; los malos harán el mal y no comprenderán, mas los que tienen el conocimiento comprenderán. 11 Desde el día en que se suprima el sacrificio perpetuo y en que se erija la Abominación de la Desolación, pasarán mil doscientos noventa días. 12 Feliz el que se mantenga en pie y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. 13 En cuanto a ti, Daniel, sigue hasta el fin de tu camino; irás a tu descanso y luego te levantarás, al fin de los días, para recibir tu recompensa». 

Nota: 
Salvo los textos en cursivas, el contenido se ha tomado textual de la Santa Biblia, “Biblia Latinoamericana” edit. Verbo Divino. Edición revisada 1995, XVIII edición. Los subrayados son míos.

Por Javier Contreras

No hay comentarios.:

Publicar un comentario