sábado, febrero 01, 2020

La carta que nunca leerás

Desde que te fuiste, nada ha vuelto a ser lo mismo, la lluvia ha oxidado las jaulas de tus pájaros, tres de ellos se escaparon y los dos que quedaban dejaron de comer y murieron, empiezo a creer que sólo te quieren a ti. 
El abuelo adelgazó, todo el día escuchamos a Beethoven y la orquesta de Viena, en cada rincón de la casa parece que hay un músico, dice que su alimento es la música, creo que también extraña tu comida, me preocupa porque ya sabes ¿no?... 
Lo que pasó con tus pajaritos. La vecina chiflada no ha cambiado mucho, sigue regando su pasto 5 veces al día, hay veces que lo pen…sativo no se compone ni con el tiempo. 
Hace días fui a tu casa, antes de entrar te imaginé parada en el balcón recargada en el barandal con tus brazos, mirando con una sonrisa, como si estuvieses guardando el momento en una película mental, como yo. Entré y efectivamente, no te habías ido, seguías en cada cosa que hay ahí, ahora el que cocina es el abuelo, pero creo que también está un poco chiflado, ¿Puedes creer que le puso piña a los frijoles?, extraño tu comida. 
En el contacto cotidiano con mujeres, hombres y niños he podido ver algo de ti en ellos, como si trataras de hablarme, de evitar que te olvide, claro que no es posible porque nunca te vas. Los pronósticos sólo hablan del mal tiempo, pero no la voluntad de la vida es más fuerte que ellos, como tú. 
Y yo por lo visto sólo he compartido tu coraje, como comparto tu luz y parte de tu sonrisa, he tratado como todos en la familia de tener tu enamorada vivencia, del sol, del mar, de la esperanza y claro, del mal tiempo. Vivir todavía más intensamente, como te gusta. Todavía hay cosas que no comprendo, pienso en el abuelo y veo que este valor que me dejaste a mí para vivir es ahora el valor que a él lo está abandonando. 
Qué cosas de la vida verdad… fíjate que es curioso cuando te das cuenta de que el mundo no se para cuando sientes tristeza, esa tristeza que te persigue cuando se sabe que jamás van a regresar los que se fueron, y uno aquí esperando como novia de rancho. 
Les regalan un viaje solitario donde uno no puede acompañarlos, pero jamás nos dicen que no regresarán, los quieres parar para que no vayan, pero deciden y se te van de entre las manos, como un hilito de agua. 
A ti te debo como lo mejor de mis años el escribir de ti, porque es traerte de vuelta y hacerte brillar de nuevo aunque el mundo tenga sus luces encendidas y no puedan apreciarte. El dolor no será nunca más fuerte que la vida que me enseñaste a vivir. 
La historia no ha terminado porque no estés. Cada gardenia guarda el perfume de tus recuerdos, espero lo sepas ahí donde estés. 

Blanca De la Torre. 
BlancaJaneth2018@hotmail.com

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