domingo, julio 14, 2019

EMPLEOS PARA EL BUEN HUMOR

Seguramente a todos nos agrada que nos brinden una sonrisa cuando acudimos a comprar algo al súper o recibimos algún tipo de servicio. Aún que la modernidad actual exige el uso y en ocasiones, el abuso de las máquinas expendedoras de productos o servicios, nos resignamos pero no aceptamos del todo, ser atendidos por un conjunto de fierros, plásticos, cables, transistores y demás, convertidos en un robot capaz de vendernos algo y hasta de robarnos (las famosas máquinas tragamonedas, que sí se las tragan), y ni a quien reclamarle. 
Las sonrisas en los empleados humanos (que por fortuna seguimos siendo mayoría) es algo muy agradable para las inmensas mayorías cuando las recibimos y suelen ser el factor decisivo para determinar a dónde acudir para alguna compra o algún servicio. Nos gusta ir a donde nos tratan bien, y eso no tiene nada de raro. 
Desde luego que hay muchos tipos de sonrisas; algunas son sinceras y se notan, otras son quizá por obligación (tiene que sonreír aunque por dentro esté que se lo lleve la tía de las muchachas), otras sonrisas son más falsas que un billete de a 7.50, pero aún así son agradables y otras son tan disimuladas que ni se notan y algunas en cambio son tan discretas, pero tan discretas, que ni se ven (tal vez porque la persona simplemente no sonrió). Ya ve usted que hay un lado oscuro de la luna y nunca lo veremos; este asunto de las sonrisas en los empleos también tiene su lado oscuro, pero éste sí puede verse: no importa en qué consista nuestro empleo, la sonrisa es casi un requisito indispensable, al menos para el personal que atiende directamente a clientes. Pero surge una pregunta: ¿todos los empleos son propicios para la sonrisa franca y sincera? 
Yo creo que no, pues hay muchas ocupaciones que al desempeñarlas, las condiciones no son exactamente propicias para generar sonrisas sinceras. La leyenda dice que las hienas, esos seres carroñeros y feroces de origen africano, ríen de todo. 
Bueno, en realidad sus sonidos de comunicación pueden semejar la risa humana, pero de eso a reír es otra cosa. Bueno, el caso es que alguien preguntó: si las hienas viven dos cuadras adelante de la fregada, en un calor peor que la fregada y se alimentan de carne echada a perder, entonces ¿de qué se ríen las hienas? Veamos un ejemplo: 
Las personas que cobran en las casetas de peaje de las autopistas (que en su mayoría son mujeres, benditas mujeres); en un espacio rectangular de no más de tres metros cuadrados, cuyo único acceso abierto es la ventanita por donde atienden al usuario y reciben el dinero del pago, se pasan ocho y hasta dieciséis horas (cuando doblan turno) dentro de ese pequeño cubículo soportando las inclemencias del tiempo. 
Si el calor es muy intenso (no tienen protector que les produzca sombra) parece que estuviesen en un horno a fuego lento; si es tiempo de fríos (que por estos rumbos suele ser muy generoso) parecieran estar dentro de un refrigerador hasta que un clemente rayito de sol caliente un poco su ambiente. Se puede considerar que su trabajo básico es rutinario y de poca variante, pues se trata de ver cuántos ejes tiene el vehículo, marcar, emitir el boleto y cobrar. Así todo el turno. 
Esto lo puede convertir en un trabajo tedioso. Generalmente todo el turno, en ese cubículo no hay sino una persona, de manera que ni con quien platicar, pues no se permiten los aparatos de comunicación (celulares, pues) de tal forma que si el tráfico es de poco aforo, es aún más tedioso. Como manejan valores en efectivo y otros dispositivos electrónicos el riesgo de faltantes es muy alto, pues una equivocación en la percepción, un error de dedo o una falla en el sistema cibernético (que las suele haber; las computadoras no son perfectas), afecta directamente a su bolsillo, pues cualquier falla la tienen que pagar. No hay otra opción. 
Añadiendo a todo lo anterior, un factor que limita considerablemente la producción de sonrisas es el estrés constante ante el trato recibido por muchos de los usuarios que, consciente o inconscientemente, suelen tener actitudes muy molestas e indignas para el personal que les atiende en el cobro; los hay de muchos tipos: los galanes que ante una muchacha hermosa (que por estas latitudes las hay en abundancia) se sienten con derecho de hacerse el conquistador y lanzan piropos, a veces ingeniosos pero la mayoría de las veces, más bien groseros. Hay usuarios que tratan de hacer trampa y no pagar, no considerando que si lo logran, no dañan a la compañía sino al pobre empleado que tendrá que pagar el coste del peaje. 
Y los ingresos no son así como muy abundantes y quizá el salario no compensa los riesgos y molestias. Asimismo, hay un montón de transportistas (no todos, afortunadamente), que son francamente groseros y hasta agresivos. No respetan la dignidad del personal y menos, si es cajera; ahí hasta con groserías de tipo alburero o de plano grotesco, les agreden verbalmente, con la consecuente molestia y enojo de quien recibe las ofensas. Las quejas (justificadas o no) de los conductores casi en su totalidad, se las manifiestan a los cajero/as . Más estrés. Y si a todo lo anterior le añade un posible ambiente laboral que no sea precisamente compañerismo solidario, sino que las envidias se manifiestan, ¡pos ya estuvo que van a sonreír¡ 
Amigo lector, si su trabajo no es de los que evitan la sonrisa, felicidades; sonría. Y si es usted usuario de alguna autopista, regale a quien le atienda en la misma, su comprensión y una gran sonrisa y lo más probable es que a cambio reciba otra sonrisa. No cuesta nada y vale mucho.

Gonzalo “Chalo” de la Torre Hernández
chalo2008jalos@hotmail.com
Jalostotitlán, Jal. a 6 de junio de 2019

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