sábado, marzo 07, 2020

En Capilla de Guadalupe: LAS TRES CRUCES DE LOS HERMANOS

Por Sandra Evangelina Barba García
2º Semestre de Lic. en Contaduría
Pública

El Portón de las leyendas 
Las narrativas, descripciones, historias, relatos y/o leyendas que aquí se publican, son productos de aprendizaje del curso-taller “Expresión Oral y Escrita” que imparte el Mtro. Pablo Huerta Gaytán a estudiantes del Centro Universitario de Los Altos, de la Universidad de Guadalajara. En algunos textos se mezclan la imaginación, realidad y ficción para, a partir de la leyenda, llegar incluso al cuento 

 Esta piedra se ubica en una ranchería llamada “El Cinco” perteneciente al tranquilo pueblo de Capilla de Guadalupe; la ranchería se localiza entre los municipios de Tepatitlán de Morelos y San Ignacio Cerro Gordo, Jalisco. 
Según se cuenta, tras la conquista de América, muchos hombres se dispersaban por todo el territorio
de México, pero lo que hace especial este suceso en estos lugares, es la historia de tres hermanos.
Hace muchos, pero muchos años, se encontraban y distinguían tres hermanos por los rasgos físicos muy similares entre sí: Eran de piel blanca, con ojos de color, estaban barbones, delgados, pero bien ejercitados y a ellos les encantaba vestir de una manera muy peculiar; usaban texana, vestían con camisas cuadradas de diferentes colores, cintos piteados y botas picudas; cabe mencionar que estos hermanos siempre veían por su seguridad porque cuando salían, portaban armas de fuego. 
Venían de una familia económicamente bien acomodada, estaban muy a gusto, nunca les faltaba nada y siempre tuvieron la oportunidad de darse ciertos lujos que muchas otras personas no podían, porque en general, la población era de bajos recursos. A estos tres muchachos les encantaba andar a caballo y buscaban seguir conquistando el mundo. 
Pretendían una vida de prosperidad, en la cual tendrían mucho dinero, más del que ya tenían, con base en el gran trabajo y aprovechamiento de sus tierras; eran ambiciosos, pero sobre todo, buscaban tener a su pareja ideal, una mujer hermosa con la cual poder lucirse, una mujer de esas que resaltan por su belleza, elegancia y educación, pero sobre todo de muy buen ver. 
Un día, los tres hombres venían en sus caballos grandes de color negro, con la intención de lograr todos sus sueños y metas ambiciosas que tenían, cuando de repente uno de ellos, empieza a discutir; les pregunta a sus otros hermanos la razón por la que su padre le había dejado menos herencia que a los demás, y creyó que por lo mismo, a sus hermanos correspondía que lo apoyaran en sus planes. Uno de ellos decide que paren los caballos justo debajo de un árbol y donde al lado se encontraba una piedra demasiado grande y de color arcilla. 
Se bajaron de sus caballos. Discutieron más sobre el dinero y mercancías; se empezaron a gritar, se contradicen y comenzaron a exaltarse. Uno de los hermanos, el que empezó la disputa sale de control, sacó su pistola, apuntó a su hermano sin la intención de dispararle, solamente lo quería asustar, pero la pistola estaba cargada y se le fue el disparo; al ver eso, el otro hermano le dispara en venganza por haberlo matado, sin embargo éste último, contrariado por tan dramáticos y fatales hechos, no pudo asimilarlo, pues jamás había matado a nadie, entonces, optó salir del conflicto por la puerta falsa, así que se suicidó. 
Una familia encontró los cuerpos de estos hermanos y les dieron cristiana sepultura; también se encargaron de tallar las tres cruces en la piedra, como símbolo de su muerte, en donde quedaron los cuerpos. 
Después de varios años de lo sucedido, un señor de edad avanzada pasó con sus ovejas cerca de donde ocurrió el dantesco suceso. Acalorado, a veces de día, a veces de noche, acompañado de los hijos o con sus nietos, una y otra vez, mirando las piedras, a veces sin verlas...pensaba y pensaba en el trágico hecho. 
Un día de regreso a casa, a lo lejos miró una piedra que le llamó la atención; era grande y en ella se encontraban tres hombres altos y delgados, vestidos de vaqueros. Pero estos hombres no hacían absolutamente nada, uno se encontraba tirado por un lado en la piedra, el otro parado agarrándose la cara y el otro sentado en la piedra. 
En la medida que se acercaba, poco a poco, estos tres hombres se desvanecían. Abrió muy bien los ojos; observó detalladamente la piedra y notó que tenía tres cruces talladas. Al día siguiente mandó a su hijo trabajar en la siembra de sus tierras, porque él se sentía ya muy cansado. 
Al hijo que le ayudó, le pasó lo mismo, veía a lo lejos a esos tres hombres, corrió a decirles a sus demás hermanos acerca de lo que había visto y todos también los veían, pero cuando se acercaban, desaparecían esos hombres. 
En una reunión con sus vecinos y amigos contaron sobre lo que habían vivido y visto; para su sorpresa, no eran los únicos, pues otras personas igual habían notado lo que pasaba en esa piedra. Desde entonces, aseguran que si vas por allí y pasas por donde ocurrió este terrible suceso, se llega a ver a esos tres hermanos... 
La narrativa que se da a conocer en este espacio, se redactó con la intención de rescatar parte de la cultura del lugar en que habito y contribuir así al rico patrimonio cultural mexicano. Es producto de los aprendizajes del curso-taller “Expresión Oral y Escrita” que el maestro Pablo Huerta Gaytán imparte a estudiantes del Centro Universitario de Los Altos, de la Benemérita Universidad de Guadalajara.

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