domingo, abril 08, 2018

Con el “Son de la negra” es imposible tratar de hacer Política Pública

“A todos diles que sí/pero no les digas cuando/Así me dijiste a mí/ por eso vivo penando…”. Son de la Negra. Blas Galindo. 

Profesor Carlos Salazar- Vargas 
® Todos los derechos reservados por la Ley 
www.carlosalazarvargas.org 

En todos los países, regiones y culturas, es posible determinar la existencia de algunas costumbres, ciertas prácticas o rutinarios hábitos que o bien pueden favorecer y apoyar o por el contrario, obstaculizar y paralizar la hechura de políticas públicas. Y este en México lindo y querido no es la excepción. Así como hay aspectos muy positivos de los mexicanos que hay que valorar, pues -entre muchas otras cosas- ayudan a que se puedan elaborar políticas públicas en forma más efectiva, tales como el hecho de ser “luchones”, trabajadores y buenos amigos, existe también una marcada tendencia que infortunadamente se está convirtiendo en verdadera epidemia (pues el ejemplo contagia y cunde y como plaga se difunde) y que se puede enmarcar -tal y como ya muchos dirigentes mexicanos lo han hecho- dentro del conocido y famoso “Son de la Negra”… 
Y lo más grave es que nosotros tenemos gran parte de la culpa y responsabilidad de que esta clase de comportamientos y procederes se conserven y que reiteradamente se reproduzcan esas folclóricas respuestas, pues alabamos los incumplimientos, festejamos las falsas promesas y las catalogamos como simples e inocuas informalidades, atribuyéndoles que son ya parte de la idiosincrasia y pedazo de una peculiar cultura. 
Realmente, esta clase de desplantes -como categoría muy particular de respuesta- no son expresiones folclóricas y sí permiten y ayudan a formar y mantener una cultura de la fantasía, comportamientos de falsa cortesía y de urbanidad mal entendida, que forman parte ya de normales prácticas e inveteradas actuaciones y comportamientos. 
Así, frases como: “te hago llegar más tarde la información”, “te envío al rato la propuesta”, “ahora mismo te llevo los datos”, “pronto tiene el asunto en su escritorio”, “mañana sin falta”… como situaciones que nunca se cumplen, son de uso muy corriente y generalizado. Y ya, simplemente aceptamos como normal estos ambientes de informalidad, culturas de incumplimiento, escenarios de descuido y hasta entornos de engaño, que afectan tanto las relaciones laborales, como las actividades diarias y hasta los quehaceres más serios de nuestra vida, pues nada es cierto, todo es mentira, nada es en serio y todo es una simple disculpa para salir del paso. Sin embargo, así como el cumplimiento debe ser reconocido, valorado y elogiado, así también el hecho de ser incumplido, carente de credibilidad o falto de palabra, debe también ser públicamente exhibido, duramente criticado, reiteradamente reprochado y puntualmente censurado. 
Por eso, con gusto y alegría cantemos y bailemos el “Son de la Negra”, pero por favor, no lo practiquemos en nuestras relaciones personales, ni en nuestros trabajos, ni en nuestros compromisos, pues tratar de hacer políticas públicas bajo estos parámetros de incertidumbre, ficción e ilusión, tiene un alto riesgo que no vale la pena asumir, pues al final se corre el peligro de quedarse solo, tal y como el pastorcito mentiroso que a todos decía que venía el lobo, hasta cuando realmente el lobo llegó…y ya nadie le creyó. Y es que nadie le cree a los mentirosos…ni siquiera cuando dicen la “puritica” verdad.

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