domingo, septiembre 08, 2019

“YO ME HE LLEVADO TU QUESO”

Voy hacer una breve descripción del libro mencionado de Darrell Bristow – Bovey confieso que lo que más me llamo la atención fue el subtítulo del libro; “El manual de autoayuda para los que no quieren ayudarse”. Las librerías lucen inundadas de libros de autoayuda y de superación personal, este material te obliga hacer las cosas por ti mismo, tienes que leerlos y acordarte de cada uno de los pasos que ellos te proponen, hasta ponerlos en práctica pero este libro promete como mejorar sin tener que mover un dedo. Es más no siquiera es necesario leer el libro, (ya lo hice por ti) bastaría con solo tenerlo en tu librero o a la vista. 
El libro ha resumido las lecciones de cientos de manuales de autoayuda, lo más importante de leer este artículo es que aprenderás algunos de los trucos que encierra la cultura de la superación personal o de los manuales de autoayuda para que además de que se llevaron tu queso no se vayan a llevar también tu cerebro. Yo me he llevado tu queso, no es otro manual de autoayuda, ya que muchos de estos manuales acaban con la autoestima de cualquiera o del más avispado en las artes de la superación personal, son como las dietas o la suscripción a un gimnasio fingen que pretenden ayudarnos pero al final se ríen de nosotros. 
Nos llenan de esperanzas y promesas, pero al final nos dejan deprimidos y con los nervios hechos polvo por los pobres resultados. Los manuales de autoayuda no funcionan por una razón muy sencilla: porque esperan que el lector haga todo el esfuerzo, por mucho que prometan que es fácil, que no cuesta mucho, todos los manuales de autoayuda parten de la base de que el lector se esforzara. Los autores de los manuales siempre olvidan que si fuéramos capaces (o tuviéramos las más mínimas ganas) de hacer esas cosas que nos aconsejan, no necesitaríamos comprarnos esos libritos. 
Todos los autores nos venden la idea de que les estamos comprando sus secretos en esos libros maravillosos que ellos mismos escribieron y ahora proponen como una solución mágica, pero en muchas ocasiones leyendo sus libros no logramos captar lo que prometían así que en la práctica todo sigue siendo igual. A la mayoría de las personas no nos apetece esforzarnos por convertirnos en mejores personas, cuando tenemos un problema y nos damos cuenta, generalmente ya es tarde para remediarlo y por lo tanto hay que volver a empezar. Hay un grupo considerable de personas que no quieren hacer ningún tipo de sacrificio, para conseguir una barriga más plana o un espíritu más satisfecho. 
Este tipo de personas solo quieren que se les deje en paz, comer bien, vivir bien y hacer el amor con gente guapa, aunque tengan que pagar por ello. Su intención es llevar tranquilamente la evolución natural de la especie. Este manual fue creado para gente que no quiere esforzarse, todo el libro se resume en la siguiente mantra: “todo se puede fingir”. Los súper ocupados no tienen ni la más remota idea de lo que cuesta no hacer nada. Hoy en día existe más presión que nunca para mejorar: para parecer más guapos, meditar más, beber menos y elevarnos a la altura de los ángeles. No tienes por qué ganar un maratón, ni encontrar a Moby Dick, la verdad es que no es preciso que consigas nada en la vida: sólo tienes que saber fingirlo. Tomemos al amor, como sensación de calorcito, todo el mundo busca amor, o como mínimo algo que lo alivie, esa comezón, tal como dice la canción el amor es una cosa maravillosa, el amor es bueno todos hablan bien de él, especialmente Shakesperare. Sea como fuere el amor puede ser muy beneficioso, ya que él nos mueve a rechazar esa última copa antes de conducir, y además según los expertos, el sentimiento amoroso ayuda a reducir el nivel de colesterol. 
No se puede negar que el amor también tiene efectos perjudiciales, puesto que ha inspirado muchas canciones de banda, (donde cualquiera canta) y de una gran cantidad de artistas del gremio grupo que se dicen cantantes, que van por todos lados torturando a los oyentes y salpicando su dolor de sus amores no correspondidos, también es responsable de los abogados especializados en divorcios, de las tartas de seis pisos y del día de San Valentín, pero no nos detengamos en lo negativo del asunto, total el “Piojo veloz” vivirá en el corazón de todas aquellas personas que le encuentran algún deleite a la banda. 
Lo más difícil del amor es encontrar a alguien que te deje darle un revolcón y susurrarle tonterías al oído. Este ha sido el problema de los seres humanos durante siglos, para las mujeres siempre ha sido difícil, ya que a lo largo de la historia han tenido que gritar socorro en torreones medievales, pasar miedo en cuevas de dragones o desnudarse en tugurios de mala muerte a la espera de que las rescatara un príncipe azul, un caballero andante o un acaudalado ejecutivo japonés. Sin embargo, también resulta complicado para los hombres, sobre todo para los que como yo, no somos caballeros andantes ni acaudalados ejecutivos japoneses y mucho menos un príncipe azul. 
En lo que respecta a buscar pareja, las recomendaciones han sido muchas y muy variadas a lo largo de la historia. La lista de los requisitos para que el hombre pueda conquistar a una mujer se ha incrementado con el paso de los años, desde un simple traje medieval de caballero andante hasta un Ferrari en nuestros días. 
Y eso se debe a que las mujeres se han vuelto más exigentes, ya que si observan un poco los tipos impresentables y repugnantes que se ven en los brazos de las chicas despampanantes, esas mujeres apenas les piden nada a esos hombres que seleccionan de manera inexplicable. La relación entre mujeres y hombres es muy confusa, por lo tanto escucha mis palabras: en vez de intentar mejorar, cosecha los beneficios de dejar que los demás lo hagan. Cultiva una mirada cómplice, la sonrisa misteriosa y el ceño fruncido de forma repentina, como si recordaras palabras oídas hace mucho tiempo de boca de alguien distinto. Conseguir una pareja no es tan difícil como conservarla. 
Debes tener cuidado cada temporada aparecen nuevos métodos y manuales, en este momento está de moda (Mentalidad de Tiburón), que te ofrecen soluciones mágicas como el feng – shui, lo curioso es ¿Quién dice que los orientales sean expertos en conseguir el éxito a través de la decoración? Llamo “la moda del perdedor” a la reciente obsesión de admirar a los perdedores de la historia. 
Hoy en día la gente ensalza cualquier mezcolanza de creencias, siempre y cuando provengan de los Incas, o de los Estruscos, o cualquier cultura que haya desaparecido de la faz de la tierra sin apenas dejar rastro. No lo entiendo. Sea cual fuere el encanto misterioso de estos pueblos, la verdad pura y dura es que perdieron la partida. No cabe duda, en la gran partida de la historia sacaron la carta más baja. A ver, díganme, aparte de la cocaína y el sacrificio humano ¿Qué nos pueden enseñar los Incas? ¿a ser conquistados por una cuadrilla de españoles barbudos? Si esas civilizaciones eran tan avanzadas, ¿Por qué demonios se extinguieron? Construir pirámides en las selvas está muy bien, pero les habría ido mejor si hubieran descubierto la rueda, ¿o no? (Soy consciente de que la historia da muchas vueltas y que un día cambiará nuestra suerte. 
Quién sabe, quizá la cultura occidental quedará eclipsada por el renacimiento de las comunidades de Burundi o Papúa Nueva Guinea. Me parece bien, pero al menos yo no espero que la eufórica población papú se ponga a escribir libros nostálgicos recordando que, a principios del siglo XXI, los pueblos occidentales inventaron los reality shows y adoraron a la diosa Christina Aguilera). Actualmente los perdedores du jour son los mayas. Uno no puede ni tomarse un cortado en el café-librería más próximo sin toparse con gente hojeando el último libro sobre la sabiduría de los antiguos y nobles mayas. ¡Oohh, pero qué listos eran y qué vida tan comunitaria llevaban! 
Qué edificios tan maravillosos construyeron y qué bien se les daba medir el tiempo. ¿Sabíais que fabricaron relojes de sol y descifraron los movimientos de las estrellas? Pues claro que descifraron los movimientos de las estrellas. ¿Qué más podía hacer un pobre maya por la noche? ¿Ver la tele? ¿Leer un libro?

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