sábado, agosto 08, 2020

EL DIA DE MUERTOS UNA TRADICIÓN MUY MEXICANA

Por Cesar Sánchez Tudon

Dedicada al “versionero” de Quintero Sr. Aron Torres Q.P.D. 

El pueblo mexicano, tiene dos aficiones, el amor a la muerte y el amor a las flores; Carlos Pellicer, en su poema retrata las dos grandes costumbres de nuestro pueblo: los muertos y las flores. 
Por eso el día dos de noviembre, México entero se vuelca a la conmemoración del día de los muertos. Los panteones lucen limpios y esperan la llegada de cientos de personas que van a “visitar” a sus difuntos. 
Barren tumbas, las asean, le llevan coronas o ramos de flores, algunos llevan música con tríos o mariachis y un movimiento inusitado se ve ese día en los cementerios. 
A las puerta de los camposantos se apostan los vendedores de flores los que “hacen su agosto” mercando los ramos de cempasúchil y garra de león. Los vendedores ambulantes, ofrecen mandarinas y jícamas, fruta propia de la temporada, sin faltar las clásicas calaveritas de azúcar con nombres grabados en la frente. 
En los pueblos de la Huasteca, la tradición continúa y la celebración es más entusiasta, aquí, grupo de danzantes vestidos de muerte van por las calles bailando al compás del violín y del tresillo. 
Otro participante, lanza cohetes que truenan en los altos y en las casas se montan altares dedicados a los difuntos que se adornan con alimentos, fotos y cosas que al o a los muertitos les gustaba en vida, y al que llega de visita le ofrecen tamales de frijol (ese día no se permite comer carne) y atole de maíz de teja. Hacen mole y no falta el cacao, con el elaboran chocolate que es según tradición la bebida preferida por las animas. 
Los niños se encargan de desojar el cempasúchil con el que harán un caminito con los pétalos desde el zaguán hasta la casa para que el difunto sepa llegar. 
La población entera huele a copal pues desde el 1º de noviembre se colocan las ofrendas para los adultos la que se sahumaría constantemente. 
En todas las casas rezan y el día dos, todos al panteón donde los hombres se han adelantado para limpiar las tumbas. 
Hay pueblos donde velan a sus muertitos toda la noche y el panteón se ilumina con cientos de velas. Esta tradición es ancestral, los Nahuas ya la celebraban, Ilhuicatl era el cielo y ahí irían los difuntos buenos, los malo irían al Mictlan, o se al infierno. 
La canción de Rodolfo Mendiola se escucha por todos lados “A donde irán”, “A donde irán las almas/, las almas que han sufrido/, las almas, las almas que han tenido/ por infierno este mundo/… solo el amor sincero/ si tiene a donde ir/, se va con Dios al cielo/, donde nunca podrá morir”. 
En las ciudades y pueblos más grandes se acostumbra hacer versos de personajes importantes, sobre todo de los políticos, y es cuando se aprovecha para decirles lo que en situaciones “normales” no se les dice. 
Las famosas “calaveras” que son publicadas y acompañadas de la caricatura del “Calavereado” con lo que ilustran mejor los versos. Como estas dedicadas a Andrés Manuel nuestro Presidente; “La Cuarta Transformación”. Del Presidente “Lopitos” no llego a su conclusión porque eran puros viejitos… al enterarse la muerte/ del Peje y su gabinete/ se fue pa la capital/, para darse un gran banquete. Andrés Manuel y sus viejos/ se escondieron en Palacio/, pero la muerte llegó/ y a todos les echo un laso… la muerte llamó a Ebrard/ y le dijo: tú te quedas/ para que sigas barriendo/ de arriba las escaleras”. 
O como las calaveras compuestas a Don Joaquín Hernández Galicia “La Quina”; “La parca vino a Madero/ buscando a Hernández Galicia/, y en el gremio petrolero/ le dieron mala noticia/ que una mañana de enero/ en su casa de San Luis/ llegaron los del gobierno/ a llevarse a Don Joaquín/, con razón, dijo la muerte/, ya no hay obra sociales/ donde antes se daba fruta/, hoy se dan los zacatales”. 
Nadie se salva del “Calavereado” el día de muertos. Parte verdad y parte chascarrillo, las calaveras abonan o condenan las acciones de servidores públicos. 
Ni el Gober Cabeza de Vaca la libró, y aquí también su calavera; “Un accidente ha pasado/, en el palacio mayor,/ el Gober se ha desplomado en el viejo elevador/, nadie lo podía creer/ que el Gober muriera así/, menos hoy que ya tenía/ por delante un porvenir/, a la muere le dio risa/ cuando el Gober le confió/ que en verdad ya estaba harto/ de ser el Gobernador”. 
Doña Alma Laura Amparan Presidenta Municipal de Altamira también le llego su calavera: “La muerte está muy sentida/ porque Alma no la invitó/ a la feria de Altamira/, donde fue el Gobernador/, Alma lo supo enseguida/ para luego comentar/ a que muerte tan sentida/ no se vaya a disgustar/. En uno de los stands/ se agazapó la calaca/, espero a Alma pasar/ y la jaló de las patas”. 
Humor y dosis fuertes de comentarios, son las tradicionales calaveras de día de muertos, que hacen sonreír maliciosamente a quien las lee, y ponen de mal humos, a veces, a los que se las dedican. 
Pero como dijo el de Güemes: “Si se llevan, pos aguante

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