miércoles, diciembre 05, 2018

La llorona, versión arandense

Por Tania Guadalupe Velázquez Hernández

El Portón de las leyendas 

Se cuenta que por los años de la guerra cristera en Arandas Jalisco, muchas personas padecían serios problemas, producto de la pobreza y porque la violencia no dejaba salir a trabajar a la mayoría de los habitantes de este pueblo, ni permitía que realizaran sus actividades normalmente. 
Entre los habitantes se encontraba una familia compuesta de los padres y dos niños, ésta era una familia común de aquella época, muy humilde, pero es de resaltar que la esposa era una mujer muy celosa y cuidaba mucho a su marido, quien se dedicaba a las labores del campo, pero también ayudaba a los curas y a la iglesia porque en aquellos tiempos, como ya sabemos, Arandas se formó siendo un pueblo católico. 
El esposo, cuyo nombre era Pedro, apenas si mantenía a su familia, era bastante pobre, aunque claro, él hacía todo lo posible por llevar comida a la mesa de su casa a pesar de la falta de recursos. Por su parte su esposa, la señora llamada María, se dedicaba a las labores del hogar, a cuidar de sus hijos y no sabía trabajar de ninguna otra forma, pero como anteriormente se indicó, ella tenía el defecto de ser muy celosa. 
Constantemente inventaba historias en las que se veía involucrado Pedro, pero él lograba convencerla de que todo era mentira; por su parte, sus hijos eran unos niños muy bien portados, veían a sus padres como sus héroes y por su formación católica su papá y mamá eran lo máximo para ellos. Vivían en un lugar no muy céntrico y bastante cerca del río, en una casa pequeña pero bonita y a sus alrededores, tenían mucha vegetación pero pocos vecinos. 
Un día le llegó a María la noticia de que su esposo había muerto, ella se puso muy triste pero sabía que tenía que mantener y seguir cuidando de sus hijos, días después de la triste muerte y María, con los pocos recursos que tenía, seguía dando de comer a sus hijos. 
Después de unas semanas se dio cuenta que su situación era muy mala, ya no tenía para comer, incluso ella llevaba varios días sin probar alimento porque se los daba a sus hijos; no había manera de mantenerse así y comenzó de nuevo a inventar historias, inició negando la muerte de su esposo y ella misma se fue convenciendo que él se había ido con otra, ¡que la había engañado! 
Siguió con su locura y comenzó a asustar a los dos niños con tantas y tantas historias sin razón de lo que les decía y, una tarde casi noche decidió ir al río a lavar la ropa y se llevó a sus dos hijos, cosa que a éstos les pareció muy rara, no era normal ir allí a esa hora; mientras iban de camino, tenía una lucha con ella misma por lo que estaba a punto de hacer, ya que por momentos pensaba bien y después seguía con su locura. 
Cuando llegaron al río comenzó a llover, ella les decía a sus hijos que la perdonaran y que los quería mucho, pero que no podían llevar una vida así con ella y así nomás, de repente y sin pensarlo mucho, los aventó al río; los niños se golpearon en la cabeza y murieron al instante, mientras la corriente se los llevaba, ella se quedó en la orilla por días, llorando hasta que murió por falta de comida agua y claro, por la pena de haber matado a sus hijos. Se dice que hasta hoy día, cuando llueve, se escucha un grito bastante aterrador diciendo “¡ay mis hijos, ay mis hijos!” 
Se afirma que se trata del alma en pena de la todavía actualmente conocida como “la llorona”.

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