sábado, agosto 07, 2021

Otra historia

Por José Alvarado Montes.

Las tradiciones no deben perderse de vista, ya que son una creación social colectiva y no de individualidades, de modo que debe ser la manifestación de un grupo interrelacionado y así el pasado es un puente hacia el futuro. San Juan hasta hace pocos años, el pueblo tenia fiestas y tradiciones que duraron siglos, y señalarlas llevaría mucho espacio, ahora son solo sombras de un recuerdo. 
Desde los años de mil seiscientos cincuenta y tantos, se comenzó a celebrar la primera quincena en el mes de agosto en el Santuario de la Virgen de San Juan, que afortunadamente se conserva hasta el día de hoy, en la revista número 10 del circulo entre amigos se transcribió un amplio reportaje del año 1887, donde el cronista recuerda, que hacía pocos años atrás la iglesia estaba abatida, mucha sangre derramada del pueblo y sus ministros, y profanado muchos de sus templos. Pasan los años, las heridas cicatrizan, la fe se acrecienta y la fiesta de la Virgen se sigue celebrando. 
En 1906 es coronada solemnemente la Imagen de la Virgen de San Juan y en lo religioso y en lo profano comienza una fiesta nueva, con un desfile de carros alegóricos representando pasajes bíblicos, escoltados por un contingente de caballería que montaban gallardos jovencitos, vestidos a todo lujo al estilo de los soldados romanos, dándole así gran realce al desfile, más tarde comenzaba la fiesta popular, imitada de la zarzuela española, gigantes y cabezones, que son monos grandes hechos de cartón y de carrizo que en su interior son bailados por un hombre, al son que toca la música de una banda, al frente iba un conjunto de mojigangas y al final de los monos iban una docena de toritos, hechos de cartón y de carrizo en su armazón, docenas de cuetes de los llamados buscapiés. Estos eran transportados por un grupo de jóvenes y se quemaban estos toritos al terminar de bailar los monos, siendo la delicia de chicos y grandes. Ya que la gente común es el verdadero pulso del pueblo. 
En los años de 1940, se encargaba de hacer, reparar y bailar estos monos un hombre llamado Bernardo (Alias el PILIGüIJE), la fiesta se comenzaba con un desfile de pantomimas, que eran jóvenes disfrazados con diferentes caracterizaciones, de mujer, de diablo, de payaso, de esqueleto etc. Esto era la parte más cómica, un integrante de estos fue el CHICOTE, trabajaba en el mercado con Don Juan Dávalos, Alfredo García (El Ferruco) y su Hermano Roberto, Francisco Atilano (El Cantinflas) de profesión dulcero. Jesús Dávalos (El Carón) primera voz de un trio de buenos cantantes, Jesús López (El rellena) gritón en las peleas de gallos, monosabio y Tancredo en las corridas de toros, José Isabel Ruiz (El Polón) y otros jóvenes pertenecientes todos a la crema y nata de los hombres picarescos de San Juan. 
Los bailadores de los monos eran. Daniel Delgado (El del pocito) bailaba la mona grande, Jesús Vallín (La perra) bailaba el mono grande, (El gravítate) bailaba el mono del puro, (Pablo La Muerte ) bailaba el mono que cargaba en el cuello otro mono en forma de niño, vestía pantalón y camisa de manta y una faja roja en la cintura, (El Malecho) de oficio panadero suplía a los que bailaban los monos grandes, Lucio Rosas ( El cigarros verdes) bailaba el melenudo, Roque de profesión bolero (apodado La Flaca) bailaba el soldado, Darío ( el perro) bailaba la mona chica, ( El gorilita de la Cruz) bailaba un mono como su apodo, Simón ( La Collota) bailaba el músico, Jesús (El Guangoche) bailaba el diablo, otros bailadores fueron los hermanos: José y Macario (apodados las muertes), ( El Charol, El guiso, El músicas, El Picador, El Monosonso, El sensen y muchos más que escapan a la memoria fueron bailadores de los monos o quemadores de los toritos alrededor de la plaza, seguido de un grupo de muchachos sin miedo al peligro de los cuetes. Personalmente conocí a todos los que aquí menciono. 
Los tiempos cambiaron y llegaron otras generaciones, otras costumbres en el hablar, en el vestir y en divertirse, pero eso es ya OTRA HISTORIA.

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