domingo, junio 07, 2020

¿DOS DIMENSIONES?

Javier Contreras

¿Qué son las dimensiones? ¿Cuántas hay? 

Algunas personas, cuando dicen estas frases, se están refiriendo a dos o más planos de la existencia, insinuando que la forma de vida que estamos viviendo nosotros, que se rige por ciertas leyes físicas, no es la única opción que existe; sino que pueden darse otras alternativas de vida, que tal vez se regirán con otras leyes físicas distintas a las que nos gobiernan. De esto que menciono, no sabemos gran cosa y no sabemos cuánto del tema al que me estoy refiriendo, entra en el campo de la especulación y cuánto hay de real en ello: simplemente es un campo tan nuevo, que ni siquiera sabemos si estamos utilizando las palabras adecuadas para referirnos a conceptos, que ni siquiera tenemos bien definidos en la mente… … 

sin embargo… sigamos adelante… 

No sabemos dónde estábamos cada uno de nosotros antes de ser concebidos, si es que estuvimos antes en algún lugar; sí estábamos en alguna forma de vida, de cualquier otra manera, no lo sabemos; lo único cierto es que no recordamos nada, y por ello decimos que nacimos tal día, que es la fecha que registraron nuestros padres… pero nada más. Lo demás entra en el terreno de la especulación; si bien es cierto que hay personas que dicen haber hecho estudios referentes a que antes vivimos otras vidas y afirman tener conocimientos certeros al respecto; también hay gente que dice que no hay estudios científicos sobre el tema y que mucho de lo que se dice es producto de la imaginación. Sólo sabemos que no sabemos; pero a veces ni siquiera nos hemos percatado, de que no sabemos nada al respecto. 

En algunos libros religiosos o filosóficos hay algunas pistas. Por ejemplo, en la Biblia, el señor dice en más de una parte: “antes de qué estuvieras en el vientre de tu madre, Yo ya te conocía”; Jer 1:5-12 Is 49:1y Sal 139:16 Por otra parte, Platón enseñaba que nosotros antes de nacer ya conocemos cosas, porque las conocimos en una vida anterior y ahora sólo las recordamos. Esto nos hace suponer que podría ser que exista una dimensión diferente a la nuestra, donde tal vez ya existíamos antes de nacer en este mundo: A esa posible realidad alterna, a veces le llamamos, mundo espiritual, o dimensión espiritual; y a los seres que habitarían ahí, les llamamos espíritus. Pero, ¿qué es un espíritu? Eso no lo sabemos; no tenemos la más remota idea y cuándo decimos espíritu, más bien nos referimos, a señalar algo que no es material; por ejemplo, una silla, podemos definirla sin mayor problema; pero a un espíritu, no lo podemos definir, sólo nos queda claro que no es algo material, que no es algo que podamos sujetar, que no es algo que podamos definir en este momento. 

En los evangelios, se narra un acontecimiento al que se llama la transfiguración de Jesús Mt 17:1, Mc 9:1 y Lc 9:28. En él se relata, que El Señor y tres de sus apóstoles subieron a un monte alto, se pusieron a orar, y que luego Jesús se transfiguró: “su cara brillaba como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz” y en otra versión dice: “sus ropas se volvieron resplandecientes”. Y de repente estaban ahí Moisés y Elías conversando con Jesús y “se veían en un estado de gloria”. Los apóstoles estaban muy a gusto y no querían que se acabara ese momento. No sabemos más, sólo nos queda interpretar en base a lo que ahí está narrado, y sacar nuestras conclusiones… que sólo serán válidas para nosotros: 

Algunas personas a esto le llamarían “puerta dimensional”, haciendo referencia a que ahí hay un punto de contacto o un conducto donde se tocaron dos dimensiones, la espiritual y la material. Como si estuviéramos hablando de dos esferas de vida que en ese lugar se tocaron, y donde unas personas que estaban muy en el mundo material, pudieron también estar en el mundo espiritual y saborearlo. En el texto dice que los apóstoles estaban tan contentos con la experiencia, que no se querían retirar, y ahí se querían quedar a vivir. Esto nos hace suponer, que en el mundo espiritual se está muy feliz; pero esto sólo es otra suposición. 

También se menciona, que sin que Jesús les dijera a sus apóstoles quiénes eran las personas que estaban ahí como sus interlocutores, ellos se dieron cuenta, y los llamaron por su nombre; esto nos hace suponer, que en el mundo espiritual, todo está conectado a una única fuente de conocimiento; y que al entrar en él, automáticamente te conectas a la sabiduría universal… pero esto también, es sólo una conclusión personal. 

Hasta aquí, podemos suponer que es posible que existan dos dimensiones. Pero en otra parte de la Santa Biblia, específicamente en la segunda carta a los Corintios, San Pablo afirma que “fue llevado hasta el tercer cielo”, donde oyó “palabras no habladas y que nadie sabría expresar” 2 Cor 12:2-4. En otra versión de la Santa Biblia dice: “Oí cosas tan increíbles que no pueden expresarse con palabras”. Aquí la pregunta obligada es: ¿entonces hay más de un cielo? Yo no sé si la expresión “tercer cielo”, se refiera a un número consecutivo, lo que daría a entender que hay además un primer y un segundo cielo o si lo de “tercer cielo” sea sólo un adjetivo, que en este caso, San Pablo utiliza para indicar algo que a mí no me queda claro. Pero si se tratara del primer caso, entonces podría ser que habláramos de cuando menos tres dimensiones espirituales y la terrenal… o vaya usted a saber. 

Por lo pronto, sin irnos más lejos, la podríamos dejar en que parece que hay cuando menos dos planos o dos dimensiones: una espiritual y otra material, y nosotros estaríamos en la terrenal o material; pero pudiera ser que de alguna manera el mundo espiritual influye en el material, pues hay cosas como los pensamientos o el amor, que no se pueden tocar, medir objetivamente o definir a cabalidad, pero sin embargo admitimos que existen, y no por que los veamos, sino porque podemos medir sus consecuencias. Así, un pensamiento no se puede definir muy bien, pero todo invento o hazaña extraordinaria, primero fue una idea en la mente de alguien y luego, y sólo después de ello, se convirtió en realidad. Igual el amor: no tiene forma o tamaño medible por sí mismo, pero sin embargo, detrás del sacrificio cotidiano de una mamá por su bebé, hay una cantidad increíble de amor por el escuincle, que la hace desvelarse y trabajar demasiado para que su niño esté bien. 

Es como si, aunque estuviéramos habitando el mundo terrenal, una parte de nosotros estuviera en contacto de alguna manera, con el mundo espiritual. ¿Qué tanto? No lo sé. Pero como hay de mamás a mamás en cuanto a la capacidad de sacrificarse por sus hijos o de ser más pacientes unas que otras; y de pensadores a pensadores, (porque hay gente que siempre está pensando y otros que siempre “estan en la luna”); podríamos suponer que cada uno de nosotros está conectado en diferente proporción con el mundo espiritual. Desde esta lógica: algunos seríamos más espirituales que otros y por ende, algunos más materiales que otros. Pero nadie es completamente material, pues por poco que sea, tiene un algo en la mente que lo hace humano y que lo distingue de los animales; y nadie es completamente espiritual, pues necesita su ración diaria de tortillas que llevarse a la boca y hace sus corajes de vez en cuando. 

Desde esta suposición, podríamos imaginar que todos tenemos un pie en uno de los mundos y otro en el otro; pero pisando más fuerte en uno de los dos. Siempre predominamos en uno de ellos: pero no podemos estar ni 100% en uno, ni 100% en otro. Si fuéramos 100% espirituales, automáticamente nos convertiríamos en Angeles; si fuéramos 100% materiales, nos convertiríamos en animales: somos una combinación de ambos mundos en diferente proporción cada quien; pero nos movemos bajo la influencia predominante de uno de los dos. 

Quizá podríamos concluir que pareciera que hay dos dimensiones en las que nos movemos, y lo hacemos entre ambas, pero predominando en una de las dos: Tanto más aferrados estamos a nuestros apetitos personales, tanto más nos aferramos al mundo material y tanto más nos desligamos del mundo espiritual…

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