sábado, febrero 01, 2020

En San Miguel el Alto: Las Brujas de la Cantería

Por Rafael Aguirre Martín
2º.semestre de Lic. en Contaduría Pública

"Rescate cultural de leyendas” 
 Las narrativas, descripciones, historias, relatos y/o leyendas que aquí se publican, son algunos productos de aprendizaje del curso-taller “Expresión Oral y Escrita” que imparte el Mtro. Pablo Huerta Gaytán a estudiantes del Centro Universitario de Los Altos, de la Universidad de Guadalajara. En algunos casos, en el texto se mezclan la imaginación, realidad y ficción para, a partir de la leyenda, llegar incluso al cuento.

Esta leyenda, un poco de tipo urbana me la contó mi abuela. Ella se expresaba en términos y al estilo propios de cómo eran los miedos y mitos de nuestros antepasados; para mí significó mucha la satisfacción de tener la dicha y poder escuchar algo así de mi abuela, puesto que somos ajenos y no podíamos estar juntos mucho tiempo, sin embargo, fue un momento agradable porque discutimos temas en torno a la misma leyenda; incluso de cómo eran los miedos de las personas de antes. Igual para los lectores, lo voy a dejar a su disposición, juicio y discreción sobre esta leyenda que, espero sea de su agrado. 
“Sin Dios y sin Santa María, desde aquí hasta la cantería” 
“Sin el señor San Miguel, que se cuide todo aquel” 
-¿Vamos al Barrio de la Cantería a seguirla? 
-Decía con voz firme don Cleto mientras terminaba de echarse un “caballito de tequila”, alentando a un grupo de individuos que estaban con él en la cantina para que lo acompañaran; ya que a él solo, le daba miedo salir a esas horas. 
-Se animan ¿o qué? Va a estar bueno el bailongo, allá andan las guapísimas hijas de Don Serapio. -Mira Cleto, ya es muy tarde, casi son las dos de la mañana, y la verdad, con eso que dicen que por allí hay muchas brujas, mejor nos vamos a dormir. 
-¿Y a poco les tienen miedo? bola de collones. 
-Jaja jajaja jaja, el miedoso eres tú, por eso quieres que te acompañemos, pero ya te dije, yo no te acompaño, con lo que pasó hace días por ese barrio y con lo que me contaban mis padres, ¡ni maíz!, que te vaya bien. 
-¿Pues qué pasó? o más bien, comienza con lo que a ti, te platicaban. 
-Mira Cleto, platicaban nuestros padres que por la “Cantería Vieja” asustan, se dice que por las noches echan vuelo las brujas de ese barrio, y que las ven cuando se elevan a los cielos a eso de la media noche, y llevan una linternilla, con un aparato de petróleo, con lo que hacen un ruido espeluznante, parecido al de tijeras rechinando, cuando tienen buen rato volando se convierten en bolas de fuego, y estas ruedan cuesta bajo por los callejones y otras por la calzada hasta el río, y al cruzarlo, se convierten en lechuzas grises. 
-¡Ah caray! Con razón desde allá, de mi casa en el Agua Caliente, hay veces que oigo ese rechinar de tijeras, tan espeluznante y en las noches más obscuras es cuando se escucha más intenso ese ruido. -Vieras Cleto que nomás andan por estos barrios, de aquí se van rumbo al “Cerrito de Cristo Rey”, y de allí se brincan al cerrito del Pandillo, donde dicen y aseguran que estas brujas hacen sus misas negras y extraños hechizos. 
-Ya ni la amuelan que ya se me está cebando el bailongo, ¿y qué fue lo que pasó hace días? 
-Espérense, déjenme platico completo el asunto, antes de que se les ocurra irse a estas horas a ese barrio. Miren y oigan bien, dicen que después de que se convierten en lechuzas, estas se postran arriba de los mezquites que se ven por la orilla del río y de los callejones que hay en la “Cantería Vieja”, dizque para atacar a los que por allí transitan a deshoras de la noche; se dejan ir directamente al rostro, y ferozmente atacan con sus fuertes garras, uñas y filoso pico, para sacarles los ojos. Aunque también se les ha visto que salen de la antigua boca de la mina que está ahí junto al viejo callejón que iba a Jalostotitlán, éstas se observan en forma de grandes bolas de fuego que se dirigen por doquier a deshoras de la noche. ¡Ah! Y no nomás eso, también se ven azoros y entes sobrenaturales como sombras, duendes y extrañas luces por todo este lugar. 
Y lo que pasó hace días a Don Nico en la huerta de verduras, que está allá para el puente viejo ¡estuvo de terror! Se levantaba muy de madrugada para empezar en su labor de las hortalizas, cuando de repente vio una extraña luz y comenzó a escuchar aquel sonido espeluznante del rechinar de tijeras; por el susto, fue y sacó su escopeta del pequeño cuartucho que tenía allí, en su cementera, y que le suena tremendo balazo, se escuchó un alarido y cayó al piso en forma de lechuza, a la que rápidamente la cubrió con una canasta, él continuó con su trabajo mientras escuchaba cómo se quejaba aquel animal. 
Despuntando los primeros rayos del sol, ya no escuchaba los lamentos del animal, pero él seguía concentrado en su trabajo, a eso de las nueve de la mañana, fue a asomarse para ver si ya se había muerto la lechuza. 
¡Oh sorpresa! Al levantar la canasta se asustó muchísimo, porque dentro de ella estaba un hombre a quien conoció inmediatamente porque éste vivía allí, en el barrio de la Cantería; era de los pocos indígenas que quedaban en San Miguel y era conocido como yerbero y alfarero. 
Don Nico muy asustado con lo que observaba lo amenazó con su carabina, pero aquel personaje asustado, le decía que si le perdonaba la vida y no contaba lo que había visto a los demás, el prometía retirarse de brujo. 
-¿Oyes Cleto y por qué hay tántos brujos allá en la Cantería? -Mira, en este barrio se cuenta que fue donde quedaron la mayoría de indígenas luego de suprimir el título de pueblo de indios, después de la independencia; y por las tumbas que allí se encontraron, parece que desde tiempos inmemorables, este lugar estuvo habitado por ellos, quienes eran muy dados a la hechicería. -¿Y por qué se convierten en lechuzas, Don Cleto? 
-Existe una creencia o mito prehispánico que los antiguos habitantes de este lugar, adoraban a un dios llamado “tlacatecolotl” (búho racional) divinidad maligna, anunciadora de desgracias. Es por eso que en esta mitología, existen los chamanes que se convierten en animales especialmente en lechuzas y coyotes. 
-“No pos está de la jodida”, mejor vámonos a dormir, no vaya ser que ahorita que vayamos para nuestra casa, nos salgan las brujas de la Cantería, y yo que creí que no existían, pero como dijo el Sr. Cura: “Miren Hijos no hay que creer en las brujas, pero de que las hay, las hay, de eso no queda ni la menor duda”.

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