domingo, febrero 10, 2019

¿Por qué?

Por José Alvarado Montes

La mujer desalineada, sucia,
con esfuerzo empuja un carrito,
vende paletas, transita por la
congestionada y angosta calle, empolvada y con basura.

Un enjambre de motociclistas manejan a
lo loco a gran velocidad.
Provocando un ruido espantoso
que cala hasta los huesos.

Los autos no se quedan atrás, sin ley que los vigile
tanto tráfico, banquetas
bloqueadas dificultan el
tránsito de los peatones
¡Qué lugar hace esto!

a la mujer la siguen un niño y una niña,
sus hijos, van mugrositos y tristes como ella
no se sabe. ¿de dónde han venido?
Ni nadie lo pregunta.
Hay tantos como ellos,
han caminado todo el día
a la intemperie, ofrecen su mercancía.

Cansados, de una bolsita sacan
comida chatarra, sus ganancias no dan para más.
Con ellos su perro tan pobre y flaco como ellos.
Los pobres no tienen historia
a nadie les interesa

¿POR QUÉ?

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Metáforas
Juan Rosales C.
Pinta de rojo intenso tus emociones;
para que le arranques los sabores a la
vida y desde lejos advierten tu llegada.
Ilumina con tu crayón más fuerte
las huellas de tu frente para que se
trasluzcan las ideas de tu corazón.

Deja correr las frustraciones de
tu vida por el hueco de tus ojos y un
par de plañideras lágrimas, firmarán tu ocaso.

Aletarga tu orto en el mejor de
tus rincones para que sobreviva a
inminentes vientos que soplasen de
cualesquiera cardinal señal; porque tal
vez sea humedecido por alguna nube solitaria.

Libera el corazón de la presión y,
si es posible, dale sabático descanso.
Tal vez en la diacronía de éste, vuelva
a bombear cordialmente, el hemático elemento.

Aférrate fuerte como lapa al nuevo
órgano que a tus paredes toque.
Así, metafóricamente, el dolor se
vive virtual, aunque afuera sople un
vendaval de muerte.
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¡La última y nos vamos!

Así mueren las uvas una a una:
desfilan prestas y frescas a expirar, besan la muerte-

Brincan presurosas en un instante
de diciembre a enero: las nuevas
primero que enfilan por la calzada que
finaliza en cadalzo

Un racimo rosado con alguna
morada intrusa: ilusiones que acaban
atrás del escritorio. Muertas de súbito,
tal vez por la antigüedad de su soporte;
que murió añorando el sueño.

Un cuarto de siglo maduraron: y
en un santiamén se desgranaron, solo
la barrica ha quedado, rebosante de
auroras y de miel que se derrama.

Ya no hay racimo para proseguir
ni alambique que conduzca esa savia
acidulada que mantuvo de pie al viejo
hortelano; savia de amor elaborada
que feneció en el espacio actual de mienramada.

No habrá nueva catadora ni experta
vitivinícola que distraiga mi ajado paladar.

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