domingo, julio 11, 2021

HAY DOS PICOS DE SABIDURÍA

Si nos imaginamos la historia de la humanidad como una línea llena de altibajos en los que en momentos hemos sido cultos y civilizados y en otros hemos sido una barbarie, nos encontraremos con que hay dos picos de sabiduría a lo largo de la línea de la historia de la humanidad: uno lo situamos en la Grecia clásica, en Atenas y en muchas otras ciudades del área en el siglo quinto a. C. cuando existieron filósofos como Sócrates, Platón y Aristóteles, matemáticos y sabios como Pitágoras y Heron de Alejandría, Demócrito y un largo etc. (y luego después decaímos con el imperio romano, y seguimos de bajada hasta llegar al oscurantismo de la edad media). En esa época griega de máxima sabiduría, se obtuvo como botón de oro, la creación de la democracia. El otro pico de sabiduría, en la línea de la historia de la humanidad se da en la epoca de La Ilustración, cuando los sabios y filósofos europeos como Erasmo, Voltaire, Rosseau y un montón de etceteras, crearon las bases de la democracia moderna, sustentada en la división del gobierno en tres poderes. En esa época se crearon conceptos que no hemos podido superar actualmente, incluso con lo avanzado de la ciencia del siglo XXI: Todavía nos regimos por ellos. 

Y por qué se considera a la democracia la máxima forma de gobierno? 

En lo que conocemos de la historia de la humanidad, no hay un sólo ejemplo en el que un país, gobernado por la voluntad de un sólo hombre, no termine en un fracaso. Podemos repasar todos los países, en todos los lugares y en todos los tiempos, y siempre llegaremos a donde mismo: no hay un sólo ejemplo de un país que gobernado por la voluntad de un sólo hombre, a la larga no se haya convertido en un fracaso. Por ello los hombres sabios, inventaron la democracia. Y no es que sea un sistema perfecto, puesto que es un invento humano, sino que, dadas las circunstancias, es lo menos imperfecto que conocemos.. 

Los sabios europeos de la ilustración llegaron a la conclusión de que, los seres humanos somos por naturaleza imperfectos, y cuando tenemos poder, invariablemente abusamos de él. Pero ojo, no es que queramos hacerlo, no es que decidamos hacerlo, no es que haya políticos malos y no políticos buenos: es que está en nuestra naturaleza humana… en la de todos los seres humanos. Ellos lo decían por boca de Montesquieu, de esta manera: “Cualquier hombre, por sabio y justo que sea, cuando acumula poder, se convierte en un tirano”. Repasemos la frase: está diciendo que cualquier hombre, por sabio y justo que sea, fijémonos en este punto: por sabio y justo que sea, cuando acumula poder, se convierte en tirano. 

Los sabios de la ilustración, ya habían revisado que no hay un sólo caso en la historia de la humanidad donde un hombre, aunque sea muy sabio, cuando acumula poder, no se ha convertido en un tirano. Siempre sucede lo mismo: el libertador que en un tiempo encabeza una revolución para “librar al pueblo” de un tirano, al rato se convierte en el tirano al que otra revolución tendrá que quitar. Y luego, el lider de esta otra “revolución libertadora”, se convierte en el nuevo tirano, que a su vez otra revolución tendrá que derribar: Ese es un cuento de nunca acabar. Napoleón fue el general más famoso de la “liberadora” Revolución Francesa contra los reyes de ese país, y cuando tuvo todo el poder en sus manos, se convirtió en emperador de Francia.

Lenin y Stalin encabezaron la lucha del pueblo ruso para “liberarse” de los zares que los oprimian, y cuando gobernó Stalin, envió a los que no pensaban como él, a las mismas prisiones de Siberia a donde antes había enviado el Zar a sus enemigos. En su momento de mayor poder, Stalin se hizo proclamar como “El Padre de Todos los Pueblos” y se hizo poner una estatua suya en cada uno de los parques centrales de las miles de ciudades y aldeas del país más grande del mundo: era como si se considerara un dios con respecto a sus conciudadanos: y estamos hablando de una Revolución que se hizo para liberar al pueblo de su antiguo Zar. Este era el tipo que los había “liberado”, pero ahora los diriguia con una mano más cruel que varios zares juntos. 

Pablo Neruda dice en su autobiografía que, cuando fue a la Unión Sovietica, se encontró que en cada pueblo y aldea de la nación, había una estatua de Stalin. En todas las localidades: la única diferencia entre ellas, era que unas estatuas eran doradas y otras plateadas. Y claro, le mando poner su nombre a una de las ciudades más grandes e industrializadas del país: Stalingrado. 

Por eso tenemos que aspirar a la democracia como forma de gobierno. Y no es que no tenga errores: ya los griegos habían descubierto y afirmado, que la democracia tiene el peligro de convertirse en una demagogia. Platón decía que la forma pura de gobierno, que es la democracia, siempre tiene el peligro de degenerar en una demagogia. Y es que el primer requisito para que exista la democracia, es que se dé una sociedad de hombres libres. Así describió un embajador de Persia a los griegos ante su emperador: una sociedad de hombres libres. Y eso significa que cada uno de ellos está consciente de ser un hombre libre y son capaces de ir a la guerra para defender, no solo su vida, sino su libertad. Pero siempre habrá algún sinvergüenza que le interese su beneficio personal antes que el bien de la patria, y con tal de conseguir el poder, aparentando democracia y apoyandose en sus instituciones, cree un gobierno antiinstituciones, fundamentado no en la razón ni en las leyes, sino en el apoyo incondicional de las masas, a las que mantiene controladas con “pan y circo”. 

Así pasó en la antigua Roma: cuando estuvo formada por hombres libres, fue una república, pero cuando se empezaron a dicidir las cosas por las muchedumbres que alguien podía reunir, entonces, aparentando que la república seguía existindo (porque formalmente había un Senado, el que legalmente aprobaba las disposiciones del emperador), un sólo tipo imponía su punto de vista, mientras mantenía controladas a las personas con “pan y circo”… y degeneró en un imperio: y más de un emperador fue una porquería.

Cuáles son las diferencias entre una democracia y una tiranía?

En una democracia todos los hombres son libres e iguales y por ello se dan por sentado que todos gozan de los derechos humanos fundamentales, como el derecho a opinar, sin ser perseguido o ridiculizado por el gobernante; en una tiranía siempre hay grupos favorecidos por el tirano y en ellos se apoya para imponer sus puntos de vista; lo que crea una división social entre “buenos” (incondicionales del gobernante) y malos, (los que no están de acuerdo con él).

En la Unión Soviética se dividió el país entre pobres (proletarios) y propietarios de casas o terrenos, y se persiguió a los “ricos” y se les negó el derecho a defenderse por considerarlos culpables de que existieran los pobres, aunque sólo hubieran tenido una vaca o un pedazo de tierra; y aunque “ahora todos eran propietarios de todo”, lo real fue que en la práctica, el único dueño de todo era el gobierno y todo el que alguna vez cuestionó esto, se convirtió automaticamente en “enemigo” de la patria… y chupó faros.

En una democracia se reconoce a todos el derecho a opinar, se discuten las mejores formas de hacer las cosas y se resuelve por consenso; en una tiranía se afirma que el gobernante es bueno, y que pelea por los buenos contra los malos y así se impone un punto de vista (alegando que eso es lo mejor para todos) y se estigmatiza y ridiculiza a los que piensan diferente (diciendo que sólo buscan sus intereses particulares y no se preocupan por los demás) y para descalificarlos, se les cataloga como enemigos.

En Cuba, durante los 60 años de dictadura de Fidel Castro, que a su vez había liberado a la nación de otro dictador, se castigaba con cárcel a quien pensara políticamente diferente a como pensaba Castro y se les acusaba de ser aliados de Estados Unidos, catalogado en ese tiempo el enemigo público número uno de país.

En una tiranía siempre se inventa un “enemigo” público, y hacia él se dirigen toda la inconformidad social, real o inventada (por ejemplo la corrupción, los corruptos, o los grupos sociales no incondicionales), y a todo el que no se someta al gobierno, se le acusa de ser parte de ese “enemigo”, o estar coludido con él.

Se necesita el “enemigo”, y si no existe, se le inventa: en la Alemania Nazi, el primer enemigo fueron los judíos, a los que se culpó de que alemania perdiera la I Guerra Mundial; después fueron los extranjeros, luego los homosexuales, luego los testigos de Jehová, luego los cristianos… y luego, cuando ya no quedó a quien culpar, se empezaron a matar entre sí los militares, acusándose mutuamente de traidores, o de no hacer lo necesario para ganar la guerra. 

En una democracia se decide entre todos la forma en que todos conciben a su país; en una dictadura, el dictador o el grupo que lo apoya, deciden su concepto de cómo deben ser las cosas; y entonces empiezan a adoctrinar a las masas para preparar a las nuevas generaciones para que piensen como ellos. E insisten machaconamente en que sus verdad es la única válida y que todas las demás son contrarias a la nación y a los “buenos” del pueblo. 

Cuándo Mussolini era dictador en Italia, se enseñaba a la gente 10 mandamientos que deberían regir su vida; el primero de ellos decía: Mussolini nunca se equivoca; y los demás mandamientos eran la consecuencia de éste. 

En la Alemania de Hitler, se enseñaba que los alemanes eran superiores a todos los pueblos del mundo, y por lo tanto tenían derecho a dominar a los demás; y se enseñó tanto esta mentira, que acabó convirtiéndose en una verdad para todo el pueblo alemán. 

En Corea del Norte, actualmente, el tirano que la subyuga, castiga con pena de muerte a cualquier persona que vea un programa de televisión no autorizado por el gobierno; y con esto se busca, que nadie tenga puntos de comparación que les permitan cuestionar lo que el gobierno les dice todos los días. 

Sólo hay dos formas de gobierno por las que se pueden regir una sociedad: dictadura o democracia; y entre todos tendremos que decidir qué es lo que queremos para nuestra nación. Revisemos la historia, analicemos y tomemos decisiones; porque el país que le dejaremos a nuestros hijos y nietos, chueco o derecho, será producto de lo que hagamos ahora. 

Javier Contrera

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