miércoles, julio 05, 2017

El tratante del viejo Jeep

Por: Eduardo Castellanos

Irineo Casillas llega todos los jueves y domingos casi al amanecer a la plaza Hidalgo de Tepatitlán.
Su medio de transporte es un viejo Jeep con más de cuarenta años al que ha tenido que reparar el motor en dos ocasiones. En el antiguo vehículo carga cepillos, palas, picos, marros, rastrillos, tijeras para jardinería, entre muchas otras herramientas nuevas y usadas que comercializa en el tianguis, actividad a la que también le ha dedicado más de cuarenta años. 
Irineo tiene 95 años, cuatro hijos: tres varones y una mujer; nietos no recuerda si son siete u ocho, dice no tener bisnietos porque se casó cuando tenía 45 años. Hace más de seis décadas se mudó a la capital del país en donde se probó como cobrador, luego fue a buscar suerte los Estados Unidos de Norteamérica, en donde se inició como comerciante. 
“Primero me fui para la capital de México, allá dure tres años de abonero, luego me vine y me puse a sembrar. Sembré como dos o tres años y mejor me fui para Estados Unidos; allá viví 21 años, allá tuve y críe a mi familia, mis hijos son nacidos de aquel lado y mi mujer también. Entonces cuando yo tenía la familia chiquilla, me dieron la pensión, me vine y ya no volví para allá y como allá vendía fierros, pos aquí le seguí. Toda la vida he sido tratante, he comprado y vendido”. 
“Estando en el Norte trabajaba en el fil los seis días de la semana, el domingo o el día de fiesta me iba a venderla al tianguis o a comprar, porque allá también compraba y vendía, nomás que de aquel lado si era en grande, compraba refrigeradores, lavadoras y de todo. Carros también compré muchos”, dice Casillas. 
Algunos años en el tianguis fueron buenos para el nonagenario, quien narra los tiempos de bonanza y la debacle del negocio, que quizás por las crisis económicas y el crecimiento de la competencia han ido menguando las ventas con el pasar de los años. 
“Cuando empecé yo aquí cada ocho días iba a Guadalajara a surtir, horita voy por allá cada mes y nomás traigo unas cuantas cositas. Ya no se vende, está muy malo el negocio, pero pos no tengo otra cosa que hacer”. 

A pesar de la edad, Irineo es un hombre activo, que duerme y come bien. Va a misa para dar gracias a Dios o alimentar la fe. Trabaja todo el tiempo y conversa con la gente. Se rehúsa a jubilarse o enclaustrarse en las paredes de su hogar. Prefiere seguir haciendo una de las cosas que más lo apasionan: comprar y vender. 
“Me dicen que me esté en la casa que ya ni puedo, es que tengo 95 años, digo: no si me estoy en la casa me muero más pronto. Necesito estar activo. No me aqueja ninguna enfermedad, tengo buenos oídos, tengo buenos dientes, buenos brazos, estoy muy bien. Duermo bien, como bien y hasta trabajo”. 
“Todos los días me acuesto a las nueve de la noche o un poco más tarde, me levanto a las 4:00 a.m. me voy a misa de cinco. Cuando no estoy vendiendo arreglo cositas, allí tengo tornillos y esmeriles para no aburrirme”. 
El Jeep que transporta a Irineo los días de tianguis es solo uno de los tres que le quedan después de haber vendido otros tres, pero es el actual, uno de color azul con blanco de franja roja que también sirve como base de una lona publicitaria en donde una marisquería (o de camarones, como se dice en Tepa) anuncia los precios de sus cocteles y tostadas en el tianguis de los jueves y domingos del Parque Hidalgo.

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