sábado, julio 07, 2018

Artesano al rescate del telar de pedal en Tepatitlán

Todos los lunes y jueves en la Casa del Artesano en Tepatitlán, un grupo de personas se da cita para aprender a tejer prendas con hilos de distintos materiales y texturas. Con el objetivo de recuperar una actividad que en Tepa ya estaba extinta, Oscar Armando Vázquez Lomelí, con apenas 23 años de edad, enseña a realizar los cruces con hilos de colores en el taller de telar en donde los participantes aprenden a realizar morrales, fajos, manteles, telas para estuches y próximamente rebozos. 
Un telar de madera construido con tornillos y alambres, que en conjunto con unos pedales y una madera que hace las veces de aguja, el joven maestro logra realizar prendas que hacen imaginar o recordar el pasado de nuestros padres y abuelos. Vázquez Lomelí inicio con hilo de macramé cuando tenía 14 años, primero con nudos, luego cursó un taller de telar en cintura. Cuando cumplió veinte, se compró un telar de pedales. 
Así es como el artesano ha ido creciendo. “Aprendí experimentando, viendo tutoriales en internet y yendo con los artesanos a ver como trabajaban, tomando talleres, pero mucho de lo que sé es autodidacta. Empecé experimentando, trabajando y trabajando hasta que salían las piezas”, señala. 
Una de las situaciones que motivó a Oscar Armando para iniciar el rescate de esta actividad, fue que en Tepa no había quien trabajara las artesanías que se producen con esta técnica.
“He investigado y la mayoría de los talleres que había ya se extinguieron, las personas que tejían se murieron, nadie siguió con la tradición aquí en Tepa. Acá no había telares. 
Aparte los hilos me apasionan y el ver que era algo diferente a lo que los demás hacen y que me gustaba, eso me hizo seguir adelante”. Relata que es un buen pasatiempo, asegura que centra la atención de los que lo practican en cosas buenas, dice que la actividad de cruzar hilos los mantiene atados en el telar, sostiene que es una actividad que podría ayudar a terminar con la ociosidad entre los jóvenes. 
En Tepatitlán sólo se tienen el dato de los telares, el de la Casa del Artesano que fue prestado por Instituto de Artesanía Jalisciense, el otro es propiedad de Vázquez Lomelí. “En mi casa realizó prendas para personas que me hacen encargos, sobre todo de lana, también hago pedidos de piezas de algodón hilado a mano, pero son muy escasos, por lo tanto, son costosos y la gente no tan fácil te los paga. Pueden llegar a costar hasta 2 mil o 2 mil 500 pesos. Son prendas que a lo mejor en una tela o en un hilo comercial te saldría en 600 pesos, pero con el simple hecho de ser orgánicas e hilado a mano, elevan su costo”, asegura. 
Además de artesano, Vázquez Lomelí es homeópata, combina la medicina alternativa también con la música, toca la chirimía y la tambora en el Mariachi Tradicional Los Tecuexes e imparte un taller de barro. El curso permanente de telar que ofrece en La Casa del Artesano es abierto a todo el que quiera aprender esa antigua actividad. Las clases son impartidas los lunes de 11:00 de la mañana a 12:30 de la tarde, los jueves de 4:00 a 5:30 de la tarde. El taller también es impartido en la Casa de la Cultura Acatic, los miércoles de 5:00 de la tarde a 7:00 de la noche. 
“En el taller trabajamos el telar de cintura, el telar de pedales, el telar de chaquira y de marco, no nos enfocamos en uno solo, preferimos practicar en la variedad que hay para elaborar diferentes prendas”. “Yo digo que la tradición del telar es algo que nos une y es revolucionario, porque al aprender a hacer tu propia ropa ya no dependes de terceros, dependes de ti mismo”, concluye el artesano en telar de pedal.

1 comentario:

  1. Anónimo8:54 p.m.

    Hace años, entre 30 y 35 años o más, Don Ramón Gutiérrez, al que apodaban Castorena, más conocido por ser palomero, y que vivía frente al templo de San José por la Calle Moctezuma, y hermano de Don Rafael Gutiérrez (que era dueño de El Hogar Moderno, por la Calle Hidalgo), pues Don Ramón "Castorena" tenía dos telares en su casa y fabricaba cobijas y gabanes de lana. Tenía un señor ya grande de edad que trabajaba con él y ellos recibían la lana sucia y en breña, recién trasquilada, y la convertían en exquisitas piezas artesanales hechas totalmente a mano, incluso ellos mismos teñían la lana en cazos sobre leña, usando anilinas alemanas. Yo, como palomero, lo frecuentaba y veía como hacían todo el proceso.

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