sábado, marzo 02, 2019

El charro negro y el fatal destino de Juan

Por Omar López Franco
Lic. en Contaduría Pública,
2º. semestre

El Portón de las leyendas
Las narrativas que se publican en esta sección, son productos de aprendizaje del curso-taller
“Expresión Oral y Escrita”, impartido por el Mtro. Pablo Huerta Gaytán. Fueron redactados por
alumnos del primer semestre (ciclo 2017-B) de la Licenciatura en Negocios Internacionales, del
Centro Universitario de Los Altos, de la Universidad de Guadalajara.

Cuenta la leyenda que hace más de 50 años vivía una persona llamada Juan, ya nadie recuerda su apellido, tenía alrededor de 40 años de edad, era una persona de estatura media, la piel un poco quemada por el sol, cabello y ojos negros; era muy robusto, pero ser muy pobre fue lo que más caracterizaba a Juan, trabajaba todo el día por un miserable sueldo, además tenía que mantener a sus hijas y esposa, el poco dinero que conseguía lo daba completo a su familia pues era lo que más quería en su vida, les tenía mucho amor y afecto, sentimientos de los que también era correspondido por su esposa y sus tres hijas. Juan siempre había deseado una vida mejor, veía pasar por las calles a las personas que tenían mucho dinero, vestían bien, comían bien y podían comprarse todo lo que quisieran, viviendo del trabajo de personas como Juan que tenían escasos recursos, mientras ellos ‘nadaban’ en dinero, Juan apenas tenía para comprar lo indispensable para él y su familia. 
Un día vio pasar a uno de sus amigos y compañero de trabajo, parecía una persona muy distinta a la que Juan había conocido pues venía vestido con mucha elegancia y parecía estar muy feliz; ya no era el triste trabajador mal pagado que Juan conocía. Al saludarlo, le preguntó dónde había adquirido dinero para comprarse esa ropa, el compañero contestó que pidió prestado a un amigo, Juan le preguntó a cuál amigo, éste le dijo que si esperaba hasta las doce de la noche, en cualquier lugar retirado de la iglesia, podría ver a ese amigo. Juan quería conocer a la persona que le había dado tanto dinero a su compañero, pues él también necesitaba de dinero, entonces decidió seguir su concejo; en un lugar muy retirado de la ciudad esperó hasta que dieran las doce de la noche para conocer al misterioso personaje. 
Como ya se había cansado de esperar, se proponía retirarse, cuando de pronto escuchó a lo lejos el andar de un caballo, de repente se le heló la sangre y sintió un terror profundo, se dio la vuelta y alcanzó a distinguir la silueta de un individuo que se aproximaba montado en el caballo. Por alguna extraña razón Juan sintió que aquella era la persona de la que le habían hablado. Conforme se aproximaba pudo ver mejor las características de aquella persona, estaba vestida de charro, era muy alto y parecía fuerte, vestía completamente de negro, con un gran sombrero sobre su cabeza; su traje era sumamente elegante, pero no alcanzaba ver la cara, tenía manos esqueléticas; en cuanto al caballo, era de una especie que Juan nunca había visto antes, de una altura considerable y de un negro tan intenso que se perdía en la oscuridad. 
Por un momento dudó, pero ya que ambos estaban tan cerca, Juan le hizo una señal para que el charro se le aproximara, cuando ya estaban de frente volteó a verle la cara al charro y Juan sintió un terror aún más fuerte ya que ese rostro era completamente esquelético, parecía que no tenía ojos, pero los veía de un color rojo tan intenso que parecía salido del mismo infierno. Por un momento Juan intentó irse corriendo, pero el charro le indicó que se le acercara y éste obedeció, fue el peor error que pudo haber cometido en toda su vida. 
Juan le explicó su situación y como respuesta el charro le mostró a Juan una bolsa de ceda fina llena de monedas, Juan tomó la bolsa y una diabólica sonrisa se dibujó en el rostro del charro, quien continuó su camino. Juan volvió a dirigirle la mirada pero ya no vio a nadie, a pesar de ello, Juan sentía que seguía allí y podía escuchar al caballo, era como si se hubieran vuelto invisibles. Juan Salió corriendo de ese lugar, regresó a su casa ubicada en una colina muy alta, la casa estaba construida completamente de madera, considerando su situación, no era difícil adivinar que su casa era una de las más viejas y feas que había en toda la ciudad, al entrar a su casa, Juan notó que toda su familia dormía tranquilamente, se acostó y cayó en profundo sueño, pero no supo si por el cansancio o por el horror que sintió asa noche. 
Al día siguiente, Juan se despertó cansado y con algo de sensación por lo vivido la noche anterior y creyó que todo había sido un sueño, estaba un poco más calmado, dudaba que existiera una persona así; al levantarse, cayó de su bolsillo una bolsa de ceda y al recogerla notó que estaba muy pasada, al observarla bien sus ojos brillaron de codicia, lo que contenía la bolsa era un montón de monedas de oro, todas eran muy brillantes y obviamente podían valer una fortuna. Juan aunque muy pobre, era buena gente, humilde, honrado y nunca en su vida había robado nada a nadie; por primera vez tuvo un sentimiento nuevo, la avaricia. 
Ese mismo día comenzó a comprar un montón de cosas para él y su familia, todos en el pueblo estaban muy impresionados de ver a Juan gastar tanto dinero; compró mucha ropa elegante, una casa, un automóvil, entre otras cosas de gran valor; cuando alguien le preguntaba dónde había conseguido tanto dinero, él simplemente contestaba que se lo prestó un amigo. 
Juan intentó encontrar al fulano que le recomendó ir a buscar al charro negro, pero nadie sabia en donde estaba, ni su esposa, ni su jefe, ni sus muchos amigos, era como si se lo hubiese tragado la tierra; la esposa de Juan y sus hijas estaban muy felices, tenían todo el dinero para cumplir todos sus antojos o caprichos y vivían muy cómodamente, con todo y eso. Sin embargo, Juan no se sentía feliz, al contrario, desde el día que conoció al charro, se sentía asechado como si alguien o algo lo tuviera en la mira para cazarlo. 
Una noche muy oscura, Juan se encontraba durmiendo tranquilamente en su nueva casa, de repente el ambiente se puso muy caluroso, se despertó y fue a abrir la ventana, pero la temperatura estaba más alta afuera que adentro, entonces cerró la ventana; al parecer esta temperatura atípica sólo le afectaba a él, porque su familia seguía durmiendo tranquilamente; Juan no sabía que esa era la última noche que estaría y podía ver a su familia. 
Al regresar a la cama, escuchó que alguien llamaba a la puerta, un miedo muy profundo se apoderó de Juan, no sabía a qué le tenía miedo, pero presentía que una gran catástrofe iba a ocurrir, porque en primer lugar nadie llama a esas horas de la noche; la persona que se encontraba afuera volvió a golpear la puerta esta vez más fuerte, Juan se acercó muy lentamente a la puerta y giró con poca fuerza la perilla de la puerta y de repente vio… justo a unos cuantos centímetros de distancia frente a él, al charro negro con un aire amenazador. 
Nada más por ver al charro negro, Juan sintió desmallarse, pero resistió, sabía que aquella persona o criatura venía a cobrar su deuda; el charro señaló a la familia de Juan, entonces éste se arrodilló suplicante, comenzó a rogar y a llorar diciendo: llévate lo que quieras pero por favor no te lleves a mi familia, son lo que más quiero; llévame a mí, pero a mi familia no por favor; al charro de sus ojos salía fuego y con aspecto más espelúznate y amenazante se le acercó y le dijo a Juan a quien se le heló la sangre: Conque no quieres entregarme a tu familia, bueno pues ahora verás y el charro comenzó a reír de forma siniestra y desapareció; Juan se levantó rápidamente, se quedó por un momento esperando a que el charro volviera para matarlo, con sus esqueléticas manos pretendía arrancarle el corazón, pero lo sucedido a Juan, fue mucho peor, cien veces peor. 
Juan en pie alcanzó a escuchar a lo lejos unos lamentos que parecían de almas perdidas pues no tenían nada de humanos aquellos ruidos, más bien parecían fantasmales; al instante cerró la puerta, pero los espíritus la atravesaron, parecía que flotaban con grandes garras y un rostro espantoso, pero no tenían brazos, ni pies y su aspecto era casi transparente. Juan intentó correr pero los espíritus lo atraparon y comenzaron a rodearlo y girar a su alrededor como un tornado, de este modo le fueron quitando la vida; primero su piel comenzó a quemarse hasta quedar sin piel, luego sus ojos comenzaron a derretirse por el calor hasta quedar ciego, por dentro sus órganos también ardían hasta desaparecer por completo, sus tejidos y ligamentos junto con sus músculos, fueron quemándose hasta quedar en cenizas, en fin, Juan quedó completamente esquelético. Juan gritaba de dolor y de miedo, pues el dolor tan intenso que Juan prefería que alguien le cortaran los brazos y las piernas o que alguien le sacara las tripas, todas las torturas ideadas por el hombre resultaban muy dulces en comparación con ese dolor; en sus últimos instantes, vio pasar delante de sus ojos, el trayecto de su vida, desde cuando vivía con sus padres, cuando se casó, cuando nacieron sus hijas, cuando hizo muchos amigos; en los últimos segundos se dio cuenta de que lo tenía todo para ser feliz, a pesar de no ser rico, a pesar de no tener muchas cosas. 
Entonces Juan sintió algo que sienten muchos condenados a la hora de morir, el ¨arrepentimiento¨, a lo largo del lugar se escuchaba a alguien riendo y disfrutando del dolor de Juan, era la misma risa del charro negro; a pesar de todo Juan se sintió feliz porque todo acabaría pronto para él, pero lo que no sabía es que a donde se dirigía nunca podría descansar en paz, finalmente el cerebro de Juan se consumió, ya no razonaba pero sí sentía. 
Los demonios lo tomaron de ambos brazos y lo sacaron afuera de la casa a poca distancia de allí comenzó a abrirse una grieta de donde emanaba una gran cantidad de fuego, el calor de ese lugar era mil veces más intenso al que Juan había sentido cuando murió; cuando iba entrando a la grieta comenzó a gritar, pero ni sus gritos, ni sus lamentos eran escuchados, todo parecía indicar que lo sentido antes era sólo el comienzo, entonces Juan entró a la grita y esta se cerró rápidamente. 
Al día siguiente su esposa se levantó un poco tarde, hacía años que no dormía tan tranquila y profundamente como aquella noche, al salir de la cama notó que había una gran cantidad de cenizas por toda la casa, pero no le dio mucha importancia, comenzó a buscar a Juan pero, nadie nunca más, volvió a saber nada de Juan.


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