martes, junio 06, 2017

La erupción más brutal: el Krakatoa

Por Mar Gómez

Hace 131 años el volcán Krakatoa protagonizó la mayor erupción de la historia
En mayo de 1883 comenzaron una serie de erupciones que continuaron hasta el 27 de agosto de ese mismo año cuando una impresionante explosión cataclísmica voló la isla en pedazos. Durante dos años la suspensión de sus cenizas en la atmósfera produjo extraordinarios fenómenos ópticos en todo el mundo y ayudó a los meteorólogos a comprender la circulación general atmosférica. De tal magnitud fue la explosión que se percibió en un 10% de la superficie terrestre, viajando hasta la isla de Madagascar y Australia (ambas distan entre sí 7.600 kilómetros) generando tsunamis con olas de 40 metros de altura y un cono de cenizas de 80 kilómetros de altitud. Las olas fueron de tan envergadura que llevaron a un buque de guerra al centro de la selva. 
Como 7.000 bombas atómicas de Hiroshima, Tal fue su energía (de 200 megatones) que si se compara con la bomba atómica de Hiroshima, esta erupción fue 10.000 veces más poderosa. Tres años después, los observadores de todo el mundo describían el crepúsculo y el alba de brillante colorido, producido por la refracción de los rayos solares en esas partículas minúsculas. Los bomberos de Nueva York creyeron ver fuegos en la lejanía, causados por nubes de polvo incandescente. 
El estruendo de la destrucción de Krakatoa se cree que es el sonido más alto registrado en la historia, alcanzando los niveles de 180 dB. Se dice que marineros que se encontraban a 40 kilómetros a la redonda quedaron sordos del estruendo. La isla fue básicamente arrancada de cuajo y para que os hagáis una idea, aproximadamente una superficie como todo Manhattan desapareció sin dejar ni rastro. 
Su efecto en el clima 
Debido a que las cenizas de la erupción del Krakatoa alcanzaron aproximadamente 80 kilómetros de altitud, esto aseguró su permanencia por años en la estratosfera, la capa por encima de la troposfera y una capa más estable que esta. Allí las cenizas del volcán permanecieron por años tapando en cierto grado la radiación solar y disminuyendo la temperatura global del planeta hasta 1.2ºC en el año siguiente. Miles de toneladas se esparcieron por el globo impulsadas por los vientos, parte de ellas sirvieron para identificar la Corriente en chorro o Jetstream, uno de los mayores descubrimientos meteorológicos de la época, que las impulsó en cuestión de meses hacia Europa. 
El grito del Krakatoa 
Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza. Estas son las palabras del famoso pintor Edward Munch de quien dicen, se inspiró en esta erupción volcánica para pintar el cuadro de “El Grito”. En este cuadro, se ve de fondo el fiordo de Oslo desde la colina de Ekeberg. Pero ¿cómo es posible que si Munch se encontraba en Oslo sintiera los efectos de la erupción que se producía en Indonesia? el - grito - munch - krakatoa 
Como comentábamos anteriormente los efectos de la erupción no fueron pasajeros sino que perduraron durante varios años y además la ceniza alcanzó la estratosfera y se redistribuyó por el globo oscureciendo el cielo de todo el mundo y produciendo espectaculares puestas de sol debido a la refracción de los rayos solares en las partículas de ceniza en suspensión en la estratosfera. Seguramente esto es lo que vió Munch, y que le valió de inspiración para esta valoradísima obra de arte. 
En 1927 comenzaron nuevas erupciones volcánicas en el fondo del mar, de las que surgió una nueva isla en el mismo lugar conocida como Anak Krakatau (‘Hijo de Krakatoa’). La isla está deshabitada. Algunos geólogos afirman que algún día el Anak Krakatau reventará incluso con la misma fuerza que el volcán anterior.

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