domingo, abril 08, 2018

El burro de oro” en La Barca

Por Fátima Dávalos Salcido

El Portón de las leyendas
Las narrativas que se publican en esta sección, son productos de aprendizaje del curso-taller
“Expresión Oral y Escrita”, impartido por el Mtro. Pablo Huerta Gaytán. Fueron redactadas por
alumnos de primer semestre de la Licenciatura en Negocios Internacionales, del Centro Universitario
de Los Altos, de la Universidad de Guadalajara.

Les voy a relatar la leyenda “El burro de oro”, porque es muy representativa de la ciudad de La Barca, Jalisco. 
Cuando me trasladé desde Zapotlanejo a La Barca, para quedarme a vivir en este acogedor lugar, mis amigos y compañeros de clase, me invitaban a conocer un famoso museo conocido como “La Moreña”, donde se realizan exposiciones de pinturas contemporáneas de artistas reconocidos a nivel nacional; también allí se exponen conferencias y se organizan eventos culturales. 
Me parece un lugar hermoso por los murales que allí se observan y por la bellísima decoración de la época colonial; es una joya arquitectónica de la Ciénega, porque han de saber que este museo, no es una finca cualquiera; en realidad es una casa de las más antiguas de la ciudad y perteneció a Don Francisco Velarde a quien le conocían como “El burro de oro” y es sobre este personaje de quien trata la leyenda que les contaré. 
Nació en Guadalajara, hijo primogénito de una pareja de hacendados riquísimos, dueños de casas y fincas que se encontraban distribuidas por todo el estado de Jalisco, eran personas de alta alcurnia y de gran influencia política. 
Velarde, a su paso entre Guadalajara y sus vastas propiedades, se hizo notable por sus elegantes carruajes y gran escolta que siempre le acompañaban, así como por su lujosa ornamenta y forma de vestir. Su ‘tren de vida’ era tan refinado como ostentoso. 
Hizo plasmar los más bellos murales al temple en pasillos y corredores, utilizando temas mexicanísimos realizados por Gerardo Suárez, el más notable pintor local de esa época (1855). Estas obras de arte son muestra del buen gusto que tuvo, tanto por lo mexicano, como por los muebles, vajillas, espejos y candiles que fueron traídos desde París. 
Si como dicen las malas lenguas, “El burro de oro” hubiera sido persona de escasa cultura y gran presunción, nunca hubiera ordenado realizar semejantes obras de arte en todas sus casonas. Esto sólo denota la falsedad de la leyenda creada en torno a él, como un ignorante e iletrado general imperialista y “conservador” de escasa inteligencia y gran fortuna en oro y plata, cuyos sueños de gloria, según se decía, lo llevaron a tener su propio regimiento e invitar al Emperador Maximiliano, a conocer sus vastos dominios, sueño que por cierto nunca se le cumplió. 
Cuentan que Francisco Velarde, famoso hacendado jalisciense del siglo XIX, mejor conocido como “El burro de oro”, era tan rico que muchas veces llegó a comprar mulas de sus propias recuas, porque simplemente ignoraba que fueran suyas. Este personaje poseía una enorme hacienda en La Barca, Jalisco, pero vivía en el centro de Guadalajara, precisamente en el Palacio que hoy ocupa el Congreso del Estado. 
El caso es que este acaudalado caballero, en uno de sus frecuentes viajes a Guadalajara se encontró con una recua de cincuenta magníficas mulas, todas ellas alazanas. Encantado por aquel hermoso conjunto, se encaró con el arriero y trató de comprarlas, más el arriero, a pesar de las tentadoras ofertas, se negaba a venderlas; molesto Velarde, le preguntó por el dueño de las mulas, a lo que el arriero contestó -“pos´ la mera verdá, mi amo, yo no sé cómo se llama mi patrón, sólo sé decirle que lo conocemos como El burro de oro”-, lo que ocasionó una fuerte carcajada del patrón y que el atribulado arriero recibiera un montón de pesos. 
Otro rumor que se cuenta de él, es que sus casas tenían túneles subterráneos, que conectaban sus grandes propiedades hacendarias… El trágico final que Velarde sufrió, al ser objeto de una emboscada, por el general Manuel Márquez y a consecuencia de sus ideas conservadoras; en ese tiempo Don Benito Juárez y su gente leal del partido liberal, enfrentaban una cruenta ofensiva de los enemigos del pueblo. Así, el opulento Don Francisco Velarde fue ajusticiado un 14 de junio de 1867, a la edad de 58 años, en Zamora, Michoacán y se inició la leyenda. 
Como ven, este adinerado caballero fue conocido por su poder y presuntamente postura conservadora. Muchas de sus casas ahora pertenecen, o son parte, de la historia de varias ciudades del estado de Jalisco.

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