domingo, julio 05, 2020

UNA GUASANA CARISIMA

Por Gonzalo “Chalo” de la Torre Hernández
chalo2008jalos@hotmail.com

¡Gervasio!, qué gusto verte después de tanto tiempo y sobre todo después de lesiones tan serias, que todos tus amigos creímos que ya no volverías a caminar y ahora hasta andas sin muletas siquiera. Díjole Patrocinio a su amigo de siempre al verlo tan contento y caminando, un poco rengo, pero con firmeza y seguridad. 
¡Quihubo mi buen amigo, a mí también me da mucho gusto encontrarte. Sigo lamentando ese episodio de mi accidente, lamentable, pero agradeciendo el seguir vivo; dicen algunos que volví a nacer y estoy convencido que es verdad. 
Y ¿cómo fue que te recuperaste? 
Pues alguien de entre mis amistades, me recomendó con un traumatólogo que es una eminencia en su ramo, y con sus tratamientos y ejercicios de rehabilitación, la constancia y terquedad han hecho su efecto y aquí ando feliz de la vida y disfrutando cada momento como nunca antes. 
¿Pero cómo supiste que ese doctor era el adecuado? 
Pues ya varios amigos me habían hablado de él y me garantizaban, según ellos, que caminaría nuevamente, que ese doctor, era una chingonería. Y sí… luego de un largo tratamiento, tuve que vender el carro para poder pagarle; de que me hizo caminar, me hizo caminar. 
Hace unos pocos meses de este tan apocalíptico año del coronavirus, compré pary a mi nieta y su hijo, una bolsa de esos granos deliciosos que cuando tiernos les llamamos guasanas, o sea los garbanzos en su infancia verde, y accidentalmente uno de esos granos se introdujo en una de las fosas nasales de mi nieto (bueno, bisnieto), y entre visitas a doctores, nos recomendaron con un “especialista” pomposamente denominado otorrinolaringólogo (bueno, especialista en oídos, nariz y garganta), que asiste a las instalaciones del DIF de Jalos para dar consulta y lo que se requiera relacionado con su especialidad. 
Bueno, eso de dar consultas como que no cuadra, pues no da ni el saludo; más bien viene procedente de la ciudad de Guadalajara y por la tarde del día correspondiente, a auscultar pacientes que requieran de sus conocimientos y experiencia. Nosotros nos vimos precisados a solicitar sus servicios para extraer la guasana que el niño portaba en el interior de su nariz. 
Ya en las instalaciones públicas del DIF (desarrollo integral de la familia… será verdad?) observó el problema y mucho más rápido de lo que le platico, en un segundo, extrajo el objeto de la fosa nasal. Uf, qué alivio; vino la tranquilidad… pero sólo por un instante. Estaba pardeando la tarde y como el sol anunciaba ya su ocaso, el médico otorrinoloquesigue, llevaba mucha prisa por regresar a su lugar de origen. Así que nos apresuró a remunerar sus servicios y al decirnos la cantidad que debíamos reducir del ya de por sí reducido tesoro familiar, casi nos da un patatús, tramafat o chiripiorca: nos dijo que tratándose de niños, normalmente cobra 200 pesos por consulta, pero como esa tarde fuimos sus únicos pend…, digo, pacientes y para hacer más o menos costeable el viaje, nos cobró tan solo 500 pesos. ¡sácate las babuchas! 
Y uno se cuestiona: la idea generalizada, aunque no escrita, es que estamos en la creencia que cuando un profesionista da sus servicios en una institución de servicio público, esperamos no una beneficencia ni un regalo, pero sí honorarios razonables para las personas de recursos limitados acordes a sus posibilidades. ¡Pues no! 
Actualmente estamos en la imperiosa necesidad de los conocimientos de un neurólogo (al menos eso nos recomendó un médico cirujano y partero) para la atención de una de mis nietas que se desmaya intempestivamente unas cuatro o cinco veces al día y se da unos golpes muy fuertes al caer al piso. No sabemos qué enfermedad padece pero le solicitaron un electroencefalograma, para diagnosticar más precisamente el origen de sus males. Por la cosa esta del coronavirus, su cita ha sido pospuesta por el neurólogo que ya la auscultó someramente (cinco minutos), pero sí cobró consulta completa. Dado que no hemos podido realizar ese estudio de electroloquesigue, pues dependemos que vengan especialistas de otras ciudades, buscamos otras opciones y nos recomendaron un neurólogo de Tepa y nos dijeron más o menos así. Es tan buen neurólogo que lo que cobra es barato; tan sólo mil doscientos pesos por consulta y dos mil doscientos por el estudio. ¡súmete que te quedó jabón! O sea 3,700 pesos tan sólo por el inicio para averiguar cuál es su mal. 
Para la mayoría de las familias y en estas tierras, para un subempleado o empleado que gana el salario mínimo, esto es peor que una mentada de madre. Equivale tal vez a su ingreso mensual y por necesidad y haciendo malabares y consiguiendo préstamos, desembolsa esa altísima cantidad. 
Uno entiende que los galenos se queman las pestañas varios años aprendiendo y sacrificando mucho de su propia vida, pero inevitable y mayoritariamente, el famoso juramento de Hipócrates, se va convirtiendo en tan sólo un poema filosófico que trata de enaltecer la dignidad de la profesión nobilísima de la medicina y que termina siendo una utopía de altos vuelos. 
Señores médicos, especialistas o no, consideren que merecen totalmente llevar una vida más que decorosa por su labor y muy justo que si sanan a las personas se les reconozca y se les remunere generosamente, pero… hay límites. No sean tan careros y ayuden de verdad a los necesitados.

Gonzalo “Chalo” de la Torre Hernández
chalo2008jalos@hotmail.com
Jalostotitlán, Jal. A 11 de junio de 2020

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