sábado, junio 04, 2022

Corredor Interoceánico

 México es un país que tiene mucha producción y eso le beneficiará, explicó la economista Silvia Marucci. | Liliana Padilla México quiere ir por su pedazo de mercado interoceánico. Esto, pese a que tiene enfrente a un mastodonte: el Canal de Panamá, por donde cruzan a diario unos 30 buques, lo que al año significa el 6 por ciento del comercio marítimo mundial, equivalente a ganancias de 3 mil millones de dólares anuales. 
Pese a todo y pese a la competencia de la vía panameña, al Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec se le prepara no sólo para ser un complemento del Canal; también para desfogar el mercado marítimo y crear uno propio que beneficie a algunos de los estados más pobres de México. Aunque pide tener en mente que el tamaño de las dos operaciones es muy diferente, la economista Silvia Marucci, quien desde 1995 trabaja en la administración del Canal de Panamá y hoy es gerente de Análisis de Mercado, reconoce que México tiene una ventaja frente al corredor centroamericano: la distribución de carga interna. “A diferencia de Panamá, que es una economía de servicios, México es un país que tiene mucha producción y eso le beneficiará”. —¿Prevén algún tipo de competencia? —Es que no se pueden comparar. 
En el Istmo usarán tren y un medio terrestre nunca competirá con la economía a gran escala que ofrece el Canal al comercio mundial. Mientras un buque transporta 15 mil contenedores, un ferrocarril puede llevar 2 mil. El Corredor no es un reemplazo ni una competencia para el Canal, pero sí es un complemento. Es parte del desarrollo logístico que cada país necesita. Rafael Marín Mollinedo, encargado del Corredor Interoceánico, ha dicho que el desfogue es el atractivo del Istmo. “El problema del Canal es que está saturado, al igual que otros puertos como Long Beach y Prince Rupert. Nuestro atractivo es establecer 10 parques industriales”, sostiene. México, la economía 15 en el mundo, ocupa el lugar 12 con más exportaciones, pero además es el principal socio comercial de Estados Unidos y con el corredor se estará a tres días de navegación de la costa este de Estados Unidos y de la costa del golfo, lo cual incrementará la relación comercial, destaca Marín Mollinedo. 
Debido a la pandemia se han incrementado los costos de los fletes marítimos de Asia a Estados Unidos en casi diez veces, por lo que el proyecto del Corredor Interoceánico será una plataforma logística que impulsará la conectividad de Norteamérica con Sudamérica, Asia y Europa, al mismo tiempo establecerá condiciones para detonar la inversión privada. En el trazo de los 309 kilómetros de vías férreas del Corredor —las cuales se construye de Salina Cruz, Oaxaca, a Coatzacoalcos, Veracruz— se permitirá el cruce de petróleo a través de ductos, contenedores y graneleros, y se estima que el tiempo de cruce se reduzca de siete a cuatro horas. 
El Canal de Panamá ha sido, desde 1914, la fuente de riqueza para ese país: lo ha convertido en la potencia económica de Centroamérica. Aún cuando no es comparable, la idea del gobierno mexicano, en el Istmo de Tehuantepec, es la de detonar la economía local de manera similar mediante una intervención radical basada en el comercio interoceánico, una que eleve el nivel de vida de sus habitantes, desde Veracruz a Oaxaca como sucedió con los panameños. Por el canal panameño y sus tres juegos de esclusas cruzan portacontenedores, buques de gas natural licuado y petróleo, graneleros, portavehículos y hasta cruceros. 
 Por el corredor interoceánico cruzarán ductos de petróleo y por las vías férreas, contenedores con granos, además de contenedores que facilitarán importaciones y exportaciones, por eso ambas serán un complemento y no competirán entre sí por el comercio marítimo mundial. “No lo vemos como algo que va a ser un reemplazo o una competencia para el Canal, sino más bien un complemento. Es parte del desarrollo logístico que cada país necesita y que yo, en particular, lo veo como algo ventajoso para México en términos de la distribución de carga que va a poder hacer internamente. Porque, a diferencia de Panamá, México es un país que tiene mucha producción. Panamá es una economía más de servicios que de producción de todo tipo, y nosotros somos un país de paso”, destaca Marucci. 
Esa intervención radical, como se le ve en Palacio Nacional, pasa desde la reparación de vías férreas y la construcción de muelles en los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos, además de infraestructura básica y desarrollo social. Por eso, el proyecto, que espera ser concluido en 2023, intenta ser la panacea para el comercio internacional mexicano. “Hay mucho analfabetismo, inseguridad y miedo”, dice José Manuel Urreta, presidente de la Asociación Nacional de Consejos Empresariales Regionales, quien, no obstante, cree que el corredor será un detonante económico para el Istmo. —Hay quienes comparan el Corredor con el Canal de Panamá— —No, no tienen comparación, son naturalezas totalmente diferentes. 
El Corredor tendrá dos puertos de carga y descarga de mercancías, que podrán transitar al Pacífico y llegar al mercado asiático; o transitar al Golfo e impactar no sólo a Estados Unidos, también a los mercados europeos—. Para Urreta, “lo más importante es garantizar la certidumbre jurídica para los inversionistas, pero también garantizar el Estado de Derecho en una zona, no sólo marginada, también afectada por el crimen. De otra manera, ¿Cómo vamos a lograr que empresas nacionales y extranjeras nos tengan confianza?”. 
Para esa certeza jurídica, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano interviene también en el mega proyecto. Como lo hizo con el Aeropuerto Felipe Ángeles o el Tren Maya, aquí realiza una inversión de 2 mil 400 millones de pesos para programas de reordenamiento, vivienda, empleo y recuperación de espacios públicos. Román Mayer, secretario de Desarrollo Urbano y Territorial, cuenta que el Canal de Panamá, por donde transitan alrededor de 280 millones de toneladas de carga al año, se encamina hacia su saturación. “El Corredor ayudará a despejar parte del tráfico marítimo, pero su potencial no se verá hasta dentro de tres décadas, por lo menos. Había que empezar en algún momento y este momento es con este gobierno”, dice. El Corredor Interoceánico fue una promesa de campaña de López Obrador: no sólo llevar a México a la competencia por el comercio marítimo; también detonar la economía regional en una zona que ha sido marginada históricamente. 
 A través de una vía de 309 kilómetros y 10 polígonos de desarrollo e innovación, ubicados en Oaxaca y Veracruz, el Corredor conectará a los océanos Atlántico y Pacífico, un sueño desde la época del porfiriato. Habían pasado más de 100 años, 28 presidentes y decenas de proyectos fallidos. El proyecto contempla la rehabilitación de las vías férreas, con una inversión de más de 3 mil 900 millones de pesos.

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