sábado, marzo 10, 2018

Fe, esperanza y caridad

Por José Alvarado Montes

Se debe ser testigo presencial para poder observar en toda su extensión el movimiento de peregrinos que llegan a San Juan de los Lagos, para el día 2 de febrero fiesta de La Candelaria, las cifras que se manejan oficialmente, no concuerdan con la realidad ya que son superadas, desde el mes de enero comienzan a llegar los peregrinos del centro, como de occidente en cantidades que no pueden ser contadas, ya que entran y salen las 24 horas del día. Casi en su totalidad llegan caminando por rutas que ya tienen establecidas, gente de todos los sexos, niños, ancianos y adultos soportando las inclemencias del tiempo en este 2018, en exceso frío, llegan cargando sus estandartes, imágenes, música, danzas y pólvora, la meta que algunos no alcanzan a llegar al Santuario de la Virgen de sus amores, devoción que comenzó hace 352 años.
El Sr. Obispo Jorge Alberto exhortó a los feligreses locales en el mensaje siguiente: Estamos próximos a un tiempo que nos ayudara a hacer el bien, nos cruzaremos en el camino con hermanos venidos de tierras lejanas donde han dejado a su familia, y sus trabajos movidos por el deseo de ver en su Santuario a la Virgen de San Juan, vienen a agradecer, a pedir, a suplicar, a ratificar con Dios su deseo de renovarse espiritualmente, encontraran en el corazón amoroso de Jesús y el maternal abrazo de la Virgen del lugar. 
Fieles amorosos de la Santísima Virgen de San Juan, se disponen en grupos y familias, para realizar su peregrinación esperando llegar para las fiestas de La Candelaria a su Santuario y postrarse a sus pies. También nosotros nos hemos de preparar, nos disponemos para ser hospitalarios, será nuevamente la oportunidad de hacerles un lugar en nuestro corazón a todos los peregrinos. Seamos anfitriones bondadosos, amables, este es un mandato para todo servidor de Jesús. Vuestra caridad sea sin fingimientos, todos sabemos que no es tarea fácil que este llamado es particularmente a relacionarnos con personas necesitadas. 
Que nuestra, nueva hospitalidad vaya más allá de ser amables con los peregrinos de ofrecerles un lugar donde puedan descansar, seguros asearse y alimentarse dignamente, nuestra hospitalidad ha de llegar conforme al amor de Cristo, a crear un espacio donde el peregrino pueda entrar a nuestra ciudad y se convierta en nuestro amigo. 
Este espacio debe ser nuestra casa, nuestros comercios, los hoteles, nuestra calle, nuestras iglesias y todos los servicios al cuidado de su viaje y estancia entre nosotros. Hago una atenta invitación para que vigilemos las intenciones de nuestro actuar en las próximas fiestas de La Candelaria, podemos caer el riesgo de colocar el amor a nuestro prójimo en el lado de lo imposible, sobre todo movidos por el espíritu de la mercadería. 
Ser amable y hospitalario, no será una transacción comercial como los miles que realizaran sin duda, es ubicarnos al lado de la palabra de Dios que nos enseña que mayor felicidad hay en dar que en recibir. 
Vigilemos como miembros de esta ciudad, en la que se comparte un mismo ambiente laboral, que no deja de ser cotidiana la competencia, el trato entre nosotros, que no pensemos que todo se vale, que no haya zancadillas o golpes bajo la mesa con el afán de ganancia y el dinero, tengamos presente lo que nos enseña el Señor Jesús y tratar a los hombres como queréis que ellos os traten. En La Catedral Basílica han de ser recibidos con tan gran caridad por este servidor suyo y todos los ministros que ahí desempeñan su oficio Pastoral, como pide el apóstol a los lideres de la iglesia hemos de ser hospitalarios. 
Que todos nuestros hermanos peregrinos no sean extraños, no solo sean objeto de comercio, sino que sea la oportunidad de demostrar en ellos el amor de Cristo y a Nuestra Santísima Madre Nuestra Señora de San Juan. 
Si bien en San Juan se presentan un sinfín de tradiciones populares, religiosas que conmueven, hay que señalar las penurias a las que están expuestos: accidentes, enfermedades y hasta la perdida de la vida, en sus rutas hay lugares donde les impiden el paso, en otros los ahuyentan a balazos y en otros por pasar les cobran hasta 100 pesos o los hacen que se regresen, aquí los prestadores de cualquier servicio aumentan sus tarifas. 
La Ciudad carece de espacios, no ofrece lugares de descanso, un lugar para sentarse, ni sombras que lo protejan del sol o de la lluvia y mil incomodidades más. El peregrino trae su FE, SU ESPERANZA Y LA CARIDAD que recibe es poca y cara.

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