sábado, octubre 06, 2018

En Teocaltiche, ‘el sacerdote sin cabeza’

El Portón de las leyendas
Las narrativas que se publican en esta sección, son productos de aprendizaje del curso-taller
“Expresión Oral y Escrita”, impartido por el Mtro. Pablo Huerta Gaytán. Fueron redactados por
alumnos del primer semestre (ciclo 2017-B) de la Licenciatura en Negocios Internacionales, del
Centro Universitario de Los Altos, de la Universidad de Guadalajara.

Por Edgar Josué Alejo Mayorga

En Teocaltiche, Jalisco se cuenta una historia muy famosa referida a un ‘sacerdote sin cabeza’. La leyenda se volvió muy popular en el pueblo, después de que varias personas afirmaron haber visto en distintas ocasiones, a un padre o cura decapitado, en el templo de San José; no se sabe con exactitud las misteriosas apariciones del sacerdote, pero las versiones quedaron registradas para la posteridad y así, esta leyenda se relata de generación en generación, como ahora la contaré: Érase Teocaltiche en épocas de la guerra de los cristeros, un padre celebraba su misa como todos los días, en el templo de San José; un templo de pequeñas dimensiones y austero, pero muy pintoresco, cabe señalar que estaba acorde a su época, pues México acababa de salir de una sangrienta revolución, por lo que estaba muy atrasado del progreso, las calles aún eran de tierra, las casas de adobe y algunas, de los más ricos, de cantera; la ciudad aún era pequeña y no había electricidad. Como la ciudad no estaba motorizada, era muy común que las calles estuvieran llenas de caballos y diversos animales de granja; en resumen, era todo un paisaje posrevolucionario, con secuelas de la época de los grandes hacendados. El templo de San José se ubicaba y todavía sigue allí, a dos calles al sureste de la plaza de armas, su ubicación era y es muy céntrica, muy obvio que por aquella época, esa calle era una de las principales del pueblo, por ende una de las más transitadas. Un día, el padre oficiaba su misa como era su costumbre; el templo estaba medio lleno y su misa como siempre, infundía tranquilidad y mensajes de paz, pero cuando llegó el momento de la eucaristía, de repente se escucha un enorme estruendo afuera del templo; el padre detiene por un momento su misa para saber qué sucedía; entran unos bandidos al templo y empiezan a golpear gente; uno de ellos, en medio de ese espectáculo cruel y despiadado, se acerca al padre y con machete en mano le corta la cabeza; las escenas siguientes fueron las de la cabeza del padre rodando por los escalones del altar, mientras su cuerpo decapitado caía sin vida, un suceso terrible para el pueblo. Pasaron unos cuantos meses después de aquel trágico incidente, cuando una noche, un hombre iba caminando de regreso a su casa, ya eran altas horas de la noche, la visibilidad era casi nula y las calles estaban vacías. Justo cuando iba pasando frente al templo de San José, un padre se acerca a él y lo invita a presenciar una misa, algo que a este hombre le pareció muy raro, pues ya era muy tarde para una misa, pero por educación aceptó la invitación y se dispuso a escuchar la misa. Todo iba normal, el sacerdote oficiaba su misa con mucha alegría, parecía contento, hasta que llegó la parte de la eucaristía; un viento fuerte empezó a sacudir el templo, apagando todas las velas y cerrando bruscamente todas las puertas, sólo quedaba una tenue luz de la Luna, cuando de pronto, el hombre observa que al padre se le desprende la cabeza del cuerpo y rueda hasta llegar a sus pies. El hombre horrorizado grita e intenta en vano salir desesperadamente del templo, su terror fue tanto que perdió la conciencia y desmayó. A la mañana siguiente, cuando el sacristán abre el templo, ve como hay un hombre tirado a lado de la puerta del templo; este se dispone a despertarlo y le pregunta que hacía allí; el hombre le contó toda la escena de la madrugada y el sacristán, con cara de incredulidad, le cuenta al hombre lo que sucedió meses atrás, y lo que le pasó a él, no es la primera vez que pasa, porque ya le había ocurrido a otras personas anteriormente. Se dice que el alma del sacerdote aún busca su descanso, tratando de concluir la misa que dejó a medias, y que siempre busca nuevos feligreses (víctimas) para poder dar su misa y así, de algún modo, obtener su descanso eterno.

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