sábado, mayo 06, 2017

No discriminación, mejor prevenir enfermedades

Este artículo tiene el propósito de externar de manera objetiva la percepción, análisis e interpretación del cortometraje “Blanca”, uno de los siete casos del video “Niños de nadie, Jesus Children of America” y su aplicación actualmente en México. 
Contrastar problemáticas equiparables, además de la reflexión puede ayudar por ejemplo a impulsar un mejor desempeño del personal de salud, para ejercer profesionalmente su rol y reducir en cierto modo las incidencias negativas en dicho escenario. 
Alrededor del mundo y en la mayoría de los ámbitos del quehacer humano, ciertas conductas tienden a repercutir de manera directa en los individuos que forman parte de la sociedad. Siempre ha existido ignorancia o hasta indiferencia respecto al modo de reaccionar ante acontecimientos que, de una u otra forma pueden ser previsibles, claro, si se toman en cuenta factores como el análisis, antecedentes, el seguimiento, la estadística y con mayor razón los rubros que comprende el concepto de transición entre el estado de salud y la enfermedad. 

Se puede pensar que en algunas ocasiones las personas suelen ser inherentes ante algunas afecciones de carácter consecuente, especialmente cuando se habla de factores de riesgo, y la posibilidad de que éstos puedan repercutir inevitablemente en la conducta de determinada población. Por eso resulta pertinente investigar, indagar, buscar y tener disyuntivas objetivas que puedan servir para cambiar favorablemente esa conducta. 
A pesar de que México dispone de gran cantidad de medios de comunicación y fuentes de información, es increíble que se sigan observando conductas discriminatorias contra personas ceropositivas o que padecen enfermedades como el VIH-Sida, muy a pesar de los esfuerzos o campañas que se realizan al respecto, no se ha logrado marcar un alto a dichas conductas. 
Por otro lado, también es un hecho palpable que muchos mexicanos acostumbran ir al médico para tratarse alguna enfermedad hasta el último momento y asumen la postura de “esperar a que todo salga bien”; se llega incluso a la mediocridad al no prevenir oportunamente o no darle importancia al cuidado de su salud de manera adecuada. 
Del cortometraje aludido, no es difícil relacionar la transición de saludenfermedad en que se encuentra un individuo y la forma de vida que lleva; independientemente de si es buena o mala, con la influencia de factores externos de su entorno, cultura, educación, política, el estrato social, estereotipos definidos por la sociedad e incluso la época a la que nos remonta, pero, de manera implícita están la familia, la escuela, las personas con las que interactúa, y aún más todavía, los recursos con que cuenta para enfrentar ciertas adversidades. 
Todavía en México lamentablemente se ignoran estos factores, o se echan al olvido, lo que impide por ejemplo, prevenir algunas enfermedades crónico-degenerativas o padecimientos que afectan negativamente y deterioran la calidad de vida de muchos mexicanos. 
En el cortometraje visto se observa claramente que la hija no se desarrollaba en un ambiente adecuado para su salud, sin tener la seguridad y establecer un estereotipo maduro al cual seguir. Su hogar, si es que se le puede llamar así, era en realidad un sitio de alto riesgo pues sus padres eran drogadictos, pero bien o mal interactuaban con ella diariamente; se perciben vínculos afectivos entre los integrantes de esa familia, quienes sin embargo ocultaban sus actividades ilícitas a la infante, cuya salud física y mental estaban en grave peligro y en su escuela su integridad corría muy alto riesgo. 
No se requiere estar dotado de especial perspicacia para deducir que en una versión más realista de la historia, estar continuamente inmerso en ese ambiente, un niño/a puede adoptar dicho escenario y hasta considerarlo normal, común y permitido. 
Se puede decir que cada quien es libre de hacer lo que quiera en su casa, o permitir lo que crea mejor para su familia y tienen razón. Todos, dentro de nuestro descomunal raciocinio, podemos optar por creer que hacemos lo correcto y no hay quién nos obligue a creer lo contrario. 
Después de todo, seguimos gozando del libre albedrío, y en su momento, realizamos acciones que creemos pertinentes para preservar no solamente nuestra salud y bienestar, sino para intentar llevar una vida plena, según nuestra propia perspectiva.

Por Marco Rogelio Vera Pinares
2º semestre de Médico Cirujano y Partero
Materia: Bioética y Universidad
Profesor-asesor, Pablo Huerta Gaytán
Centro Universitario de Los Altos, UdeG

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