sábado, mayo 09, 2020

NO LO SON

Si en la primavera de mi juventud fui feliz, en el invierno de mi madurez no puedo dejar de serlo cuando se es niño la infancia y su mundo es todo inocencia contraria al recio y duro mundo de los adultos, desde entonces las costumbres y creencias han cambiado, San Juan aún con título de Ciudad desde 1869 sigue siendo un pueblo provinciano de antepasado rural. Aún recuerdo el duro trato que daban los rancheros ricos a sus peones pobres, tratados casi como esclavos. 

Maestra dijo el indio
De cara pensativa
Arrugada por el viento
Arada por el sol
¿dime por qué
Nosotros somos pobres
Y los dueños de la hacienda
¿No lo son? 

El historiador López Portillo escribió: hoy por desgracia en México país de instituciones donde se ha proclamado emancipación de los pequeños, de la tiranía de los grandes, gran número de propietarios rurales aún mantienen vivas sus posiciones de antiguos derechos de honra y de hacienda sobre sus sirvientes como si aún fueran éstos los antiguos siervos del terruño. 
Los amos se administran justicia por su propia mano, sujetan a sus infelices piones al tormento del cepo, les rebajan sus salarios les pagan con maíz o papel, los obligan a consumir los efectos que ellos venden a los precios que quieren y para colmo de la injusticia deshonran a sus esposas e hijas, llevando la desgracia al seno de la familia y a lo más profundo de su corazón. 
De los hacendados solamente quienes los han visto pueden formarse una idea del enorme prestigio del que están rodeados, en los pueblos ellos pueden ser grandes potencias que quitan y ponen a las autoridades, los mismos jueces los respetan, les temen y procuran tenerles siempre contentos, esto no significa que los quieran a menudo los aborrecen, pero lo simulan cuidadosamente para no conquistar su mala voluntad. 
Varios años después de haber comenzado el siglo XX en estas tierras la religión católica servia de apoyo al poder de los patrones, cada hacienda tenia su santo protector, su fiesta, las bendiciones, rezos y cantos litúrgicos, los toques de alba, y responsos de difuntos, las novenas, las misas, penetraban profundamente en la vida del campesino, que pagaban los servicios y cumplían con servir a Dios y sus representantes en el mundo, los Clérigos y los patrones. 
El pobre, hijo de la miseria nacía en un petate, vivía y se reproducía en el y al morir lo envolvían en un petate y era sepultado en la tierra.

Maestra dijo el indio
De cara pensativa
Arrugada por el viendo
Arada por el sol
¿Dime por qué
Nosotros somos pobres
Y los dueños de la hacienda
¿No lo son?

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