domingo, febrero 10, 2019

El demonio del viejo Albert

Por Blanca De la Torre
BlancaJaneth2018@hotmail.com

Albert tenía 45 años, era un veterano desde hacía 5 años; dentro de él existía una fascinación sórdida por la soledad, uno pudiese pensar que es por estragos de la guerra, sin embargo, Albert era curioso, se le veía transitar las calles siempre evitando el contacto con cualquier persona o ser vivo que se atravesase en su camino sin previo aviso. Cada vez que tenía que salir comenzaba el miedo y el disgusto a trabajar en su mente, pareciese una persecución que privaba de una precaria posibilidad de llegar de vuelta a su departamento. Lo que Albert estaba a punto de vivir, era algo que lo llevaría a la perdición. 
La noche del 3 de abril, Albert se encontraba en sus aposentos como era costumbre, daban las 10 de la noche y decidió leer el periódico, se sentó en el sillón que tenía frente a un librero que quedaba a lado de un pasillo que daba a las escaleras del ático del pequeño departamento, en medio de su habitual lectura Albert se percató que alguien más estaba dentro de casa ya que había visto por el rabillo del ojo una sombra pasar por el pasillo, tanto fue el terror por tener que lidiar con un alma que no fuese la de él que tomo su miedo y se atrevió a enfrentar a ese ser que invadía su templo. Caminó cuidadosamente y en silencio, tomó el atizador y llegó a la primera puerta del pasillo, abrió la puerta de una recámara que había sido hecha para los visitantes la cual terminó por ser un cuarto lleno de periódicos arrumbados, al abrirla miró rápidamente a todos los recovecos, nadie en la primera puerta, siguió y el único lugar que le parecía escalofriante era el ático, cuando comenzó a avanzar, la oscuridad se apoderó de su casa y el viento comenzó a soplar desencadenando un silbido sutilmente entraba hasta hacer temblar a las entrañas, el escalofrío que invadía su ser entero lo recorría lentamente hasta que soltó el atizador al suelo quedando helado, el silbido que entró por sus oídos se hizo cada vez más nítido, era la voz de una mujer que le susurraba: “He venido por tu alma Albert”, en un momento de desesperación y miedo se tapó los oídos acompañado de gritos ahogados, era abominable para él esto que acababa de vivir. Pasando al día siguiente cuando estaba en cama para conciliar el sueño se repitió el mismo silbido y la misma mujer “He venido por tu alma”, pasaron los días y en cada momento inesperado surgía esa voz galopando en sus oídos una y otra vez. 
Se estaba volviendo loco, la demencia y el miedo se estaba apoderando de sus pensamientos por completo, su alma se volvía débil, cada día venía a él la inquietante necesidad de acabar con su vida, corría a mirarse al espejo y se tocaba el rostro para saber que no era un sueño. El temor que estaba reteniendo en el cerebro ya era la parte que más lo dominaba, una mañana después de haber escuchado las voces de nuevo, sintió un deseo en el que la cobardía y valentía se enjuiciaban cara a cara, el método de respiración profunda no funcionaba para arrepentirse de la decisión, Albert sólo pensaba en la traición mental pero el deseo de quitarse la vida estaba hecho de fuerte linaje, nada podía impedírselo, lo que él creía que era el demonio que lo aterrorizaba, realmente eran sus deseos más profundos, quedo tan traumatizado y con una idea terrible de persecución que el único refugio que encontró fue abandonar la vida. La ventana que tenía el ático era lo suficientemente grande para poder pasar su cuerpo por ella, Albert subió y estando en el sexto piso saco las piernas dejándolas como banderas al aire colgando por la ventana, echó un vistazo a su alrededor y pensó: “Estoy viejo, cansado y desgraciadamente loco, viví una vida entera, viví la guerra y ella me amputó el corazón y puedo decir que no hay nada tan cruel en ella como un espíritu apagado y una mente destruida”, cerró los ojos y cayó al asfalto acabando inapelablemente con su vida. Este hombre llegó a una encrucijada con sus demonios mentales y no tuvo misericordia de sí mismo. “Oh si hay un Dios, socorrer el alma insatisfecha del hombre que valientemente enfrentó su miedo de una manera cobarde”.

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