martes, junio 06, 2017

Se deben fomentar buenos hábitos alimenticios

Por Dómenik Aerlín Monserrat Cázarez Carrillo y
Tonatiuh Villamil Arriaga. Lic. en Nutrición, 1er. semestre.
Materia: Bioética y Universidad
Mtro. Pablo Huerta Gaytán
Centro Universitario de Los Altos, UDG
phuerta@cualtos.udg.mx

Se dice que en América se tienen las cosas más grandes, pero es una burla que se incluyan a las personas, porque también se dice que la mayoría de los americanos son obesos. 
Lo cierto es que en los países americanos, anteriormente sólo en ocasiones especiales para la familia se comía fuera de casa. Ahora se ha hecho tan frecuente que algunas mamás, obligadas por la necesidad de trabajar y contribuir al sostenimiento económico del hogar, han olvidado incluso cómo preparar los alimentos. 
No es que sea malo comer fuera de casa, lo malo es comer alimentos que no sirven para nutrir y, en contraparte, dañan la salud al paso del tiempo. Están pagando por ello y no sólo vacían su billetera sino robustecen su cintura. 
Resulta irónico que, cuando los americanos, mejor dicho los norteamericanos, se hartan de lidiar con su exceso de grasa o peso y denuncian a las empresas a las que acudían a comer día tras día; culpan a los que producen esa comida chatarra en vez de cambiar sus hábitos alimenticios y realizar actividad física porque cada persona es responsable de lo que decide comer y dónde comer. 
La influencia de grandes empresas de comida rápida es innegable porque el ritmo de vida en las mega urbes (incluso en ciudades como Tepatitlán) cada día la población económicamente activa se ve obligada a consumir en lugares que se dedican a preparar esa comida, incluso ofrece el servicio a los lugares de trabajo. 
Por el vertiginoso ritmo de vida impuesto en las ciudades, estas empresas o negocios no son culpables, pero se fortalecen cuando las personas, por la razón que sea, deciden mantener esa dieta y consumen esos alimentos de manera cotidiana. Lo cierto es que se contribuye a que sigan creciendo económicamente. 
Hoy se dice que en México ocho de cada 10 adultos y seis de cada 10 niños son obesos; de los cuatro infantes restantes al menos dos tienen desnutrición. Es grave que nuestros hábitos alimenticios no cambien para tener una mejor salud y calidad de vida, un mejor desarrollo, una mejor sociedad, un mejor futuro. 
Según versiones de los especialistas, al paso que vamos, los mexicanos tendremos menos esperanza de vida, más problemas cardiovasculares y enfermedades crónica; aumentarán los problemas psicológicos, sociales y muchas otras enfermedades. 
Al momento de comer una hamburguesa, una sopa instantánea, un chocolate, o una pizza, debemos pensar primero si realmente estamos preparados para el daño que pueda provocar en nuestro sistema alimenticio. ¿Es solamente un alimento o un problemas a futuro? 
Cuando cada persona sepa nutrirse y no sólo alimentarse, la sociedad podrá cambiar para bien, porque una buena alimentación cambia muchas cosas y se puede comparar con los valores recibidos en casa. 
Muchas veces esto suele parecer imposible, pero con educación más que nada, esto puede y debe ser posible; a veces con la educación no basta pues incluso nutriólogos a veces no dan buen ejemplo. 
Hay que fomentar los buenos hábitos alimenticios que se deben enseñar desde el hogar, pero lamentablemente hoy día salvo excepciones, no se hace ni se enseña a los hijos a alimentarse sanamente. 
Cuando se habla de una buena alimentación no sólo es comer frutas y verduras, hay que agregar proteínas, vitaminas, leguminosas y claro, también los carbohidratos, aunque con moderación. De vez en cuando no es malo comer una que otra hamburguesa o comida chatarra, el detalle es que mucha gente lo hace en exceso; como dicen “la dosis, es el veneno”. 
Otra mal hábito de las personas, principalmente las mamás, es mal acostumbrar a los niños, cuando no se quieren terminar su comida, o quieren ir a algún lado, hacen berrinche o se portan mal, suelen decirles, si haces esto te doy refresco o dulces, o si te portas bien te compro frituras o golosinas; así orillan a los niños a comer mal desde pequeños. 
En conclusión el cambio está en uno mismo, empieza por tu propio hogar y después por quienes te rodean.

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