sábado, julio 07, 2018

El padre Severito, de Yahualica

Por Mariana Legazpi Vázquez

El Portón de las leyendas
Las narrativas que se publican en esta sección, son productos de aprendizaje del curso-taller
“Expresión Oral y Escrita”, impartido por el Mtro. Pablo Huerta Gaytán. Fueron redactados por alumnos del primer semestre (ciclo 2017-B) de la Licenciatura en Negocios Internacionales, del Centro Universitario de Los Altos, de la Universidad de Guadalajara.

Mi papá me contó esta historia del párroco del templo de La Cantera, el padre Severo López, era un sacerdote católico muy humilde que tenía fama de santidad. El padre Severito (así le decían) comenzó a celebrar misas entre semana por las tardes, cuando aún no estaban permitidas. 
Llegó información de este hecho a oídos del entonces Señor Cardenal de Guadalajara, Don José Garibi Rivera, bajo cuya jurisdicción se encontraba y lo mandó llamar para amonestarlo. El padre Severito acudió a la cita y cuando le llamó la atención por lo que hacía, le explicó que su intención era que las personas que salían muy temprano a las labores del campo, no alcanzaban a asistir a las misas en los horarios establecidos, entonces de esta manera, al terminar sus trabajos podían participar y acercarse a los sacramentos. 
Parece ser que el Señor Cardenal no acababa de convencerse de esta desobediencia y las argumentaciones del padre Severito no le convencían del todo; después de una ligera discusión sobre el tema, en un momento dado el Padre Severito se quitó la sotana y se la arrojó al Señor Cardenal diciéndole: “está bien, José, si no te parece, aquí tienes”. Al aventar la sotana, se quedó suspendida en el aire, colgada de un rayo de sol que entraba por la ventana; sorprendido y viendo en este hecho algo excepcional, el Señor Cardenal la descolgó rápidamente y se la regresó al padre Severito diciéndole, “está bien Severo, vete y has lo que quieras”. 
El padre Severito regresó a su parroquia y continuó celebrando sus misas vespertinas. Cuenta la leyenda que durante la persecución religiosa, tropas federales llegaron al curato del templo de La Cantera donde vivía el padre Severito, quien logró salir por la parte posterior de la casa, unos soldados apostados atrás lo vieron salir y se fueron tras él, vieron cómo se metía a la casa de una anciana vecina del lugar. Llegaron los soldados a la casa detrás de él, la viejecita salió a detener a los soldados, diciéndoles que allí no habitaba nadie aparte de ella; ellos empujándola hacia un lado, entraron a la casa directo a donde habían visto que se había ocultado el padre, pero se encontraron con la sorpresa que en el cuarto donde el padre había entrado, sólo había un niño pequeño en pañales recostado en la cama; desconcertados los soldados salieron de la casa y se retiraron del lugar, después de que se alejaron de allí, la anciana miró salir al padre Severito de ese mismo cuarto. 
Cuentan que en otra ocasión, como era un sacerdote extraordinario, unos brujos de ese tiempo estaban en su contra y se burlaban de él. Se dice que esos brujos tenían el poder para hacer creer que había una tormenta. Un día uno de los brujos en plena madrugada fue a despertar al sacerdote pidiéndole que fuera a asistir a un familiar suyo que se encontraba en agonía; al sacerdote no le importó quién era la persona, tomó su libro y los santos óleos para acompañar al brujo y asistir al supuesto familiar. 
A pesar de la tormenta tan fuerte, el padre Severito sólo se puso su sotana y su sombrero, y al salir hacia la calle, con la oscuridad de la noche, tropezó y cayó sobre un charco de lodo; mirándose cómo había quedado lleno de lodo y mojado, observó entre la oscuridad y escuchó las carcajadas del brujo que lo acompañaba y del otro que se encontraba en la calle, haciendo la brujería de que lloviera y hubiera lodo. 
Cuando se dio cuenta que sólo se burlaban de él, les predijo que tres culebras iban a terminar con toda su comunidad en ese lugar; pronunció una pequeña oración, desapareció el hechizo de los brujos, y ellos al verse sorprendidos por el sacerdote, terminaron huyendo...

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