sábado, octubre 09, 2021

Retrato Psicológico

 CARTA A LA NIÑA DE GUATEMALA, 
 la que dice José Martí, que 
 se murió de amor. 

QUERIDA NIÑA:

Me presento ante ti: Soy tu cruel asesino; y vivo en un infierno por ello. No quiero morirme en esta situación en la que he vivido una eternidad y en la que, como has de comprender, vivo sin estar vivo y me muero todos los días de remordimiento y coraje, sin acabar de morirme nunca. La única forma de redimirme es lograr tu perdón, y resarcirte el daño que te causé con mi ignorancia; y hacia esa meta se encamina esta humilde misiva. 

Debo confesarme ante ti y tratar de explicarme a mí mismo, para poder decirte, cómo queriéndote tanto, amándote como se ama a lo más bello en la vida, fui capaz de destruir el amor más grande que se había concebido en toda la historia de la humanidad. Recuerdo tus lágrimas y me golpeo el alma de coraje: ¿cómo pude ser tan ciego y no ver que llorabas por mí? ¡Tuve que haber estado loco! ¡Bien loco! ¡Rematadamente loco! Te fui fiel durante más de cuatrocientos años, esperando que al fin me dijeras que sí, esperando ansioso el día en que por fin me aceptaras… y mientras tanto tu llorabas por haberme perdido. 

¿Se puede concebir mayor locura? Me mantuvo vivo durante siglos la esperanza de que, si bien hasta ese día no había logrado que me quisieras, quizá mañana me aceptarías y yo sería inmensamente feliz; y mientras tanto, tu llorabas por sentirte abandonada, por un loco que en realidad no tenía ojos para nadie sino sólo para ti y que durante mil años pidió a Dios el milagro de lograrte en su vida. ¡Hágame usted el favor! 

Cómo esto no tienen ni pies ni cabeza, tengo que contarte la historia de un tipo que vivió en mi época. Ello no aconteció a nadie que tú y yo conozcamos. Como siempre pasa en estas cosas; el asunto sucedió una vez en un reino muy, muy lejano, a un amigo de un primo de no se quien. Pues bien, resulta que al desconocido de quien te platico, un día se le quitó la venda de los ojos, y despertó a la realidad. Y ándale que se da cuenta, que lo que creyó cierto durante los últimos mil años, no lo era. 

Descubrió nuestro buen loco, por principio de cuentas, que había vivido engañado por su propia historia. Supo en ese momento, que la vida le había enseñado desde su más tierna infancia, que nadie lo podía querer; que no tenía un lugar entre los que le rodeaban, que vivía en un pueblo que no era su pueblo, entre una gente que no era su gente; y al no poder entender la lógica de esta realidad, lo único que se le ocurrió fue marcharse de donde suponía que no debería estar. 

No me refiero a que alguien lo dañó o rechazó, sino que él siempre se creyó incapaz de lograr que lo aceptaran como uno más entre los demás, y bajo esa premisa vivió su vida. Hubo ocasiones en que deseaba tanto la compañía de sus amigos, que hubiera pagado por un poco de amistad, pero se retiraba de ellos creyendo que lo rechazaban, aunque quizá sí lo aceptaban. Cuando miles de años después se quitó la venda de los ojos, tuvo que revisar toda su vida, persona por persona, para darse cuenta con terror, que la mayoría de aquellos de los que él anheló su compañía, quizá siempre fueron sus amigos y nunca su habían ido, sino que él se retiraba de ellos creyendo que lo rechazaban, aunque se fuera llorando en su interior por haberlos perdido. 

Y ese es el caso contigo, bonita. No encuentro palabras para decirte el tamaña de mi amistad por ti. Quizá te lo puedo explicar, diciendo que antes de conocerte, viví en la oscuridad y que todas las imágenes que recuerdo de mi pasado, son en blanco y negro; pero cuando te conocí, salió el sol. La época más luminosa de mi vida, fue cuando platicábamos juntos, cuando fuimos amigos. Pero fue un momento fugaz que duró lo que la chispa. De pronto se acabó el día y los colores, y viví miles de años en tinieblas soñando con volverte a ver. Eso era como para volverse loco. ¡Después de conocer la luz, regresar a la oscuridad, es insoportable! Pero, ¿sabes qué me sostenía?, la esperanza de que sólo fue un malentendido por hoy, pero mañana te encontraría sonriente y seguiríamos siendo hermanos por el resto de la vida… Y esa esperanza me duró cuatro mil años. 

¿Y qué fue lo que pasó con nuestra amistad? Nunca lo supe. Sólo sé que se apagó la luz, un día que tú dijiste una palabra bien dicha, que yo en mi locura interpreté como un rechazo. Como yo creía que todos me rechazaban, simplemente me pareció muy natural que me hubieras mandado al cuerno; y no me sentía con méritos. suficientes como para insistirte. Y así esperé una eternidad con la esperanza puesta en que un buen día volverías. Lo veía con mi propia filosofía; como que hasta lo entendía: ¿cómo pretender que alguien tan grandioso me aceptara, si ni siquiera mis amigos o familiares podían hacerlo? 

¿Qué podía hacer? Sólo esconderme e irme lejos en cuanto pudiera; muy lejos, lo más lejos que pudiera llegar: a dónde nadie me ubicara y volver a empezar de cero. Suponía que donde nadie me conociera, nadie me rechazaría. Y así anduve huyendo de mí mismo, por los siglos de los siglos amén. 

Y es el caso que miles de años después, me doy cuenta que sí tenía amigos. Supe que Godínez preguntó por mí, y que, a su instancia, Guille y Bugi indagaron mi paradero y me llamaron; ¡habías de ver el gusto que me dio! Luego llamé a nuestra compañera Esperanza para pedirle un favor, ella me atendió con gran amabilidad y al recordar nuestra época estudiantil, me explicó que yo tenía la tendencia a retirarme de los amigos. Luego, Cristina me ayudó con su noble amistad y me hizo sentir que en ella tenía una verdadera amiga. Todo eso me puso a pensar y pensar. Llegué a la conclusión, de que, si alguna vez hubo un problema, ese estaba en mí y no en los demás; y me pregunté ¿Entonces no estoy muerto en vida? ¿Si puedo tener amigos? Eso me despertó y me llevó a preguntarme por la posibilidad de si en el transcurso del tiempo, alguien más me había aceptado como persona y yo no lo había advertido. Repasé mi lista de amigos que creía que me habían evitado, reflexioné las anécdotas del recuerdo y me di cuenta de que quizá ellos nunca lo hicieron así conmigo. 

Y me pregunté... y pensé... y me dije: ¿y si de casualidad... sólo por casualidad... si hubiera la posibilidad de que mi niña no me hubiera rechazado? No lo vas a creer bonita, pero el mundo se detuvo. El mismo universo dejó de respirar. ¿Te imaginas la eventualidad de que la persona con la que siempre soñé, me hubiera aceptado? De sólo suponer que existía la posibilidad de que tú no me hubieras rechazado en aquel tiempo, mi vida cambió. ¡Ni los ángeles se lo podían creer! ¡Sané de tantas cosas...! Pensar que pudiera verte de nuevo, de frente y volver a ser amigos me alegró sobremanera. Quise comunicarme contigo y con todos mis amigos de nuevo. Regresé a lugares a los que jamás pensé poder volver a pisar. Volví a sonreír como cuando te conocí. El mundo se empezó a componer. 

Hasta este punto yo no sé lo que tú piensas de este tema. Sólo que me dije a mi mismo: si ella me consideró en algún momento como su amigo, si ella nunca pensó en rechazarme, si fui yo el que me retiré de su amistad: ¡Qué bruto! No existe palabra para decirme a mi mismo lo que merezco, si ese fue el caso. La sola posibilidad de que yo hubiera lastimado a la persona que más quería, hace que me jale los pelos. No lo puedo concebir. Jamás te hubiera querido lastimar ni de la forma más mínima. No, no, no. No me lo puedo imaginar; pero, sin embargo, me queda la duda, porque existe esa posibilidad. 

Pienso en ti como una hermana muy estimada, a la que por muchos años dejé de ver; y siento un gozo muy grande por la posibilidad de poder saludarte de nuevo. Te respeto a ti y a tu familia y jamás haría nada que te dañe a ti o a los tuyos, o que les cause algún inconveniente. Prefería sumergirme otros mil años en la oscuridad de nuevo, antes que causarte otro dolor. Si un día se pudiera, me gustaría pedirte mis disculpas de manera personal, y si las aceptas, considerarnos en el futuro como hermanos; pero si existe la posibilidad de que eso te cause algún malentendido con tu actual familia, dejemos el asunto en este punto y no volveré a insistir, y sólo te pido que algún día aceptes mis disculpas, expresadas por este medio. Si aquí en el mundo no es posible, cuando nos veamos en el cielo, continuaremos platicando esta cuestión; confío en que allá sí me sabré explicar adecuadamente. 

Atte: 
Tu contrito asesino 
Javier Contreras

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Mayo 2022