domingo, julio 11, 2021

Apariencia del recién nacido

Dr. Enrique Sigala Gómez 
Pediatra. Cirujano pediatra

¿Es normal que la cabeza del bebé sea tan grande? ¿Por qué sus ojos parecen bizcos? ¿Su piel se ve amarilla debido a alguna enfermedad? Estas y otras dudas invaden a muchos padres mientras admiran al pequeño que ha llegado a casa, y para ellos es esta guía que puede ofrecerles las respuestas que buscan. 
Pocos episodios son tan memorables para una pareja como la llegada a casa de un bebé. Sin duda, mamá y papá habrán realizado muchos preparativos para acondicionar su hogar y estarán dispuestos a brindar sus mejores cuidados al recién nacido para que se desarrolle sano y feliz. También es seguro que cuenten con una cámara de video o fotográfica para inmortalizar los felices momentos que se presentarán en los siguientes días. 
Es tanto el empeño en estas atenciones que muchos progenitores, sobre todo primerizos, se preguntan constantemente si algunas características que observan en su hijo (tono de piel violáceo en sus manos y pies o llanto e incomodidad al realizar sus primeras evacuaciones, por ejemplo) son la manifestación de alguna enfermedad o son normales, por lo que suelen llenarse de dudas que les hacen llamar al pediatra o a los abuelos del pequeño para saber lo que ocurre. 
Por ello hemos elaborado esta guía sobre las características generales del recién nacido y aquellas pequeñas “alteraciones” que pueden confundirse con enfermedades pero que, en realidad, son manifestaciones habituales en el proceso de maduración del organismo del bebé. 

Sentidos y apariencia física 
En términos generales se sabe que, al nacer, las niñas miden 49 centímetros y pesan 2.800 kilogramos, en tanto que los niños miden aproximadamente 50 centímetros y pesan 3 kilogramos. En cuanto a la proporción de su cuerpo, la cabeza representa la cuarta parte de la talla total y parece descansar directamente sobre los hombros, siendo el cuello muy corto. 
Los huesos del cráneo no están todavía soldados, por lo que pueden presentarse ligeras alteraciones en su forma que, ante todo, dependerán del tipo de parto. Si a la madre se le ha practicado cesárea, la cabeza del bebé tendrá forma redondeada y simétrica (idéntica en ambos hemisferios), mientras que cuando el alumbramiento ha sido por vía natural, será ligeramente alargada. No hay de qué preocuparse, pues en ambos casos adoptará su forma normal durante el primer mes de vida. 
En cuanto al cuerpo, cabe decir que muchos recién nacidos están cubiertos por fino revestimiento de vello, llamado lanugo, que puede ser más oscuro y abundante en la espalda, extremidades, hombros, frente y mejillas, y que tiende a desaparecer durante las dos primeras semanas de vida. Asimismo, la piel pude lucir seca y resquebrajada, además de arrugada en pies y manos, pero es normal debido al cambio que experimenta el pequeño al pasar de un medio líquido (el vientre de la madre) a un ambiente seco. 
Otro tanto hay que decir de los sentidos, cuyo estado y desarrollo es variable, y el cual se puede resumir de la siguiente forma: 
El perfeccionamiento del tacto se alcanzará con el uso de las manos, pero puede considerarse que es uno de los sentidos más desarrollados del bebé, pues distingue muy bien entre frío y calor o entre una textura suave y otra dura o áspera. 
En lo que respecta a la vista, el recién nacido distingue luz y color sin problemas, aunque suele cerrar los párpados ante estímulos lumínicos fuertes debido a la falta de costumbre. Los músculos de los ojos no han madurado por completo, por lo que el bebé no enfoca con claridad y se estima que sólo distingue los objetos localizados a 20 centímetros de su rostro. 
Un bebé oye y localiza los ruidos ambientales desde sus primeros días; le llaman la atención los sonidos agudos (chiflidos, silbatos, gritos, risas), en tanto que los graves, como una voz serena, le consuelan cuando está llorando. También se aquieta y es sensible al ritmo, al parecer porque le recuerda los latidos de su madre y su estancia en el útero. 
El niño es capaz de responder a los olores y lo manifiesta volteando la cabeza cuando percibe un aroma desagradable. Al quinto día de vida, aproximadamente, distingue con increíble seguridad entre el pecho materno y otro ajeno.
Hay poca sensibilidad gustativa al momento de nacer, aunque ésta no tarda mucho en desarrollarse. Se estima que a los 15 días el pequeño acepta con agrado el sabor del azúcar y rechaza el del limón. 

¿Enfermedades? 
Bien vale hacer un repaso por algunas de las características y situaciones más comunes que se presentan en el bebé recién nacido, mismas que es necesario que los padres conozcan para que se sientan más tranquilos o tomen sus precauciones. 

Acrocianosis. 
Es el color violáceo que llega a presentarse en manos y pies del recién nacido y el cual dura unos cuantos días. Se origina debido a que las vías sanguíneas de menor tamaño (vasos capilares) no se han desarrollado completamente, volviendo un poco difícil la circulación en las extremidades. Lo que no es normal es que la coloración azulada o morada sea generalizada o dure más de una semana; en tales casos se debe acudir urgentemente al pediatra. 

Ahogo. 
Suele ocurrir cuando el pequeño es amamantado, debido a que un poco de leche se desvía hacia las vías respiratorias, o al dormir, porque parte del alimento contenido en el estómago puede regresar (reflujo) y generar asfixia. Cuando esto ocurre se debe colocar al bebé boca abajo, doblado sobre el antebrazo de un adulto, dándole algunos golpecitos en la espalda, justo entre los huesos (omóplatos); para mayor claridad, puede consultar nuestro esquema “Objeto Atorado en la Garganta”, o el apartado correspondiente en la sección Primeros Auxilios (se accede a ellos a través del índice del lado izquierdo de la pantalla). El ahogo al dormir se puede prevenir acostando al bebé de lado. 

Cefalohematoma. 
Las hinchazones (chichones) ubicadas en distintas regiones de la cabeza son pequeños derrames de sangre bajo el cuero cabelludo que se originan por la fricción entre el cráneo del bebe y los huesos de la pelvis de la madre. Pueden persistir durante varios meses, pero por regla general desaparecen en algunas semanas. 

Cólicos. 
Se trata de dolor abdominal ocasionado por excesiva cantidad de gases en el vientre; se manifiesta cuando el bebé encoge las piernas a menudo, llora, se muestra inquieto, con el rostro enrojecido y presenta sonidos intestinales. Para evitarlo se debe ayudar a que el pequeño expulse el exceso de aire dándole suaves palmaditas en la espalda cuando la madre cambia de pecho o cuando ha bebido la mitad de la leche que se le da en la mamila. Respecto a la lactancia artificial, conviene utilizar un biberón con un agujero pequeño para que no ingiera mucho aire. 

Congestión en los pechos. 
En niños de ambos sexos puede haber hinchazón en el área del pecho o pezón que incluso se acompaña de leve secreción de líquido similar a leche. Su causa son las hormonas que la madre transmitió a su bebé mientras estaba en su vientre. Se recomienda no tocar ni exprimir los pezones y dejar que el organismo del pequeño resuelva la situación por sí solo en menos de un mes. 

Cordón umbilical. 
Tiene la función de que el bebé se alimente y respire mientras está en el interior del vientre; después de la primera semana de vida, aproximadamente, se secará y caerá por sí solo; 2 o 3 días después de esto, cuando cicatrice la herida que queda en el ombligo, es posible que el bebé reciba su primer baño en tina (antes será lavado sólo con una esponja). Si el cordón no cae después de que el niño cumpla 10 días se debe consultar al pediatra. 
 
Criptorquidia. 
Es la falta de uno o los dos testículos en el escroto o bolsa testicular de los niños, debido a que estas glándulas pueden permanecer alojadas dentro del vientre. Ocurre en el 4% de los recién nacidos y es una anormalidad que debe ser evaluada con prontitud, pues si se deja pasar tiempo puede ocasionar infertilidad. Si los testículos no “bajan” espontáneamente se aconsejan realizar una intervención quirúrgica luego del primer año de vida. 

Deposiciones. 
Las heces del recién nacido se llaman meconio y son de color verde oscuro y apariencia viscosa debido a que el tubo digestivo está lleno de secreciones acumuladas durante la vida fetal. La primera evacuación ocurre entre las 12 y 14 horas después del parto, y entre el 3º y 5º día hay defecaciones de transición, a veces líquidas, que contienen moco, leche cuajada y meconio. Todas ellas pueden ocasionar cierta incomodidad al pequeño. 

Estreñimiento. 
Es raro que el recién nacido sufra de falta de evacuaciones por el endurecimiento de la materia fecal en el intestino, pero puede ocurrir cuando es alimentado con fórmulas lácteas muy espesas. Para corregir o prevenir esta situación, consulte al pediatra para que le recomiende alguna fórmula que contenga “proteínas hidrolizadas de la leche”, mismas que reducen considerablemente el riesgo de padecer este problema. 
 
Fontanela o “mollera”. 
Es el espacio blando y sin hueso que hay en la parte superior del cráneo del niño; tiene la función de permitir cierta contracción en la cabeza para facilitar su paso por el canal pélvico de la madre durante el alumbramiento. Tiene la forma de un diamante y se cierra entre los 6 y 18 meses; no requiere cuidados especiales. 
 
Hidrocele. 
Ocurre en varones, cuando el escroto (bolsa que aloja a los testículos) luce de gran tamaño debido a que se encuentra lleno de líquido. Es una condición indolora que puede tomar de 6 a 12 meses para desaparecer completamente y que debe ser revisada periódicamente por el pediatra. 

Hipo. 
Ocurre cuando el músculo diafragmático (separa la cavidad donde se alojan los pulmones y el abdomen) tiene pequeña contracción que hace que las cuerdas vocales se cierren cuando el niño inhala aire, produciéndose el clásico sonido “hic”. Este episodio dura de 5 a 10 minutos y casi siempre se debe a sobrealimentación o al ingreso de aire durante el amamantamiento.

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