domingo, julio 05, 2020

¿SOMOS UNA REPÚBLICA?

Javier Contreras

La pregunta de si como país somos república, viene al caso porque a veces parece que la mayoría de nosotros no actuamos como si la respuesta a esta pregunta, fuera afirmativa. A veces parece, que no tenemos la más remota idea de lo que eso significa. Algo que es muy de nosotros, muy de nuestra forma de pensar, algo común a la mayoría de los habitantes de los países en desarrollo, es el criterio de depender del gobierno; de no hacer cosas esperando que los gobernantes las hagan… y de que ante cualquier problema, esperar que el gobierno actúe en automático para resolverlo y al no verlo actuar como esperamos… quejarnos de que el gobernante salió malo… pero no hacer nada por remediarlo: sentir que eso les compete a otros… a los diputados, a los regidores, a los jueces, a mi tía, a quien sea, menos a mí, que estoy muy ocupado haciéndome pato. 

¿Pero entonces qué jijos es una república? 

Para responder a esa pregunta, primeramente, contemos un par de situaciones que no nos quitarán más de unos renglones: 

Primer caso: Un hombre siembra su tierra ayudado por sus hijos; como ellos son jóvenes, el papá decide qué se siembra, cuándo se hace y el modo más adecuado de proceder. Mientras sus hijos sean sus dependientes, el papá decidirá por ellos, las cosas que sean más convenientes para la familia. Los hijos pueden opinar o no, pero la última decisión debe tomarla el papá, porque él sabe más de la vida y de los negocios, que ellos, que son menores de edad. Si hay que hacer un pago, es problema del papá encontrar la manera de hacerlo… mientras que sus hijos juegan canicas, o sueñan con la próxima diversión en puerta. 

Segundo caso: Unos amigos se ponen de acuerdo y compran entre todos, un terreno para hacer casas de campo, una para cada cual. Cada uno es dueño de su lote y todos son dueños de las calles y áreas comunes. Si se decide cercar o arreglar el terreno total, todos pueden y deben opinar en igualdad de condiciones sobre la forma más conveniente de hacerlo y entre todos deben asegurarse que todas las opiniones sean escuchadas y consideradas y el costo del trabajo debe de pagarse entre todos por igual, porque todos son igual de dueños. Después de platicar en una reunión sobra la forma más conveniente de actuar, acuerdan el proceder más adecuado…y si hay más de una opinión sobre el asunto, se toma la decisión por mayoría de votos. Si uno o más de los dueños, no pueden acudir a la reunión, le pueden encargar a alguien de su confianza, que opine y vote por ellos. 

¿Y qué tienen qué ver estos casos, con que un país sea o no república? 

El primer caso se refiere a un reino. En este caso, una persona piensa por todos y decide por todos, y el grueso de la población sólo le toca obedecer las “brillantes” ideas del mandamás, y en su caso, voltean a ver al rey o al gobierno, a ver qué van a hacer, cada que ocurre algún problema grave. La mayor parte del tiempo, actúan como niños a los que sólo les preocupa jugar canicas (o ver partidos de futbol), mientras el papá (gobierno) se quiebra la cabeza para solucionar los problemas de la casa (o en este caso, del reino). Los miembros de un reino, no necesitan conocer las leyes, porque, a fin de cuentas, ese es un asunto de su papá (gobierno), ni participar en la vida pública, ni tienen responsabilidad en opinar (ni derecho a hacerlo)… porque piensan que ese es un asunto que compete a los políticos (o a las personas importantes del pueblo)… y como de todos modos, está acostumbrado a que no lo tomen en cuenta y sólo le informen lo que se ha decidido y lo que debe hacer… pues mejor se pone a ver su deporte favorito o a jugar con sus canicas… o a soñar con la próxima fiesta del pueblo, y con los castillos, y con la música, y con los cohetes, y… 

El segundo caso es una república. En esta todos son dueños, y todos están conscientes de que su deber es opinar; y que, si no lo hacen adecuadamente, pagarán las consecuencias. Todo mundo está informado de los acuerdos que se han tomado, porque cada uno participó en ellos, sea en persona, o bien por intermedio de alguna persona de su confianza (esta persona que representa a otros, es el diputado. Él llega a acuerdos con otros diputados, -estos acuerdos se llaman leyes, y nos obligan a todos- en nombre de ciudadanos que le han depositado su confianza, y a los que a su vez informa y consulta.). 

Por eso cada uno de tus diputados tienen una oficina de atención al público, en la que atienden tus peticiones y te preguntan qué más quieres que hagan por ti y a su vez te informan de los acuerdos -leyes- que han hecho en la cámara, en tu nombre… puesto que han actuado de acuerdo a tus indicaciones y a la confianza que depositaste en ellos. 

¿o no lo han hecho? Sí, yo creo que sí, yo creo que, por ahí, por ahí, está la mentada oficinita… nomás que yo no la he localizado. 

Para vivir en un reino, se necesita no pensar y aceptar vivir sin pensar; para vivir en una república, se necesita querer ser un ente pensante y activo. 

Para vivir en un reino, sólo hay que dejar que otros hagan y actuar como niño mental; simular que está uno informado, aunque todo sea enterarse y compartir chismes y decires del vulgo; quejarse del “gobierno” o de “los políticos”, pero sin asegurarse de que se cuenta con la información fidedigna para construir una opinión sólida… y dedicar más tiempo a criticar a los que piensen diferente que a asegurarse de que se tienen elementos adecuados para opinar. 

Para ser parte de una república, es indispensable ser adulto mentalmente: estar informado de primera mano y tomar decisiones activas y reales. Creeeeeer que tienes derecho a opinar y querer hacerlo... y querer mantenerte informado, para tener elementos en los cuales basar tus opiniones. Hacerte responsable de conocer los acuerdos previos (leyes) que los diputados han hecho sobre las diferentes cosas de la vida diaria y actuar en consecuencia: uno, para obedecerlos al pie de la letra y dos, para modificarlos, cuando ello sea necesario… pero nunca, nunca, hacerse pato y negarse a obedecer una ley, con el argumento pueril, de que la ley es injusta o de que sólo favorece a “los poderosos”; más bien, mientras se obedece, luchar por modificar las leyes que lo requieran… o lo que es lo mismo… intentar modificar todo lo que sea necesario modificar… pero siguiendo al pie de la letra, las normas establecidas en las mismas leyes, para modificar los acuerdos previos. 

El echo de salir a la calle en turba y violentar la vida social, con el argumento de que se es víctima de esto o aquello, aunque se pretenda simular ejercicio de una libertad, se parece más a berrinche de niño mimado, cuando su mamá no lo dejó hacer lo que quería. Con este tipo de actitudes, y las de los que los apoyan pasivamente, jamás se ha construido una auténtica republica; más bien se logra anarquía y desorden, que sólo crean más caos y sufrimiento social. 

No todos los que se nombran reinos, son reinos; ni los que se nombran repúblicas, lo son. Muchos países que se llaman reinos, son repúblicas de hecho: como Inglaterra, que teniendo una reina y haciendo muchas ceremonias con aparato “real”; en su gobierno se rige estrictamente por las leyes que han elaborados sus congresistas… y la misma reina está sujeta a esas las leyes; por otro lado, muchos países que se nombran “republicas”, son en realidad reinos disfrazados, porque en ellos no mandan los ciudadanos, sino que impera la voluntad de un sólo hombre… y por lo tanto el tipo es un rey. No importa que se nombre a sí mismo, presidente de la republica; si impone su voluntad a los demás: ni su nación es república ni él es un demócrata; es rey, o dictador o lo que sea; y los habitantes son sus súbditos: nunca hombres libres. 

La mayoría de los países en desarrollo, son reinos disfrazados de repúblicas… pero no se han dado cuenta de ello… por eso no les cuadran las cuentas. Una sociedad atrasada, donde los habitantes son súbditos y actúan como un reino, un día se dijeron a si mismos, que ya eran repúblicas, y le cambiaron el nombre al mono que mandaba, y en vez de llamarlo rey le empezaron a llamar presidente… y creyeron que ya eran repúblicas. Eso es, en el mejor de los casos, ingenuidad, atraso social, infantilismo mental, seres con nivel de “pensamiento mágico”. 

Alguien con “mentalidad mágica”, querrá vivir en una sociedad “mejor”, simplemente desobedeciendo las leyes existentes o diciendo que las reglas de vida actuales, las hicieron algunos mal intencionados, para su beneficio propio… y por eso es bueno desobedecerlas. Alguien así, se la pasará soñando con un mesías que venga y le componga la vida mágicamente, sin exigirle nada a cambio; sin pasar por un cambio mental propio, adecuado para vivir una vida de adulto mental. 

Una sociedad republicana, funciona con acuerdos hechos por todos y respetados por todos, a los que se llama instituciones; y cuando alguien lastima las instituciones, todo mundo se siente agraviado en lo personal y exige a una voz la corrección; una sociedad infantil, que es un reino disfrazado de república, que está formado por multitud de súbditos agachados ante el poder, que gritan que desean ser tomados en cuenta, pero que no quieren informarse de primera mano ni quieren tener el compromiso de participar en los trabajos de la sociedad; pero que viven rumiando su coraje por que no pueden vivir la vida que creen que merecen y sueñan con un líder que venga y destruya a los “poderosos”, a los que tienen más, a los que sí se organizan, a los que sí producen; sueñan con alguien que destruya las instituciones, alguien que eche todo abajo… y suponen que ese destructor, después de crear caos y tumbarlo todo; mágicamente compondrá las cosas. 

Esos no son republicanos, esos son: 

Adolescentes molestos por querer ser “tomados en serio como adultos”, pero sin voluntad para comprometerse como tales, y contentos con ser eternos infantes mentales. 

Que quieren vivir soñando que después de destruir a los empresarios, habrá (tal vez con magia) mejores trabajos para todos… 

Que viven soñando, que después de destruir a las instituciones existentes, automáticamente se logrará una sociedad más justa; y ahora sí los funcionarios públicos serán honestos, laboriosos, eficientes, amables… y en el IMSS va a haber medicina… 

Que viven soñando que con sólo votar por el que promete destruir el modo actual de hacer las cosas, ahora sí, el país vivirá una nueva y maravillosa transformación… 
Que viven soñando…

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