sábado, julio 07, 2018

En Arandas, “El Jinete del Cerro”

El Portón de las leyendas
Por Evelyn Jiménez Gutiérrez

Las leyendas son historias pasadas, transmitidas oralmente de generación en generación; poseen tanto verdad como hechos ficticios, haciéndolas fantasiosas, que se pueden admitir, aunque de ellas habrán tal vez diversas versiones porque al pasar los datos de persona a persona y de lugar a lugar, pueden cambiar detalles que, por mínimos que puedan parecer, llegan a cambiar grandes aspectos de la historia; entonces, actualmente es difícil saber con exactitud cuál versión podría ser la verdadera historia. Sin embargo, lo que se puede asegurar es que dichas narrativas en forma de leyendas, son características propias de la cultura mexicana, con rasgos distintivos de una región. 
En Arandas la que más recuerdo entre las que me contaron, es ‘el jinete del cerro’. Cuenta la leyenda que una humilde pareja vivía en las cercanías del cerro de Arandas; se mantenían de la madera porque el hombre, cada mañana subía para recogerla, tallarla y venderla en forma de palos para las escobas y otros objetos domésticos. 
Al ser de pocos recursos y no tener un reloj, desde muy pequeño se enseñó a conocer el tiempo, el hombre se basaba en el cielo estrellado, sabiendo de esta forma la hora que era, tanto al ocultarse como al salir las estrellas, incluso por la tonalidad del cielo. 
Un día salió y al subir al cerro levantó la mirada al cielo y se percató de que había salido con más antelación de lo que debió hacerlo, por lo que decidió recostarse y esperar un poco más para volver a encaminarse; al pasar un rato, escuchó el trote de un caballo, se incorporó, y se encontró con la figura oscura de un jinete vestido de negro, con ojos al rojo vivo que brillaban con intensidad. 
De inmediato el jinete le mencionó que era un alma en pena y que vagaba sin descanso; al escuchar esto el campesino no supo, ni tuvo la menor idea de cómo reaccionar ante ello; sólo se quedó paralizado frente a él, sin saber qué decir, o si debía o no correr; al poco tiempo el mismo jinete le preguntó a qué se dedicaba, le tomó minutos tratar de responder, hasta que las palabras salieron de su boca; le dijo que era campesino y que había subido para recoger madera ya que de ésta vivía; el jinete luego de escucharlo, le comentó que buscaba a alguien que desenterrara su tesoro, producto de lo que había robado en vida, ya que según el jinete, tuvo una posada donde identificaba a las personas con grandes fortunas que llegaban a hospedarse y él se quedaba a la fuerza con su dinero y pertenencias. 
Le dijo al campesino que si el tesoro llegaba a ser desenterrado, podría descansar en paz al jinete, pero éste tenía ciertas condiciones para hacer uso del tesoro. Tenía que prometer usarlo en una causa honesta, el jinete en vida no lo habría utilizado así; luego, tenía que pagarle misas en favor de su alma; y tercero, tenía que entregarle la vida de un ser amado. 
Nervioso y estupefacto el campesino, sólo pensaba en salir corriendo, más cuando levantó la mirada, se dio cuenta de que al poco tiempo de haberle dado a conocer los términos el jinete ya había desaparecido. 
El campesino le contó lo sucedido a su esposa, no salieron esa noche, atrancaron la puerta, pero al poco tiempo, de la preocupación de que el jinete volviera a mostrarse, el hombre enfermó y murió. Muchos afirman haberlo visto y otros haberlo confrontado; más ninguno, haberle hecho caso a los términos para desenterrar su fortuna. 
Claro, porque nunca mostró interés en robar vidas; como en casi todas las leyendas, no se sabe la verdad, pues cualquiera pudo habérselo topado; hoy en día, existen variadas versiones al respecto, sin precisar cuál fue la forma y cómo hizo su aparición ese jinete del cerro por primera vez. Se trata de una famosa leyenda conocida entre los arandenses, pero, tal parece que poco a poco se está olvidando.

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