sábado, mayo 09, 2020

Las norias de Tepa

Por Juan Ángel Guerra García
2º.semestre de Lic. en Contaduría Pública

“Rescate cultural de leyendas” 
Las narrativas, descripciones, historias, relatos y/o leyendas que aquí se publican, son algunos productos de aprendizaje del curso-taller “Expresión Oral y Escrita” que imparte el Mtro. Pablo Huerta Gaytán a estudiantes del Centro Universitario de Los Altos, de la Universidad de Guadalajara. En algunos casos, en el texto se mezclan la imaginación, realidad y ficción para, a partir de la leyenda, llegar incluso al cuento. 

 Las casas del centro de la ciudad de Tepatitlán de Morelos, guardan cierta similitud en su fachada y en las formas de su construcción; algunas hasta comparten el mismo material en las paredes, porque incluso algunas de ellas son paredes “medianeras”. 
Una característica que también muchas casas comparten es que debajo de ellas se encuentran norias de agua. Según se cuenta, Javier ‘n’ una noche estaba cuidando las gallinas en su patio trasero, después de un largo día trabajando en el campo; para su sorpresa, con el rabillo de su ojo se alcanza a percatar de que, a lo lejos, en la esquina de su patio se ve una gran llamarada que poco a poco deslumbra todo a su alrededor. 
Asustado, Javier entra a su casa para buscar con qué lidiar el fuego, cuando regresa, para su sorpresa ¡no había rastro de fuego alguno! Este suceso se lo reservó para sí mismo, como si sólo hubiera sido una jugada de su mente; así pasaron los días y una tarde, el suceso se repitió, esta vez el fuego apareció de la nada frente a él, atónito, Javier fue a hablarle a su esposa, pero de nuevo al regresar, no había fuego alguno, ni rastro que dejara a su paso. 
En una de sus típicas borracheras con sus amigos que, por cierto también son sus vecinos, Javier no puede más y bajo el efecto del alcohol decide contarles por lo que estaba pasando, él creía estar volviéndose loco, su esposa lo tachaba de mentiroso y él estaba seguro de que había visto tal fuego; para su sorpresa Arnoldo, su vecino colindante, también dentro de su terreno había pasado por una situación similar, el fuego aparecía de la nada en el mismo lugar en varias ocasiones, y como para hacer caer de la silla a Javier, Armando, su otro vecino contó que pasó exactamente por la misma situación; ninguno podía darle explicación alguna sólo podían sentirse aliviados porque no estaban alucinando, ni estaban locos, pero poco a poco se llenaban de nuevo de terror ya que ciertamente a todos los que lo contaron, les pasó lo mismo. 
Pronto se dedicaron a buscar una respuesta, empezando primero por la lógica, tratando de descartar cada opción que los amigos comentaban, marcaron el lugar donde decían avistaron las llamaradas, los familiares seguían incrédulos de lo que ellos juraban estaba pasando, para suerte de ellos, una ancianita de cabello blanco que de casualidad visitaba la casa de Javier, la cual simplemente escuchó un poco de la discusión y con su todavía íntegra vista de águila, se percata que en el lugar que marcaron, primero que nada se encuentra hundido, tras inspeccionar el espacio, asiente con la cabeza y les dice a todos que allí se encuentra una “noria” 
Al día siguiente Javier se propone a descubrir lo que allí se encuentra, saca de entre sus cosas una vieja pala y empieza a escarbar; incluso, deja su trabajo del campo y tras unas horas de estar escarbando, se da cuenta de que lo que decía la vieja anciana era cierto, pero Javier no estaba preparado para descubrir lo que allí se encontraba. ¡Eran osamentas!, cuerpos humanos en su propia casa, aún más terrorífico fue cuando después de convencer a sus amigos de dejarlo escarbar en el lugar que sus amigos indicaron, encontró lo mismo, una noria seguido de muchas osamentas. 
Fue así que aterrados acuden a la parroquia, donde el sacerdote deduce que son huesos de personas partícipes de la guerra cristera; por los trozos de ropa que llevaban puesta y los cristos también encontrados, el sacerdote llega a la conclusión de que fueron llamados por esas personas a encontrar sus restos, para por fin encontrar el descanso eterno y su mérito después de participar en la gran causa de la guerra cristera, en el mismo momento se les dio santo sepulcro y el suceso no se volvió a repetir. 
¿Qué hubiera hecho usted en el lugar de Javier y sus vecinos…?

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