domingo, abril 10, 2022

Una fila de hormigas

Veo una fila de hormigas. Cada una sigue la huella de olor de la anterior y ésta, de la que la precedió y así sucesivamente. En algunas partes, la línea es recta, pero en otras, la línea hace curvas inexplicables. Y es que las hormigas no tienen la vista fija en su meta, en la planta a la que van, sino en seguir a la que va delante de ellas, por lo tanto, cometen el mismo error que comete la que las guía. Jesús se refería a esto como “un ciego guiando a otro ciego” y la consecuencia lógica es que los dos caen en un pozo, o dan vueltas innecesarias y tardan mucho en llegar a su objetivo. 

Muchas religiones son así, con la intención explícita de guiar a los demás, les enseñan a seguir fielmente al líder, sin voltear a ver la meta; y entonces las personas como llevan la vista fija en el líder, cometen los mismos errores que él. Deberían de tener la vista fija en la meta, que en este caso es Dios; pero esos líderes, con la intención de evitar que “su rebaño” se extravíe, le enseñan que, para ver “bien” a Dios, deben de hacerlo a través de la opinión del líder, y que deben de interpretar los textos sagrados como lo hace el líder… y entonces su criterio, en vez de tener la amplitud de la sabiduría divina, tiene la limitación característica de la condición humana de su líder. 

 Muchas veces la intención de los líderes es buena. Tratan de evitar que la gente se complique o se pierda o caiga en las garras de embusteros que se disfrazan de personas bien intencionadas; por eso a veces les dicen, que no le den vueltas al asunto, que se centren en seguir al líder, que den por buenas las intenciones de él, que lo sigan sólo a él y no a ningún otro; que repitan sus frases, que opinen como él, y que rechacen a los que son de grupos diferentes. Y sí, muchas veces, las intenciones son buenas. Pero esto se parece a la andadera con la que una mamá enseña a andar a un bebé. La mamá quiere que el niño esté en la andadera Jesús, cuando se hable de tú con Él, ya el cultivo de una religión será algo opcional, porque si bien, el hombre necesita ser parte de una comunidad de creyentes, es decir: de una iglesia, para tener su guía y respaldo; ser o no parte de ella, será algo que, si las circunstancias le dicen que conviene hacerlo, lo haga; y si el Santo Espíritu de Dios le dice que trabaje en ámbitos ajenos a las religiones, entonces actúe en consecuencia… porque ya no se guiará por los criterios humanos de los lideres religiosos, sino que seguirá la guía suprema que le marca su Dios. 

 »Este es el pacto que haré con el pueblo de Israel después de esos días, dice el SEÑOR: Pondré mi ley dentro de ellos y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya nadie tendrá que enseñar a sus amigos y familiares a conocer al SEÑOR, pues todos me conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande. Perdonaré sus faltas y me olvidaré de sus pecados. 

 Es la decisión del SEÑOR». Jeremías 31:33-34 

 Si les enseñaran a ver hacia la meta, a buscar la verdad; donde el líder de las hormigas diera vueltas innecesarias, ellos caminarían derecho, no cometerían los errores propios de la humanidad del líder. Pero no; se les enseñó a seguir la lámpara del que iba delante de ellos, no a guiarse por la luz de una estrella. Si su guía fuera la luz de una estrella, su senda sería recta hasta la meta, pero como siguen la opinión del ciego que va delante de ellos, entonces dan vueltas y vueltas (como le sucede a él) y se quedan siempre donde mismo; y se preguntan: ¿Por qué estamos como estamos?, ¿Por qué no avanzamos? 

Esto es como si hubiera mucha gente a la orilla de un lago, con su caña de pescar guardada y esperando a que el líder pesque algo para poder comer todos. Los líderes religiosos deberían enseñar a la gente a pescar por sí mismos, no a para que no se caiga, y está en lo correcto al pensar así, eso es lo mejor que puede hacer… cuando el bebé está aprendiendo a caminar… pero una mamá normal, entiende que la andadera es útil sólo mientras el bebé aprende a caminar, después de esto, la andadera, más que ayudar, estorba. Por eso las personas deberían ser parte de una religión, sólo un tiempo, sólo el tiempo necesario para aprender caminar por sí mismos en el campo espiritual, sólo el tiempo estrictamente necesario para aprender a buscar por sí mismos la verdad en las Santas Escrituras, sólo el tiempo necesario para aprender a relacionarse personalmente con Dios. Después de esto, cuando la persona sea un amigo de estar dependiendo de ellos. Un niño espera a que su mamá le dé de comer, y espera jugando; no preocupándose por preparar la comida. Un niño espiritual, espera que su líder escarbe en las santas escrituras, y que le diga qué hacer. Un adulto se hace cargo de buscar su propia comida y la de su familia; un adulto espiritual, busca por sí mismo, la información que necesita, en las Santas Palabras. Un niño se distrae jugando y no piensa en la comida hasta que el hambre lo presiona; un niño espiritual no se preocupa de investigar la voluntad de Dios en su vida, hasta que tiene un problema grave, y entonces grita: Dios mío, ¿por qué a mí? 

A veces pareciera que algunos líderes religiosos, están más preocupados en que la gente no busque a Dios en otros grupos religiosos, aunque corran el riesgo de no encontrarlo, a que lo encuentren en otra parte, que no sea de su grupo político; porque están muy seguros de que sólo ellos tienen la interpretación correcta de la palabra de Dios, y esa seguridad es el problema: los que mataron a Cristo en la cruz, eran muy conocedores de la palabra de Dios, demasiados conocedores: la podían recitar de memoria; tan seguros que de sabían lo que hacían, que vino el Dios que ellos estaban esperando y no sólo no lo reconocieron, sino que lo mataron… y de la peor manera posible. 

 Algunos líderes religiosos están tan seguros de estar en lo correcto, no porque hayan platicado con Dios, sino porque han seguido fielmente a la hormiga que va delante de ellos, y saben que esta siguió fielmente a la superior, y etc., que no se preocupan de preguntarse, qué opina Dios de todo eso… simplemente creen que Dios está de acuerdo con ellos… porque así lo han dicho siempre, porque no los enseñaron a pensar por sí mismos, porque prefieren no pensar… y no le preguntan a Él su opinión. 

Algunas personas son más religiosas que cristianas; es decir toman más en cuenta las costumbres y tradiciones de su grupo religioso, que las indicaciones de Jesucristo, y creen que están bien, porque obedecen lo que les dicen sus superiores dentro de su gerarquía religiosa… y tal vez hagan bien… o tal vez no. Algunas personas están tán metidas en sus ritos, en sus costumbres, que dan por sentado que así es como lo quiere Dios, y están tan seguras, que no se preocupan voltear a ver a Cristo y preguntarle qué opina de lo que hacen; o revisar en la Santa Biblia si lo que hacen concuerda o no con las indicaciones que Él dejó por escrito… y tomarlo como ejemplo de vida, como modelo de vida. Pero creen que están bien porque van mucho a su iglesia, o se reúnen mucho con personas de ese ambiente: la pregunta es: ¿cuándo se reúnen con sus amigos, también se reúnen con Jesús? Cuándo se reúnen en su iglesia: ¿se aseguran personalmente de que Jesús haya sido invitado a la reunión, de que sea el principal orador? 

Las religiones son así, son ideologías: el primer requisito para estar en ellas es no pensar. Las personas que viven en las ideologías, tienen definido de antemano lo que es bueno y lo que es malo. De antemano, es decir antes de verlo. No ocupan ver y conocer para poder definir si algo es bueno o malo; les basta con saber que si lo dijo su líder, entonces es bueno; si lo dijo alguien del partido contrario o de otro grupo religioso distinto al de ellos, entonces tiene que ser malo. Esto es tan absurdo como si alguien dijera que la comida que la van a dar mañana, no le va a gustar; y le preguntan, ¿qué van a cocinar mañana? y él respondiera que no tiene idea, pero ya sabe que lo que preparen mañana, eso no le va a gustar. Eso son las ideologías: verdades previas que se toman como buenas o mala, sin darse oportunidad de analizarlas… sin querer analizarlas… sin querer llegar a la Verdad…sin querer que la Verdad triunfe. 

 Muchos grupos políticos son como religiones, y muchas religiones son como partidos políticos. Hay mucho de política en las religiones y mucho de ideología en algunos partidos políticos. Como diciendo de antemano: yo y los que piensan como yo, estamos bien; y todos los que son de grupos o partidos diferentes, son los malos de la película; independientemente de lo que hagan o digan… y así lo exigen a sus partidarios: lealtad a la verdad previa del grupo, justificación de cualquier tontería que cometan los nuestros, sólo porque son de los nuestros; y condena previa y total a lo que digan o puedan llegar a decir los contrarios, sólo porque son de un partido diferente o no incondicional del nuestro. 

Para ser partidario de una ideología, hay que renunciar a la Verdad. Hay que fingir que no se ve: afirmar que no existe. Condicionar a la Verdad a que sea afina nuestras ideas, que sea de nuestro grupo político, para poderla aceptar. Para formar parte de las religiones, hay que partir del supuesto de que ese grupo conoce a Dios mejor que cualquier otro y condicionar a la Verdad a que se ajuste a nuestra opinión previa, a que “piense” como nosotros, so pena de negarla y reducirla a un asunto relativo a otra “secta”. Aquí la pregunta obligada es: cuando alguien se niega a ver la Verdad, por evidente que sea, ¿a qué está renunciando? Cuando alguien defiende su “verdad” con mentiras, por hacerla que triunfe, aun a costa de la Verdad, ¿en qué se está metiendo?

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Mayo 2022