miércoles, julio 05, 2017

Opción orgánicas al uso de antimicrobianos promotores de crecimiento

M. en C. Idalia de Jesús Ruíz García
PhD. José Rogelio Orozco Hernández
Cuerpo Académico “Sistemas Pecuarios (CA-330)”
Departamento de Ciencias Pecuarias y Agrícolas,
CUALTOS

M. Sc. Edgardo Patricio Ortiz Muñoz
Ing. José Alfonso Esparza Barajas
Centro Universitario de los Altos
Universidad de Guadalajara

En la actualidad los residuos de antibióticos en la salud humana es una constante preocupación de cualquier especialista involucrado en la producción de proteína de origen animal (médico veterinario y zootecnista, ingeniero en sistemas pecuarios, agrónomo zootecnista, etc.). Sobre todo cuando su uso en el proceso productivo es a mediano y corto plazo, como por ejemplo en leche, huevo o carne de ave, cerdo, peces, conejo, etc. que llegara al consumidor en poco tiempo. 
Ciertamente los antibióticos se han empleado desde hace años para tratar padecimientos o patologías originadas por microbios sensibles a ellos. Pero, también se utilizaron como promotores de crecimiento, previniendo algunas enfermedades recurrentes, en dosis bajas pero constantes. Por lo tanto, su retiro permitía que las infecciones regresaran adquiriendo la causante cierta resistencia, afectando el proceso productivo y económico para la industria en sistemas pecuarios. Sin mencionar que a los especialistas en salud veterinaria les complica la terapéutica, pues en ocasiones los alimentos ofrecidos ya son medicados desde la fábrica. De allí la urgencia a encontrar promotores de crecimiento que carezcan de residualidad o generen resistencia, pero si un efecto anti-microbiano, sin afectar de manera sustancial el bolsillo del productor. 
Se puede encontrar en la literatura científica publicada, tanto internacionales como nacionales, artículos ejemplo de ellos como los probióticos que se apoyan en el uso de bacterias (como cocos, bifidobacterias y lactobacilos) y levaduras, que principalmente fermentan carbohidratos, transformándolos en ácidos y otras substancias para controlar el desarrollo de organismos patógenos del tracto gastrointestinal. 
Por otro lado, múltiples autores han mostrado que prebióticos como los ácidos orgánicos: fórmico, acético, propiónico, butírico, láctico, sórbico, fumárico, tartárico, cítrico, benzoico, y málico, también conocidos como acidificantes de alimento o agua, así como ciertas hierbas o partes (conocidos como fitoaditivos o fitoterapéuticos), sus extractos (acuoso y/o lipídico) o de sus aceites esenciales sobre el desarrollo de especies bacterianas benéficas para el organismo, muy específicas, representando este fenómeno una estrategia innovadora, segura y eficiente desde el punto de vista económico. 
Además de sus principios como antioxidantes, compuestos fenólicos, terpenos, con efecto estimulante del apetito. Cuya acción además puede ser de un efecto variable en la reducción de ciertas familias de bacterias infecciosas malignas, como las del género Gram negativas (habitante normal del intestino), que están relacionadas con la presentación de diarreas en animales jóvenes y en aves en postura. Donde se afecta la productividad (ganancia de peso, producción) general del individuo en diferentes momentos de crecimiento. 
También se pueden encontrar en los fitoaditivos, sustancias astringentes como proantocianidinas, taninos hidrolizables y saponinas que hasta cierto punto colaboran en el mantenimiento de la salud intestinal y de todo el cuerpo a través de su acción. Además de encontrarse las zeolitas que poseen un efecto específico de adsorción de las micotoxinas, que siempre se encuentran en el alimento ofrecido a las especies consideradas productivas, evitando con ello, que dañen la salud del animal.

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