domingo, septiembre 08, 2019

OJOS AZABACHES

-Esta historia no es muy placentera, el olvido y el temor es su sello. Hace años, había un barrio en las afueras de la ciudad que era muy conocido por la vitalidad que existía en él, los niños jugaban en las calles, y la gente y los vecinos eran muy buenos amigos, excepto una casa, era la última de la calle, esta se encontraba entre árboles altos, caminos viejos y descuidados, todos los niños tenían prohibido entrar, y la gente mayor jamás hablaba del tema, excepto el pequeño Thomas. Thomas era un niño curioso, hacía preguntas sobre la vida que nadie se atrevía o que a la gente mayor le parecían extrañas y algo perturbadoras a él no le interesaba el mundo exterior, ese donde todo era muy feliz y algo sumamente común, la cotidianidad y las explicaciones sin sentido no le parecían sorprendentes, se había vuelto una locura para él la intriga de no saber qué pasaba en esa casa, si estaba abandonada, o si alguien muy gentil vivía ahí y era un marginado que la misma gente había obligado a esconderse porque eran poco amables y lo hacían sentir mal por no invitarlo a jugar o entablar conversaciones de adultos. O quizá no era un niño, ni un viejo, tal vez no vivía nadie y sólo eran calumnias de la gente adulta. 
Una tarde el pequeño Thomas paseaba en su bicicleta por todas las calles del barrio, calle tras calle hasta que en el momento menos acordado ya se había alejado bastante, paró y miro a su alrededor, se dio cuenta entonces que se encontraba en el camino que daba a la casa prohibida, miró el camino y regresó la mirada a la casa, dándose cuenta que estaban algunas luces encendidas decidió bajar y caminar hacia la ella. 
Al llegar, se dio cuenta claramente que la casa estaba muy vieja, era grande y blanca, tenía varias ventanas amarillentas y llenas de polvo, tenía tiempo descuidada pues en la fachada la coloración variaba de tono y se notaba la madera corroída. Thomas decidió entrar y dar fin a sus dudas. 
Al abrir la puerta esta rechinó, quedó atónito por lo que veía, todos los muebles estaban cubiertos con sábanas blancas y llenas de polvo, candelabros y lámparas llenas de telarañas, la casa era muy grande por lo cual se comenzaban a producir ruidos de madera que rechinaban, las aves entre los árboles, todo ruido emitido parecía tener sentido hasta que logró dar con la habitación que tenía la luz encendida, antes de entrar al aposento se escuchó cómo alguien se sentó haciendo rechinar la madera de una mecedora lentamente, Thomas no acostumbraba a dejarse apoderar del miedo pues para él todo tenía una explicación, incluso lo poco común, giró la perilla y abrió la puerta lentamente preguntando si podía pasar, nadie contestó, entró y vio a un anciano mirando hacia la ventana con un bastón en la mano izquierda, ropa vieja, y un sombrero negro que tapaba la mitad de su cara. -Hola- dice Thomas con voz tímida- He visto la puerta abierta y he tomado la confianza de entrar pues creí que no estaba habitada, espero no haberle causado disgusto alguno. 
- ¿Qué es lo que quieres niño? – Pregunta el viejo con una voz grave y poco amigable. 
- ¿Quién es usted y a quién espera, está solo? Se quedó inmóvil dejando de mecerse mientras apretaba con su mano el bastón, después de un profundo silencio decidió hablar. 
-Verás, no hay mucho qué contar… 
Los recuerdos se han vuelto helados y el tiempo tiene una sonrisa rígida para mí, me he sentado en esta mecedora durante 70 años, un hombre incapaz de sostener un recuerdo en la memoria sobre quién es, es un rotundo fracaso, hace tiempo que olvidé a quién espero, sólo se me ha dado una tarea para poder escapar de aquí niño. Y tú me puedes ayudar. 
- ¿Qué es lo que tiene que hacer? El viejo levanto la cara dejando ver unos ojos negros azabaches y una sonrisa siniestra: 
- ¡Esta casa está maldita, no debiste entrar! Hace 30 años tuve un infarto mientras esperaba aquí sentado por alguien, quedé condenado por algo que no he podido recordar, mi sentencia fue quedarme encerrado en esta casa hasta que un alma limpia de pecado entrara voluntariosamente para poderla ofrecer como sacrificio… Thomas quedó helado errando así en todas las posibilidades de escape en que pensaba, trató de correr, pero al llegar a la puerta y mover la perilla desesperadamente esta no abrió, miró hacia atrás, ya era demasiado tarde. 
Thomas fue anunciado como desaparecido, encontraron la bicicleta y al entrar a buscarlo a la vieja casa del barrio nadie había podido encontrar nada más que muebles cubiertos de sábanas y polvo en todas partes. Años después las luces de la casa volvían a encenderse y una silueta pequeña se veía en la ventana del segundo piso, esperar era la única tarea.

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