domingo, septiembre 08, 2019

PENSAMIENTO ANIMAL

Javier Contreras

Aquella persona estaba parada frente a mí y yo le invitaba a dialogar y a formar un equipo de trabajo que nos beneficiara a ambos; pero ella me miraba como tomándome la medida y ubicándose de si yo era un peligro para ella o me podía devorar. En ese momento me di cuenta, de que nunca íbamos a poder trabajar juntos, porque esa persona no estaba hecha para laborar en equipo, puesto que tenía un pensamiento depredador, o sea, una forma de pensar a nivel animal: algo parecido a como “piensan” los peces y las serpientes. 

No se puede uno imaginar a un pez o a una víbora pensando en hacer equipo con otra; animales más evolucionados, como los lobos o los delfines, trabajan en equipo para obtener mejores resultados que si trabajaran por su cuenta; pero las serpientes y los peces, cuando ven a una semejante frente a ellas, nunca piensan en la posibilidad de trabajar en equipo, porque su pensamiento es muy limitado; su capacidad de razonamiento sólo llega a dos opciones: si es más grande que yo mejor huyo porque me come, si es más chico que yo, me lo como. 

Este es el nivel de pensamiento de los racistas, de los supremacistas blancos, de los ladrones, de los secuestradores, etc.; ellos no alcanzan a pensar, que trabajando junto con otros, lograrán mejores resultados, y a la larga vivirán mejor; ellos jamás ven a los demás, como posibles aliados, sino como competidores a los que hay que superar o a los que hay qué temer, (aunque se finja que no hay temor y este se oculte tras un disfraz de un poder que no existe); nunca ven la posibilidad de lograr mejores resultados trabajando juntos, sino que siempre están pensando que si no se comen al otro, este los devorará primero. Es, tú o yo; nunca nosotros. Esa es la raíz básica de todo delincuente: pensar que el otro es alguien, que si no le pegas primero, entonces él te pegará a ti; y creer que los demás nomás están pensando en lastimarte, por lo tanto son tus enemigos: y por ello no ven moralmente malo el lastimarte. 

Los supremacistas blancos en USA, temen el incremento de alguna minoría, porque nunca se imaginan que los tendrán como aliados o compañeros de vida, sino que como los han tenido siempre como un subconjunto de ellos, se imaginan que si una minoría alcanza el estatus de mayoría, automáticamente se invertirán los papeles y la minoría creciente les impondrá su estilo de vida; y ellos serán en lo sucesivo un satélite del nuevo “poder social”. Y es esa imposibilidad de ver a los demás como potenciales aliados, y el temor a ser dominados por los demás, lo que les impide entender una posibilidad de diálogo en condiciones de igualdad. 

Con estas personas nunca podrás platicar; parecerá que conversan juntos, pero estarán fingiendo escucharte y pensando en cómo comerte. Parecerá que te entiende lo que dices, y que dicen que sí o no a tus argumentos, pero en el fondo, ellos te estarán midiendo, y comparándose contigo y buscándote el lado débil por el que te pueden superar. Tú estarás creyendo que propones una idea y que el otro la analiza; pero aquel ya tiene un juicio previo sobre ti, y ya no escucha nada de lo que dices, sino que finge escucharte, pero nada de lo que dices lo hace modificar la opinión que ya tiene ti; porqué no te está escuchando, sino que el pensamiento fijo y previo que ya tenía sobre ti, lo hace que, independientemente de lo mucho que le digas, siempre seguirá pensando lo que pensaba antes de que te oyera hablar. 

Este pensamiento animal se da en casi todos los ámbitos del desarrollo humano, pero se nota más en política, porque es un ámbito en donde por excelencia conviven los seres humanos y siempre hay un trasfondo de lucha por el poder en la supuesta convivencia; en algunas personas siempre existe la lógica de imperar sobre otros, imponer el propio punto de vista; o de cuidarse del otro, del que siempre se espera que se quiera aprovechar de ti. 

En la sociedades en las que se da mucho este pensamiento: son sociedades atrasadas, pobres y desorganizadas; que tienen poca solidaridad entre ellos y cada quien se rasca con sus uñas y donde impera la ley de la selva: siempre el pez más grande se come al más chico; donde no haya instituciones que efectivamente hagan valer el derecho del débil sobre el fuerte. En estos pueblos, si pretendes que se aplique la ley, habrá un gran número de personas que no la querrán obedecer, porque partirán del supuesto de que “otros”, que se hacen los vivos, se quieren aprovechar de ellos; y siempre verán a la policía, como un agente represor, al servicio de los poderosos; y por ello se sentirán avalados para no obedecerla… y festejarán al que la combate… Y con esto incentivarán el surgimiento de los criminales, de las pandillas, de las mafias, del crimen organizado, etc. El pensamiento imperante hace consentir al que hace mal, que él no es malo, que los malos son los que lo quieren devorar y que los que delinquen, sólo son gente que se defiende como puede, de “los verdaderos malos”; como consecuencia de esto, el tipo se pretende imaginar a sí mismo como un “luchador social”… como alguien que lucha por el bien… Hágame usted favor! 

En estas sociedades será fácil el surgimiento de políticos que le abonen al pensamiento animal, y le digan a la gente, que sí, que “los poderosos” se quieren aprovechar de ellos, que “los poderosos” son corruptos y malos y que sólo el “líder” se preocupa realmente por ellos; y la conclusión es: voten por este “líder”, que los va a salvar de “los malos” que los quieren devorar. Con lo que se consigue una división de la sociedad entre buenos y malos y lograron el principio básico de la ruina de cualquier sociedad: la división. De ahí en delante nadie podrá organizar a ese pueblo, pues el pensamiento dominante será que el que pretende hacer algo por los demás, es un “listo” que algo quiere para sí mismo, para aprovecharse de los demás y que los que lo secunden son “tontos” que se han dejado manipular, y que no son capaces de adivinar las “verdaderas intenciones” del otro.

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