sábado, abril 08, 2017

Tiempos viejos

Si se quiere sacar provecho del estudio de la historia, de nuestro terruño y antepasados, no debemos olvidar que el San Juan que estamos recordando era muy diferente del que ahora vivimos, así lo demuestran documentos escritos que es importante darlos a conocer. En 1841, el Capellán Mayor del Santuario era el Padre Luis Ávila (1833-1845). Él fue benefactor de la población y las obras materiales que realizo aún están en servicio. El Cura de la Parroquia de San Juan Bautista era el Sr. Don Juan N. Márquez (1841-1855). La autoridad municipal la presidia Don Benigno Romo de grata memoria. La República Mexicana sufría la invasión del ejército norteamericano. El estado de Yucatán en ese tiempo abarcaba el territorio que ahora son Campeche y Quintana Roo y trataba de separarse de la República, el gobierno central envió costosas expediciones militares para combatir a los separatistas, pero chocaron con los alzados que se encontraban bien armados, se efectuaron sangrientos combates, fracasando el gobierno central. El primero de octubre de 1841 declararon su independencia, tomando oficialmente el nombre de Yucatán de Zavala en honor a ese independentista, quien para algunos historiadores le dan el calificativo de traidor. En San Juan, aun con todas las revueltas armadas y el clima político tan caldeado, seguían llegando peregrinos al Santuario y visitantes a su centenaria feria que seguía celebrándose. 
En 1841, el abogado norteamericano, Bratz Meyer, quien fue secretario de la delegación de su país, periodista y escritor de varios libros, recorrió gran parte de la república y al llegar a este lugar escribió “el pueblo de San Juan es un lugar donde los comerciantes de toda la república ofertan sus mercancías, los rancheros que viven a su alrededor hasta de 100 leguas de distancia van con su familia a este pueblo en donde hay una preciosa iglesia dedicada a Nuestra Señora de los Lagos, las medallas que se ponen en su honor son vendidas a la entrada del templo, anteriormente los indígenas se dedicaban a una religión sangrienta, de las tribus Cascanes, Guachichiles , Guamares, hoy día muchos son labradores y partidarios de la doctrina de la Iglesia Católica , en muchos aspectos sus modales son raros, continúan utilizando el arco y la flecha como armas, sus ALJABAS están hechas de piel de venado o de tiburón, las puntas de sus flechas son de madera dura”. 
Antes de Él, el aristócrata ruso Ferdinan Petrovich con el título de Barón, académico naval, explorador, diplomático, almirante y políglota, realizó viajes por todo el mundo. Llegó a México desembarcando en San Blas, Nayarit, recorrió la ruta Guadalajara, México Veracruz, donde se embarcó de nuevo a Europa. En 1836 escribió diversos artículos de su viaje, y al pasar por este lugar anotó: “comimos en un pueblo pequeño llamado San Juan de los Lagos, es un lugar famoso por su bella Iglesia, que contiene grandes riquezas, construida en el sitio donde apareció la Virgen quienes según dicen dejó un rosal en la peña como señal de la veracidad de su aparición en este lugar, donde antes nunca había crecido nada, San Juan se encuentra en una hondonada, los alrededores son pobres y desérticos, aquí en Diciembre se celebra una peregrinación en la cual se juntan hasta cuarenta mil personas que vienen de las regiones más apartadas del país, al mismo tiempo se organiza un feria en la que circulan un capital de cincuenta millones de PIASTAS en el término de dos semanas, la iglesia recibe donativos considerables, efectivamente es muy rica, el altar es de oro y plata”. 
A principios del siglo XX Agustín Basave escribe lo que vio en esta feria: la familia rezandera coreaba Aves Marías, sobre el canto alto de las mujeres, se oía el flautín del niño y dos octavas más abajo la voz del padre, recordó la lastimosa oración del tullido, los patéticos tonos de los lectores del Viacrucis. Gangueos, toses, igeos, periódicos e inquietudes, rezos interminables, pobreza que pide alivio, necesidades que claman ayuda, penas que se amortiguan cuando se confía en la Virgen. Afuera del templo se ofrecían calabazates dorados de Guadalajara, encajes y deshilados de San Miguel, monos de barro de San Pedro, Zarapes de Zacatecas, frutas pasadas de Aguascalientes, conchas, caracoles y erizos de la peña, borreguitos de Silao, guantes de Salamanca, milagros de plata y cera, naranjas, limas y plátanos costeños, cañas, cacahuates, fritangas y arbolarea , abundaban los limosneros, dos ciegos dialogaban en verso sobre la Pasión y Muerte de Cristo y cada vez que pronunciaban este nombre los del coro se descubrían con respeto, al terminar se arrodillaban y decían unos cuantos latinajos barbaros, el más viejo pedía para ambos la caridad de la buena gente por el amor de Dios, luego se marchaban por las calles adornadas con festones de papel de China”. 
Entre otras muchas cosas, el amor, la nostalgia, la gente, la arquitectura de la ciudad me llevan a recordar de lo que ya se fue, lo trasformado……………… de los TIEMPOS VIEJOS.

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