sábado, febrero 01, 2020

NUESTRA ACTITUD AL EXPONER

Una actitud negativa resulta mortalmente peligrosa para una presentación en particular. Desenvolverse con arrogancia es algo que debe evitarse a toda costa al hablar ante los demás. Podemos tener todo a nuestro favor, la mesa puesta para lograr nuestro objetivo, podemos incluso saborear la victoria, pero a final de cuentas, ser traicionado por nuestra arrogancia o presunción, quedándonos con el amargo sabor del fracaso. 
Podemos admirar a alguien por sus triunfos y logros, por una carrera respetable y reconocida, pero en el momento en que el susodicho comienza hacer un alarde desmedido de tales virtudes, el encanto se rompe, se vuelve odioso y surge la antipatía generalizada. ¿Qué ocurre después de eso? Una barrera similar a la Gran Muralla China se ha desplegado entre la audiencia y nosotros. A partir de este momento la comunicación será muy complicada. 
La primera impresión es la más perdurable y tendremos poco tiempo para revertirla. Si nos damos cuenta que hemos sido arrogantes en plena presentación, los minutos no nos alcanzaran para reivindicarnos. Lo mejor es evitar una actitud así de repulsiva desde el principio de la exposición o, mejor aún, siempre, en cualquier momento de la vida. Presentarnos como profetas, como iluminados o sabios ante los demás nos cerrarán las puertas. Hay que resistir a la tentación de jactarnos de ser expertos en el tema, aunque de verdad lo seamos. 
De ser cierto, los demás lo reconocerán sin que nosotros alardeemos. Muhammad Alí, histórico deportista, poseía grandes dotes boxísticos y atléticas, pero definitivamente también era conocido por su altanería y soberbia. En cierta ocasión, justo antes del despegue del avión en que viajaría, la sobrecargo le recordó que debía ajustar su cinturón: “Superman no necesita cinturón” dijo Alí con tono autosuficiente. “Superman no necesita avión” replico la sobrecargo. Alí ajustó su cinturón. Lo cierto es que incluso él, que sin duda era el mejor boxeador de su tiempo, tuvo que dejar de lado su arrogancia por un momento. 
Estamos ahí para los demás 
Al hablar en público es importante quitarnos ese “programa mental” que os indica que debemos dar un discurso o hablar de nosotros sin parar. Todo eso es mentira. No se trata de nosotros y de lo mucho que sabemos. No es cuestión de presentarnos como alguien más avanzado que los demás. Cuando estamos frente a una audiencia, el objetivo primordial es entender y atender sus necesidades, encontrando él vínculo que nos una. Ese vínculo es la solución que tenemos, el beneficio que llevamos, o cualquiera que sea el contexto de la presentación. 
Todo es cuestión de actitud 
Quedó establecido lo importante que resulta evitar una actitud negativa que nos sabotee. ¿Cuál es entonces la actitud correcta para desempeñarnos adecuadamente en una presentación? Los principios son los mismos que deben regirnos en la vida diaria. Esto solo quiere decir que no debemos olvidar que en nuestra exposición nos relacionemos con personas, tan influidas como nosotros por aspiraciones, sentimientos, emociones, situaciones y asuntos cotidianos. Virtudes como la empatía, la apertura de mente, la atención, el respeto, la honestidad y la humildad son deseables en nuestro desenvolvimiento frente a la audiencia. 
¿Qué transmite nuestra persona? 
Nuestras interacciones con otras personas incluyen una enorme cantidad de elementos comunicativos que la contraparte interpreta. Al hablar con alguien transmitimos mucho más que palabras. Nuestro cuerpo es una maravillosa fábrica de mensajes de todo tipo, aunque no estemos conscientes de que los enviamos. Constantemente comunicamos a través de infinidad de canales, muchos de ellos subconscientes, tanto para el que los transmite como para quien los recibe. Esta forma de comunicación, conocida como lenguaje corporal, es un código sumamente poderoso. En esa comunicación no verbal se encuentra un elemento verdaderamente humano de la comunicación. 
¡Que sí! ¡Qué no! 
Nuestra boca puede decir algo, pero es posible que nuestro desenvolvimiento manifieste una cosa completamente diferente. Imagine que alguien le dice: “Me gané la lotería. Hoy es el mejor día de mi vida, en verdad. Estoy eufórico, nunca me había sentido tan feliz”. Mientras se mantiene totalmente quieto, apenas abriendo la boca para articular palabras, con los ojos entreabiertos y las cejas inmóviles, es decir totalmente inexpresivo. Sería muy difícil de creerle que en realidad le “pego al gordo”, o cuando menos está feliz por ello. Mediante la comunicación no verbal percibimos y nos damos cuenta de muchas cosas, por ejemplo, si el otro es honesto o no, si está nervioso o incómodo, si es seguro de sí mismo, cuál es su estado de ánimo. Sin embargo, quizá lo más importante es que a través de estos medios sentimos el mensaje y así podemos interpretarlo por completo. En nuestra presentación buscamos precisamente hacer sentir a los demás, construir un vínculo sólido con la audiencia comunicando efectivamente. Al estar frente a ellos, somos el primer y más importante elemento visual. Resulta de suma importancia reconocer y aprovechar todas las potencialidades que tengamos como elementos visuales. 
Las Emociones son contagiosas 
Somos seres empáticos: esto es, somos capaces de ponernos en el lugar de otros y sentir tanta alegría o dolor como ellos. Las incontrolables señales que mandamos durante una presentación son importantes, porque nos permiten tener reciprocidad por parte de la audiencia. Como sucedería en cualquier otro tipo de conversación directa, hay acciones y reacciones en ambos sentidos. En la mayoría de los casos recibiremos lo que damos. Es un proceso de ida y vuelta constante. Si todo lo que nos envuelve pareciera gritar que estamos terriblemente aburridos, la gente reaccionaría de manera negativa. No recibirán nuestro mensaje por más que les interese el tema. Por otra parte, podemos atrapar a la audiencia aunque el tema sea muy poco atractivo si manifestamos una actitud energética, magnética e infundimos un ambiente integrador y dinámico. Las emociones se transmiten directa e indirectamente. Cuando las cosas salen mal en una presentación, la audiencia reaccionará dependiendo de cómo manejemos la situación. La energía no se crea ni se destruye: se transforma en una presentación efectiva. Cuando le imprimimos la dosis correcta de energía a nuestras palabras y nuestras acciones, las ideas que expresamos dejan huella más profunda en quienes nos escuchan. Con energía nuestro mensaje es impulsado; se vuelve creíble, toma fuerza y logra causar impacto. Pero, ¿en qué consiste transmitir con energía un mensaje? No se trata de gritar durante toda nuestra participación o gesticular en demasía. Una presentación bien llevada adapta distintos niveles de energía dentro de ella. La fuerza imprimida a las palabras es modulada de acuerdo con el momento, se les da un énfasis variable, se busca tener la capacidad de usar adecuadamente todo nuestro cuerpo para establecer el punto que queremos. Para transmitir con energía nuestro mensaje es indispensable sentirla correr por nuestras venas. Es necesario poseer la energía para poder usarla. Es muy importante estar realmente comprometidos con aquello que queremos transmitir. Hay que buscar cuáles son nuestras motivaciones más profundas y abrazarlas con fuerza para comunicar con pasión. Resulta prácticamente imposible engañar a la gente fingiendo poseer una energía que no está ahí. 
Seamos poliglotas 
Una cosa es la apariencia y otra el desenvolvimiento que tengamos frente a los demás a través del lenguaje corporal. El lenguaje corporal es precisamente eso, un lenguaje muy complicado que utilizamos de manera subconsciente a cada momento mientras conversamos con alguien. En él se muestran infinidad de sutilezas y detalles que pueden fortalecer o contradecir nuestras palabras, así que deberemos poner mucha atención en cómo nos expresamos valiéndonos de nuestro cuerpo para así controlar este “idioma”. Existen ciertas recomendaciones muy puntuales que pueden hacerse a este respecto. Si bien no se trata de mostrar un recetario, hay algunos aspectos generales en los que debemos poner atención. ¿Queremos claridad? Encendamos la luz. Primero que nada, es necesario evitar en la medida de los posible la existencia de obstáculos físicos entre la gente y nosotros.

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